Demian Reidel, el asesor estrella de Javier Milei, quedó en el centro de un escándalo que combina gastos con tarjetas corporativas de Nucleoeléctrica, retiros de efectivo por más de 50 millones de pesos, una licitación con sobreprecios del 140% y la cancelación de deudas personales por 825 millones en 18 días. Todo ocurrió durante su gestión. Él lo niega. El sistema no permite saber quién gastó qué.
La frase que expone
Hay frases que no son un error sino una síntesis. El 22 de marzo de 2025, Demian Reidel expuso en el IEFA Latam Forum, en el hotel Four Seasons, frente a empresarios y fondos de inversión, sobre el potencial de Argentina para el desarrollo tecnológico. En ese contexto afirmó: “Obviamente, el problema es que estas áreas están pobladas de argentinos”. La frase generó incomodidad inmediata, críticas incluso dentro del propio ecosistema libertario y una posterior disculpa. Pero más allá de la retractación, dejó expuesta una mirada que resulta difícil de separar de lo que ocurrió durante su paso por Nucleoeléctrica Argentina.
La tarjeta corporativa
Mientras el gobierno construía su legitimidad sobre el ajuste, el recorte del Estado, los despidos y la caída del salario público, los registros contables de la empresa estatal encargada de operar las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse muestran una dinámica completamente distinta. El informe de 58 páginas que Manuel Adorni entregó al Congreso, a pedido de la diputada Florencia Carignano, documenta gastos correspondientes al período marzo de 2025 a febrero de 2026 que no guardan relación evidente con la operación nuclear.
La tarjeta corporativa registró 35 compras en el free shop de Ezeiza por un total de 4.425 dólares. A eso se suman consumos en cadenas como Primark, Decathlon y El Corte Inglés en Madrid, indumentaria en Adidas en Estambul y la India, y gastos similares en Alemania, Austria, Italia y Corea del Sur. Los alojamientos incluyen hoteles de alta gama en Suiza, Países Bajos, Singapur y Río de Janeiro. En Madrid se pagaron 2.079 dólares por noche en el hotel Vincci Capitol, sobre la Gran Vía, junto con 765 dólares en el “Pub El Pirata” y consumos en una peluquería local. El episodio más difícil de justificar aparece en la costa de Valencia, donde entre el 13 y el 14 de septiembre de 2025 se registraron trece pagos a la empresa “Mar y Sombra SL”, dedicada a servicios de playa. Todos estos consumos fueron realizados con fondos de una empresa estatal.
La defensa y el vacío
Ante la difusión del informe, Reidel no negó la existencia de los gastos, sino su autoría. Señaló que los datos corresponden a múltiples tarjetas corporativas y que no es posible atributar cada operación a una persona específica. Su defensa se apoya en una debilidad estructural del propio sistema: el informe no identifica responsables individuales. Ese punto es central, porque si no se puede determinar quién ejecutó los consumos, tampoco queda claro quién debía controlarlos.
El dinero sin destino claro
Los registros incluyen además retiros de efectivo por más de 50 millones de pesos, con varias operaciones realizadas en un mismo día, varias de ellas en dólares. El destino de esos fondos no está especificado. Se trata de dinero público retirado sin trazabilidad explícita dentro del informe, lo que abre un interrogante adicional sobre los mecanismos de control interno de la empresa.
La deuda que desapareció
A esto se suma otro elemento que excede el manejo de tarjetas. En febrero de 2026 se conoció que Reidel había cancelado deudas personales por 825 millones de pesos en un lapso de 18 días. Hasta semanas antes figuraba en el sistema financiero con un perfil de alto riesgo. La explicación oficial fue la venta de una participación en un emprendimiento inmobiliario, respaldada con documentación en la que los compradores aparecen identificados solo como «E, M y B», iniciales que no permiten identificar a las personas reales detrás de la operación. La operación no fue desmentida, pero tampoco completamente transparentada.
El sobreprecio
En paralelo, dentro de Nucleoeléctrica se detectaron irregularidades en una licitación para el servicio de limpieza. La empresa adjudicataria, Limpiolux, presentó un sobreprecio estimado en más del 140% respecto del contrato anterior. El proceso incluyó modificaciones en requisitos de admisibilidad, plazos reducidos y criterios técnicos que limitaron la competencia. Un gerente que advirtió estas irregularidades fue desplazado de su cargo, mientras que la conducción política de la empresa se mantuvo sin cambios hasta la salida de Reidel, que se produjo en medio de este contexto.
El problema real
Todo este conjunto de hechos ocurrió durante el período en el que Nucleoeléctrica operó bajo su órbita. No aparece firmando cada gasto ni ejecutando cada decisión, pero sí como responsable de la estructura que permitió que se registraran consumos sin identificación individual, retiros de efectivo sin trazabilidad clara y procesos de contratación cuestionados. Su salida de la empresa, en febrero, ya había estado atravesada por denuncias de sobreprecios, internas dentro del directorio y acusaciones cruzadas por el manejo de contrataciones.
El problema no se reduce a una compra en un free shop, a una noche de hotel o a un gasto en la playa. El problema es el contraste entre un discurso de austeridad aplicado hacia abajo y una administración de recursos públicos que muestra márgenes amplios de discrecionalidad en niveles de decisión más altos. La imposibilidad de identificar responsables individuales no reduce el problema, lo amplía, porque revela un sistema que permite que los hechos ocurran sin que nadie responda por ellos.
La vigencia del poder
Aunque dejó el directorio de Nucleoeléctrica, Reidel sigue siendo amigo personal de Milei. En marzo de 2026, ya reapareció en una reunión del Presidente con el embajador de Estados Unidos. La lógica es clara: te caés de un cargo, te levantás en otro. La «casta» que Milei prometió combatir no es una ideología. Es una red de contactos.
La frase de Reidel sobre los argentinos adquiere, en ese contexto, un significado distinto. No como un exabrupto aislado, sino como una señal de una forma de ver el país y de ejercer la función pública.
El gobierno llegó prometiendo terminar con la casta. Sin embargo, los mecanismos que permiten gastos sin control, deudas que se cancelan sin transparencia plena y licitaciones con sobreprecios significativos siguen operando dentro del Estado. Los mismos que pregonan la motosierra hacia abajo mantienen intacta la estructura que les permite vivir en una burbuja blindada.
La discusión ya no es quién usó una tarjeta corporativa. La discusión es quién permitió que todo esto ocurriera sin que nadie respondiera. Y, sobre todo, por qué ese sistema sigue intacto.



























