El presidente Javier Milei, el mismo que juró poner la motosierra al gasto público y que no hay plata, se tomará el tiempo el 9 de junio para subirse a un escenario en Señor Tango y cantarle «La flor más bella» a su expareja Fátima Florez mientras ella desfila con un vestido que todavía no sabe si será blanco, rojo o negro.
Roberto Piazza, el organizador, lo confirmó: «Javier Milei va a cantar el blues ‘La flor más bella’ y eso sí es seguro porque ya lo empezamos a ensayar». El evento es para donaciones contra el abuso infantil, muy lindo todo. Pero mientras Milei ensaya, la industria cayó 3,9%, el desempleo subió al 7,5%, los docentes universitarios perdieron 36% de su poder adquisitivo, casi mil renunciaron en la UTN, la obra social de los profesores está en bancarrota, los jubilados vieron caer sus haberes 14% real y el 53% de los argentinos quiere un cambio de gobierno. El presidente, en cambio, parece más preocupado por el color del vestido de su ex que por la agenda del país. La ironía es tan grande que duele: el tipo que dijo que «la casta son los políticos que viven del Estado» usa el tiempo oficial para preparar un recital de blues.
El anuncio lo hizo Roberto Piazza, el modisto de la farándula, con la naturalidad de quien habla del clima: «Javier Milei, el presidente, va a cantar el blues ‘La flor más bella’ y eso sí es seguro porque ya lo empezamos a ensayar». La cita será el 9 de junio a las 21:00 en Señor Tango, el histórico local de la calle Balvanera. El evento es para recolectar donaciones para la entidad de Piazza enfocada en la lucha contra el abuso infantil. Todo muy loable.
Milei le cantará a Fátima Florez, su expareja, mientras ella desfila con un vestido que el diseñador todavía no termina de definir. «Si va de blanco o si va de rojo o si va de negro, no te lo puedo decir todavía porque estamos hablando con Fátima», explicó Piazza. También reveló que le consultó al presidente si deseaba verla «vestida de novia», ante lo cual Milei respondió: «Esas son cosas de mujeres, hablalo vos con ella».
Piazza también aportó detalles del despliegue: «200 vestidos, con 50 maniquíes, bailarinas del Teatro Colón y las dos líricas del mismo coliseo, Rocío Arbizu y Mirta Arrua Lichi, además de bailarines de tango y tres mil invitados». Todo un numerito.

El contraste que escuece
Milei ensaya. Y mientras ensaya, los números del país siguen su curso. La industria cayó 3,9% en diciembre. El comercio se contrajo 1,3%. El desempleo subió al 7,5%, el nivel más alto desde la pandemia. Los docentes universitarios perdieron 36% de su poder adquisitivo, casi mil renunciaron en la UTN, la obra social de los profesores está en bancarrota. Los jubilados vieron caer sus haberes 14% real, mientras la inflación no da tregua.
Una encuesta de CB Global Data reveló que el 53% de los argentinos quiere un cambio de gobierno. Milei apenas araña el 28,3% de intención de voto. Su imagen viene en caída libre y ya lo ubica en el puesto 11 entre los presidentes de América Latina.
Pero el presidente, en lugar de estar en la Rosada tratando de solucionar estos problemas, está en un camarín con Piazza y Fátima, decidiendo si el vestido será blanco, rojo o negro.

El blues de la discordia
«Quiero cantar ‘La flor más bella’, pero quiero cantarle a Fátima», le pidió Milei a Piazza, según recordó el diseñador en apariciones anteriores. La canción, un blues de la banda de rock Memphis La Blusera, es un clásico del cancionero popular argentino. Habla de amor, de deseo, de la mujer más linda del barrio. Nada que ver con la gestión pública.
Piazza, con humor, vaticinó entre risas: «Qué quilombo va a haber ahí». El problema, en todo caso, está afuera.

La doble vara del ajuste
Milei llegó al gobierno prometiendo poner la motosierra al gasto público, eliminar los privilegios de la casta, bajar los impuestos y ordenar la economía. Y en muchos aspectos lo hizo: despidió empleados públicos, recortó partidas, congeló salarios, ajustó jubilaciones. Pero cuando se trata de sus propias apariciones, parece haber una vara distinta.
El 9 de junio, el presidente se subirá a un escenario en Señor Tango, un lugar de la farándula porteña, con tres mil invitados, 50 maniquíes, bailarinas del Teatro Colón y dos líricas. Todo para cantarle un blues a su ex. El evento es benéfico, sí. Pero el costo de producción, el tiempo de organización, la logística, la presencia del jefe de Estado en un acto de la farándula mientras el país se desangra, no es gratis.
La pregunta que nadie responde
Milei dijo que «no hay plata». Que el ajuste es inevitable. Que los argentinos tienen que entender que el sacrificio es necesario. Y mientras tanto, él se prepara para su debut como cantante de blues, con el vestido de su ex como tema de conversación, mientras los docentes pierden 36% de su sueldo y los jubilados no llegan a fin de mes.
La pregunta que flota en el aire es incómoda: ¿cómo se explica que el presidente tenga tiempo para ensayar un blues, para discutir el color de un vestido, para armar un número artístico con uno de los modistos más famosos del país, mientras la agenda pública está repleta de problemas que no se resuelven con una canción?.
La respuesta, probablemente, es que Milei no se toma en serio su propio discurso. O que el discurso del ajuste es solo para los demás. O que, en el fondo, él es parte de la misma casta que dice combatir.
El blues del presidente ausente
El 9 de junio, en Señor Tango, Milei cantará «La flor más bella». Fátima desfilará con un vestido que todavía no sabe de qué color será. Piazza dirá que fue un éxito. La farándula aplaudirá. Los tres mil invitados se sacarán fotos.
Y mientras tanto, afuera, los problemas seguirán esperando. La industria, en caída. El empleo, en picada. Los docentes, en la vereda. Los jubilados, contando monedas. El 53% de los argentinos, queriendo un cambio.
Milei dijo que el show debe continuar. El problema es que él se cree que el show es su vida, y la Argentina, el escenario. Pero los escenarios, cuando se vacían, solo quedan vacíos.



























