El capitán de la Selección Argentina y figura del Inter Miami visitó este jueves la Casa Blanca junto al plantel campeón de la MLS 2025. La foto con Donald Trump, en medio de la escalada bélica en Medio Oriente y la ola de violencia contra inmigrantes, no fue un acto inocente. Mientras el presidente celebraba haber «destruido la capacidad de misiles de Irán», el astro argentino posaba para las cámaras en el Salón Este. La tradición deportiva se cruzó con la geopolítica. Y la imagen quedó para la historia.
LA TRADICIÓN QUE LLEVÓ A MESSI A LA CASA BLANCA
Es una postal clásica en Estados Unidos: cada año, los equipos campeones de las grandes ligas visitan la Casa Blanca para ser homenajeados por el presidente de turno. Una tradición que se repite sin falta, más allá del partido político que ocupe el Despacho Oval .
Este jueves 5 de marzo, el turno fue para el Inter Miami, flamante campeón de la Major League Soccer (MLS) tras vencer 3-1 a Vancouver Whitecaps en diciembre pasado, con dos asistencias de Lionel Messi y un gol de Rodrigo De Paul . La delegación del club de Florida llegó a Washington en la previa del partido del sábado contra el DC United .
David Beckham, uno de los propietarios del club, no estuvo presente. Se encontraba en Europa acompañando a su esposa Victoria en el desfile de moda de París, según informaron fuentes oficiales . Pero el plantel completo sí dijo presente. Y con él, Lionel Messi, que pisó por primera vez la residencia presidencial .
No era la primera invitación del 10 argentino a la Casa Blanca. En enero de 2025, durante los últimos días de la administración de Joe Biden, Messi había sido distinguido con la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil de Estados Unidos, por su trayectoria deportiva, su compromiso filantrópico a través de la Fundación Leo Messi y su rol como embajador de Buena Voluntad de UNICEF . Fue el primer argentino y el primer futbolista varón en recibir ese reconocimiento . Pero aquella vez no pudo asistir. «Compromisos ineludibles», dijeron desde su entorno .
Esta vez, la agenda se alineó.
EL ENCUENTRO QUE NO FUE INOCENTE
El Salón Este de la Casa Blanca se vistió de fútbol. Messi, con el característico traje del plantel, ingresó junto a sus compañeros y compartió la tarima con Donald Trump. Las cámaras registraron el saludo, la sonrisa del presidente, la pose del astro .
Pero el contexto no era el de una simple celebración deportiva.
Afuera, en el mundo, la escalada bélica en Medio Oriente no da tregua. Estados Unidos e Israel acaban de lanzar una ofensiva contra Irán que dejó más de mil muertos, entre ellos el líder supremo Alí Jamenei. Los misiles cruzan el Golfo y las bases estadounidenses en Qatar, Bahrein y Emiratos Árabes han sido atacadas.
Trump, fiel a su estilo, no desperdició la oportunidad para mezclar deporte y política. Durante el acto, el presidente aseguró que «las fuerzas de Estados Unidos destruyeron la capacidad de misiles de Irán. Desapareció su Fuerza Naval en tres días». Y agregó, entre risas: «Estados Unidos no tuvo opción. Si no los atacábamos, iban a atacar ellos».
También se refirió a Venezuela, otro de sus blancos recurrentes: «Estoy usando las Fuerzas Armadas más de lo que me gustaría, pero cuando lo usamos, funciona como en Venezuela».
Messi escuchaba. O al menos estaba ahí, de pie, mientras el presidente combinaba la foto con el equipo campeón con declaraciones de guerra.
EL CONTRASTE CON LOS SEAHAWKS
La imagen del Inter Miami en la Casa Blanca tuvo un contraste incómodo: hace apenas unas semanas, los Seattle Seahawks, campeones de la NFL, rechazaron la invitación de Trump a la Casa Blanca. El motivo: la ola de violencia contra inmigrantes desatada en el país y las políticas migratorias del gobierno libertario.
El equipo de fútbol americano prefirió no posar junto al presidente. El Inter Miami, en cambio, sí fue. Y Messi estuvo ahí.
JORGE MAS, EL HOMBRE DETRÁS DEL ENCUENTRO
Detrás de esta foto hubo un operador clave: Jorge Mas Santos, principal accionista y CEO del Inter Miami. Mas no es solo un empresario del fútbol. Es una figura central en la comunidad cubana en el exilio, con una larga tradición de lucha política contra el régimen comunista de la isla. Su influencia trasciende el deporte y se enmarca en una red de poder que conecta Florida, Washington y la derecha internacional.
Que Mas haya facilitado este encuentro no es un dato menor. En un momento donde el gobierno de Trump endurece el bloqueo a Cuba y agita el fantasma de una intervención en la isla, la foto de Messi junto al presidente también puede leerse como un gesto político del dueño del club.
EL SIMBOLISMO DE LA FOTO
Messi no habla de política. Nunca lo hizo. Pero la política habla de él. La imagen del astro argentino junto a Donald Trump recorrió el mundo. En un día donde el presidente anunciaba con bombos y platillos la destrucción de la capacidad militar de Irán, el futbolista más famoso del planeta posaba a su lado.
Algunos dirán que es solo tradición, que los equipos campeones van a la Casa Blanca y listo. Otros recordarán que Messi ya había sido invitado por Biden y no fue, que esta vez sí pudo, que el sábado juega en Washington y la logística ayudó.
Pero la imagen queda. Y en política, las imágenes pesan más que las explicaciones.
Mientras tanto, en la Casa Blanca, Trump volvió a preguntar, como ya es costumbre: «¿Quién es mejor: Messi o Pelé?». El presidente, que suele usar el deporte para conectar con las masas, parece no tener claro que esa discusión, para los argentinos, está saldada hace rato.
El Inter Miami volvió a sus concentraciones. Messi se enfoca en el partido del sábado. Pero la foto de este jueves ya forma parte de la historia: fútbol, poder y diplomacia blanda en tiempos de guerra.



























