Florencia Arietto, la prócer «abogada tuitera» que hoy milita la mano dura ajena desde la calefacción central, tiene un currículum político más largo que la cola del supermercado Día. Fue kirchnerista, massista, bullrichista, larretista y ahora libertaria. Pero eso sí: ella no tiene corona, claro. La corona la tienen los periodistas a los que les meten gas pimienta.
El jueves 26 de febrero de 2026, alrededor de las 16 horas, mientras el Congreso de la Nación era escenario de una protesta contra la reforma de la Ley de Glaciares, la senadora provincial bonaerense Florencia Arietto (La Libertad Avanza) twitteó: «Excelente la Policía Federal». ¿El contexto?. La Federal metiéndole gas pimienta y empujones al camarógrafo Facundo Tedeschini, laburante de prensa, que cubría la protesta.
Tedeschini fue agredido y detenido frente al Congreso mientras hacía su trabajo. Pero según Arietto, la cana estuvo «excelente». «La ley se aplica para todos, nadie tiene coronita», completó la señora en otro tuit. El Sindicato de Prensa ya repudió la agresión. La senadora, mientras tanto, debe seguir twitteando desde la calidez de su hogar u oficina, con la misma liviandad con que los ricos bancan la baja de impuestos.
Uno se pregunta: ¿Florencia Arietto alguna vez laburó de algo que no sea vivir del Estado o de la política?, ¿Alguna vez tuvo que pararse abajo de la lluvia a cubrir una manifestación? ¿Alguna vez un cana la empujó contra una pared?. No, Florencia no. Florencia debe estar sentada en una oficina con calefacción, tomando un té, mirando desde arriba cómo los de abajo se cagan a palos. Y desde ahí, con la misma calidez humana que un freezer, suelta su veredicto: excelente. La argumentación de la senadora es digna de un cuadernillo de primera infancia: «La ley se aplica para todos, nadie tiene coronita». Mirá vos, Florencia. Nadie tiene coronita. Claro, por eso los canas le meten gas pimienta al periodista pero no entran a los despachos de los senadores a desalojarlos cuando se pasan 20 años choreando con contratos truchos. Por eso la policía es «excelente» cuando reprime, pero brilla por su ausencia cuando hay que cuidar los barrios pobres, salvo para allanar o matar pibes.
La susodicha dice que el camarógrafo estaba «contraviniendo una orden policial». ¿Y qué orden, Florencia?, ¿La orden de no filmar?, ¿La orden de no mirar?, ¿La orden de no ejercer la libertad de prensa?. Porque en este país, querida, los periodistas no tienen que pedir permiso para laburar. No es un favor que te hacen, es su laburo. Y si no te gusta que filmen cómo la policía se zarpa, el problema no es del que filma, es del que se zarpa. Pero claro, después vienen los mismos que bancan estas cosas a llorar como magdalenas cuando algún medio extranjero los trata de fascistas. «Ay, qué mala prensa tenemos». No, campeona, mala prensa no. Lo que tienen es una realidad que les estalla en la cara y periodistas que todavía, a pesar de los palos y el gas pimienta, salen a contarla.
Ahora hablemos de vos, Florencia, porque tu personaje lo merece. Abogada penalista de la UBA, arrancaste laburando con sobrevivientes de la dictadura, defendiendo trabajadores de Mercedes Benz perseguidos por la dictadura. Después saltaste a Proyecto Sur, ese espacio de Pino Solanas que denunciaba la contaminación. Luego pegaste el salto al kirchnerismo, donde fuiste panelista estrella del 6,7,8. Sí, la misma que hoy pide mandar al kirchnerismo a Alaska. En 2017 fuiste candidata a diputada nacional por 1País de Sergio Massa, y en ese momento cuestionaste a Patricia Bullrich por la desaparición de Santiago Maldonado. Hasta ahí, una coherencia: Maldonado era una desaparición forzada y había que denunciarlo. Pero entonces, en 2018, pasó lo que siempre pasa con los que no tienen ideología sino conveniencia: aceptaste la llamada de Bullrich para ser asesora del Ministerio de Seguridad. De denunciar a Bullrich por Maldonado a laburar para Bullrich en dos años. Un viaje redondo. Del PRO de Bullrich saltaste al PRO de Horacio Rodríguez Larreta, hiciste la dupla perfecta, militando las dos veredas del mismo patio. En 2023 fuiste electa senadora provincial por Juntos por el Cambio en la Tercera Sección Electoral, pero en marzo de 2024, como si fuera el premio mayor del kiosco político, pegaste el volantazo final y aterrizaste en La Libertad Avanza, integrándote al bloque libertario. Ocho partidos, Florencia. OCHO. Es más cambiante que el humor de un borracho. Y esta dirigente, que cambió de camiseta más veces que un trapito en la cancha, sale a decir que «nadie tiene coronita». Florencia, vos sos la prueba viviente de que hay gente que se cree con derecho a tener todas las coronitas, pero en diferentes partidos.
En abril de 2025, mientras polemizabas con Cristina Kirchner, twitteaste: «Lo mejor para vos es votar con la nacional para seguir usando al Conurbano como tu patio trasero, invadiéndolo con bandas de inmigrantes bolivianos y paraguayos». «Bandas de inmigrantes», dijiste. Los mismos inmigrantes que laburan 14 horas en talleres textiles, que construyen las casas de los ricos, que limpian las oficinas de los políticos. Esto, Florencia, se llama racismo de manual. Es el mismo discurso de siempre: echarle la culpa al que cruza la frontera para morfarse un plato de comida, mientras los que realmente se afanan el país lo hacen con traje, en offshores, con decretos y con cargos en el Banco Provincia. Asimismo, salen a decir que son “libertarios”, que defienden la “libertad”. ¿Libertad para quién? ¿Para los bolivianos y paraguayos que laburan 14 horas en un taller textil o en la construcción? ¿O libertad solo para los argentinos de cuarta generación con apellido compuesto? Habría que preguntarle a Florencia si alguna vez pisó un taller textil de Once manejado por redes de trata, donde las pibas bolivianas están esclavizadas. La que sí sabe de eso es Juliana Awada, pero eso te lo dejo de tarea. Pero no, seguro que no. Seguro ella cree que “vienen a usurpar”, cuando en realidad vienen a ser explotados por la misma clase que ella defiende.
En septiembre de 2024, Sergio Berni te cruzó en pleno recinto del Senado bonaerense y te dejó pintada: «Florencia Arietto tiene una ensalada de frutas en la cabeza. Todos nos acordamos cuando era rubia, panelista estrella de 6,7,8 y era Zafaronista. Ha pasado por más partidos políticos que los años que tiene de carrera». Duele, ¿no Florencia? Duele cuando te lo dicen en la cara, en el recinto, con todos los senadores escuchando. Duele más cuando no podés contestar porque la vicegobernadora te cierra el micrófono. Pero bueno, son gajes del oficio de ser «la abogada tuitera», como te llaman hasta tus propios compañeros. En diciembre de 2024, cuando se votó el endeudamiento de Kicillof por 3.650 millones de dólares, denunciaste que el PRO le había vendido el voto al kirchnerismo a cambio de cargos en el Banco Provincia. ¿Y cuál era el problema real? Que la vicepresidencia de la Cámara de Diputados le correspondía a La Libertad Avanza y se la dieron a otro. O sea: denunciás el negociado de cargos porque vos te quedaste sin el sillón. Si te lo hubieran dado a vos, ¿hubieras twitteado lo mismo? No hace falta que contestes, la respuesta la sabemos todos.
Florencia Arietto, como senadora provincial bonaerense, cobra un sueldo bruto de alrededor de 4.500.000 pesos mensuales según las últimas paritarias legislativas. A eso sumale dietas, viáticos y esos «gastos de representación» que nunca se sabe bien qué representan. Mientras tanto, el camarógrafo Facundo Tedeschini, laburante de prensa, si es que no está sin registrar y si está en relación de dependencia, debe andar cobrando unos 600.000 pesos por mes, si llega. Pero claro, ella no tiene corona. La corona la tienen los que cobran 600 lucas y encima reciben gas pimienta en la cara. La prócer libertaria presentó exactamente dos proyectos de ley en todo 2024 y lo que va de 2025, según el registro de la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires. Uno sobre «seguridad en eventos deportivos» y otro declarando de interés una jornada sobre «adicciones». Nada sobre derechos humanos, nada sobre trabajadores de prensa, nada sobre libertad de expresión. Para proyectos no está, para twittear represión está siempre. La susodicha tiene un récord de inasistencias del 35% en las sesiones ordinarias de 2025, según registros periodísticos y denuncias de empleados legislativos. Pero ojo, no falta por enfermedad: falta porque está haciendo «gestión territorial», que en criollo significa que anda dando vueltas por los medios o tecleando indignación selectiva. Cuando le preguntaron en una entrevista radial por qué faltaba tanto, dijo que «la política se hace en territorio, no en el recinto». Claro, Florencia, pero el territorio es donde están los que sufren la represión que vos aplaudís.
Ahora vamos a lo que dice la Constitución, esa que vos estudiastes en la UBA pero parece que la tenés archivada en el mismo cajón que la coherencia política. Artículo 14: «Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa». O sea, Florencia, publicar ideas por la prensa sin censura previa incluye cubrir una protesta sin que te metan gas pimienta en la cara. Pero además tenés el Artículo 75 inciso 22 que incorpora tratados internacionales con jerarquía constitucional. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Todos garantizan la libertad de expresión y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Es más, la Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene media docena de fallos que dicen que el trabajo de los periodistas en contextos de protesta social está protegido y que la policía no puede interferir. Pero a vos, Florencia, te chupa un huevo porque tenés fueros, tenés custodia, tenés un sueldo de 4 palos y medio y la policía no te va a meter gas pimienta ni en pedo. Vos twitteás «excelente» desde tu escritorio mientras Facundo Tedeschini se limpia la cara y se pregunta cómo es posible que una senadora de la provincia más grande del país festeje que le hayan pegado por laburar.
Porque la represión no es «excelente», Florencia. La represión es el fracaso del Estado. Cuando un Estado reprime trabajadores de prensa, lo que está diciendo es «no quiero que me miren, no quiero que me controlen, no quiero que muestren lo que hago». Y vos, con tu tuit, te pusiste del lado de los que no quieren ser vistos. Te pusiste del lado de los que meten gas pimienta en la cara de un laburante que lleva comida a su casa. Te olvidaste de cuando defendías derechos humanos, te olvidaste de cuando denunciabas desapariciones, te olvidaste de todo. Los mismos que bancan estas cosas son los que después lloran cuando los llaman fascistas. «Ay, qué mala prensa, qué mala imagen». No, genia del teclado, no es mala imagen. Es que aplaudir represión te pone automáticamente del lado de los hijos de puta de la historia. Del lado de los que siempre encontraron en la policía el brazo armado para mantener el orden que les conviene: el orden donde ellos twittean y los otros sangran.
Mientras tanto, Facundo Tedeschini, el camarógrafo al que metieron preso y le tiraron gas, va a llegar a su casa con los ojos rojos, la ropa quemada y la bronca de saber que una senadora provincial aplaude que le hayan pegado. Mañana va a volver a laburar, porque para eso es laburante, no senadora. Va a volver a filmar, a mostrar, a romperse el lomo para que la información llegue. Y Florencia Arietto va a volver a teclear desde su oficina. Porque escribir desde un sillón no duele, no requiere huevos, es gratis cuando lo hacés desde un lugar donde la policía no te va a tocar. La Constitución, Florencia, no es un twit. La ley no es un hashtag. Y la dignidad no se compra con fueros. El periodista al que le metieron gas hoy no tiene corona, es cierto. Pero tiene algo que vos, con todos tus partidos, todos tus tuits, todos tus proyectos berretas y todas tus inasistencias, jamás vas a tener: tiene la historia del lado correcto. Y tiene, sobre todo, un par de huevos bien puestos para bancarse la calle mientras vos descargás pavadas con tu orto atornillado a una silla en el Senado, pero eso sí, viva la liberta…. de cagarte a palos.



























