El ex presidente se reunió con Ricardo Lorenzetti y le propuso armar una mayoría con Rosenkrantz para disputar el control del máximo tribunal. La jugada apunta a debilitar a Milei en medio de tensiones en Comodoro Py y la Corte. De fondo: poder judicial, internas empresarias y la pelea por el 2027.
La pelea por el poder en la Argentina ya no se juega solo en el Congreso ni en la economía. También se cocina —y fuerte— en la Corte Suprema.
En ese tablero, Mauricio Macri volvió a mover. Esta vez, con una reunión con Ricardo Lorenzetti en la que, según fuentes políticas, se habló sin rodeos de cómo armar una mayoría en el máximo tribunal que marque distancia —y eventualmente choque— con el gobierno de Javier Milei.
La propuesta no fue menor. Macri planteó construir un eje entre Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz para disputar el control de la Corte, hoy en manos de Horacio Rosatti. Incluso deslizó una idea concreta: alternar la presidencia del tribunal entre ambos, un año cada uno.
No es solo una cuestión de nombres.
Es poder.
Porque quien controla la Corte no solo ordena la agenda judicial. También define tiempos, fallos clave y, en momentos de crisis política, puede convertirse en un actor decisivo.
La movida de Macri no aparece en el vacío. Llega en un momento de tensión creciente entre el Gobierno y sectores del sistema judicial, especialmente en Comodoro Py, donde avanzan causas sensibles que incomodan a la Casa Rosada.
Y también en medio de un reordenamiento interno.
La llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia —impulsada por Karina Milei— no cayó bien en todos los sectores judiciales. En particular, en el entorno de Lorenzetti, que tenía otros nombres en carpeta. Ese gesto terminó de romper equilibrios que venían tensos.
En paralelo, dentro de la Corte también se movieron piezas. La histórica sintonía entre Rosatti y Rosenkrantz empezó a mostrar fisuras, mientras Lorenzetti volvió a posicionarse como jugador central en la disputa por el control del tribunal.
Ahí es donde entra Macri.
El ex presidente intenta rearmar volumen político en un escenario donde ya no domina el tablero como antes. Su estrategia incluye disputar el liderazgo de la derecha “ordenada” frente a Milei, con la mira puesta en 2027. Y en esa construcción, la Justicia aparece como un factor clave.
No porque vaya a definir elecciones, pero sí porque puede condicionar gobiernos.
Fallos sobre reformas, causas de corrupción o decisiones institucionales pueden cambiar el clima político en cuestión de semanas. Macri lo sabe. Y por eso juega.
Del otro lado, el Gobierno también.
La Casa Rosada viene avanzando en su propia estrategia judicial, con movimientos en el Ministerio de Justicia y vínculos cada vez más activos con determinados sectores del poder judicial.
El resultado es una interna abierta.
No declarada, pero evidente.
Donde se cruzan jueces, empresarios, dirigentes políticos y operadores. Donde cada movimiento tiene más de una lectura. Y donde la Corte, lejos de ser un árbitro neutral, vuelve a ser un espacio de disputa.
En ese contexto, la reunión entre Macri y Lorenzetti no es un dato más.
Es una señal.
De que la pelea ya empezó.
Y de que, esta vez, no se va a limitar a la política.



























