Techint volvió a perder en una obra clave: la construcción del gasoducto Vaca Muerta–Río Negro quedó en manos de otra UTE. La oferta ganadora fue 85 millones de dólares más baja y con mejores condiciones financieras. Es el segundo golpe en el año tras perder la provisión de caños frente a una empresa india.
El resultado de la licitación del gasoducto que unirá Vaca Muerta con el Golfo San Matías dejó algo más que un adjudicatario: confirmó un cambio de época en el negocio energético argentino. El grupo liderado por Paolo Rocca volvió a quedar afuera de una obra estratégica y acumuló su segunda derrota en el mismo proyecto, primero en la provisión de caños y ahora en la ejecución de la obra civil, un doble revés que empieza a erosionar su histórico dominio en la infraestructura energética del país.
La adjudicación fue para la UTE Víctor Contreras–SICIM, que se impuso con una oferta 85 millones de dólares más baja que la de sus competidores, pero sobre todo con un esquema financiero que inclinó la balanza: sin anticipo, con garantías de cumplimiento más sólidas y condiciones de reaseguro consideradas más robustas por los evaluadores. En un proyecto de esta escala, donde los márgenes son ajustados y los riesgos operativos son elevados, esos factores pesan tanto como el precio, y en este caso definieron el resultado de manera contundente.

El gasoducto, impulsado por el consorcio San Matías Pipeline —integrado por compañías como YPF, Pan American Energy y Pampa Energía— forma parte de una estrategia más amplia para viabilizar la exportación de gas natural licuado (GNL) desde la Argentina. Con una extensión de 471 kilómetros, un diámetro de 36 pulgadas y una capacidad estimada de transporte de hasta 27 millones de metros cúbicos diarios, la obra es considerada una pieza clave para conectar la producción de Vaca Muerta con la costa atlántica y habilitar nuevos mercados internacionales.
La derrota de Techint no es un episodio aislado, sino la continuidad de una secuencia que comenzó meses atrás, cuando Tenaris —su brazo industrial en el negocio del acero— perdió la licitación para la provisión de caños frente a la empresa india Welspun, en una decisión que ya había generado ruido político y empresarial. Aquella derrota fue leída como una señal de apertura del mercado a nuevos jugadores, y el resultado actual parece consolidar esa tendencia.
En el sector energético, el dato no pasa desapercibido. Durante décadas, el grupo Techint funcionó como un actor central en la integración de grandes proyectos de infraestructura, combinando capacidad industrial, músculo financiero y vínculos estratégicos con el Estado. Que hoy quede fuera de dos componentes clave de una obra de esta magnitud no solo implica una pérdida económica, sino también un corrimiento en la estructura de poder del sector.
El contexto político agrega otra capa de lectura. El presidente Javier Milei mantuvo en los últimos meses una relación tensa con Rocca, con críticas públicas que apuntaron tanto a sus costos como a su rol en el entramado empresarial local. En ese marco, las derrotas de Techint fueron interpretadas por algunos actores del mercado como parte de un reordenamiento más amplio, donde el Gobierno busca mostrar apertura, competencia y ruptura con esquemas históricos de concentración.
La licitación del gasoducto fue diseñada, además, con un formato que intentó blindarse frente a cuestionamientos. El proceso se realizó a través de una plataforma digital con trazabilidad completa, y la apertura de ofertas económicas se llevó adelante ante escribano público, en un intento explícito por reforzar la transparencia en un proyecto atravesado por intereses millonarios.
En paralelo, la adjudicación de la planta compresora quedó en manos de Oilfield Production Services (OPS), completando un mapa de contratistas donde Techint no logró posicionarse en ninguno de los tramos principales. El resultado, en ese sentido, es categórico.
Lo que está en juego no es solo una obra.
Es quién construye la infraestructura que va a definir el futuro energético del país.
Y en ese tablero, por ahora, Rocca mira desde afuera.



























