El Presidente aseguró que dispone de USD 125.000 millones para enfrentar una eventual corrida cambiaria en 2027. Sumó exportaciones, swaps, financiamiento y contratos de dólar futuro. También dijo que los dólares le salen por las orejas. El Banco Central no confirmó semejante abundancia, pero ya estarían buscando un otorrinolaringólogo que acepte cobrar en pesos.
Javier Milei anunció que tiene 125.000 millones de dólares para enfrentar una corrida cambiaria el año que viene.
Una noticia maravillosa. Argentina pasó de pedirle dólares a Estados Unidos a tenerlos saliendo por las orejas del Presidente.
Si esto sigue así, Caputo va a tener que dejar de viajar a Washington y empezar a ordeñar a Milei.
El mandatario explicó que la cifra surge de exportaciones, acuerdos financieros, swaps con China y Estados Unidos y contratos de dólar futuro.
Es decir, juntó dólares que ingresan por el comercio, dólares prestados, dólares sujetos a acuerdos y operaciones que no equivalen a tener billetes disponibles.
Es como decir que sos millonario porque tenés un sueldo, dos tarjetas de crédito, un tío con plata y un Renault 12 publicado en Marketplace.
Milei también recordó que en 2025 habían reunido USD 70.000 millones para enfrentar la tensión cambiaria y que llegaron «con la lengua afuera».
Ahora asegura que tendrán 125.000 millones.
La economía argentina encontró finalmente su modelo de crecimiento: cada vez que el Presidente cuenta la plata que podría conseguir, el país se vuelve más rico.
El problema es que los swaps no son regalos de cumpleaños. Son acuerdos financieros con condiciones de utilización y devolución. Tampoco los contratos de dólar futuro constituyen una montaña de dólares esperando en una caja fuerte.
Pero el Gobierno tiene una ventaja competitiva: cuando las cuentas no cierran, les agrega una columna que dice «confianza».
Y listo.
Si el Excel sigue dando negativo, lo mandan a la Oficina de Respuesta Oficial para que denuncie que la calculadora es kirchnerista.
Milei destacó además el superávit energético y aseguró que el ingreso de divisas comerciales funciona como protección frente a las dificultades para conseguir financiamiento externo.
Es cierto que exportar más energía mejora la posición externa argentina. Pero que entren dólares por exportaciones no significa que todos terminen como reservas disponibles para intervenir en el mercado cambiario.
Vaca Muerta produce petróleo, gas y divisas. Lo que todavía no produce es el milagro de convertir cada factura de exportación en un billete dentro del bolsillo de Toto.
El Presidente también afirmó que el Gobierno ya consiguió financiamiento para afrontar USD 25.000 millones de vencimientos de deuda en 2027.
Los intereses, explicó, se pagan con el superávit primario.
El capital, en cambio, requiere pagos o refinanciaciones.
Argentina inventó la vida eterna de la deuda: cuando llega el vencimiento, no se muere; reencarna en otro préstamo.
Y mientras el Presidente anuncia semejante fortuna, los argentinos siguen mirando el precio del dólar con la misma tranquilidad que un paciente escucha al cirujano decir «esto nunca me pasó».
La pregunta económica es sencilla: ¿cuánto de esos USD 125.000 millones estará efectivamente disponible, en qué fechas, bajo qué condiciones y con qué costo?
Porque una línea de financiamiento no es una reserva propia. Una exportación futura no es un depósito realizado. Y un contrato de futuros no es una bolsa de dólares debajo del colchón.
Pero Milei está convencido de que el país llegará a 2027 preparado para cualquier corrida.
Lo único que falta es avisarle al mercado que, si quiere comprar dólares, primero tiene que esperar a que el Presidente termine de imaginarlos.
El Gobierno promete estabilidad, abundancia y una defensa cambiaria de dimensiones históricas.
Ojalá pueda demostrarlo con balances y disponibilidades verificables.
Porque, por ahora, los USD 125.000 millones se parecen bastante a la herencia de un pariente que todavía está vivo: todos hablan de repartirla, pero nadie sabe cuándo llega.
Milei dice que los dólares le salen por las orejas. Caputo asegura que está todo bajo control. Y los argentinos ya conocen el diagnóstico: cuando un Gobierno empieza a escuchar billetes donde no los hay, el que termina pagando el psiquiatra es el pueblo.



























