La desaprobación a su figura alcanzó el 63% según AtlasIntel, mientras la aprobación cayó al 35,5%, el nivel más bajo de su gestión. Sin embargo, cuando se les pregunta por la gestión del Gobierno, el 59,3% la califica como «mala o muy mala». El respaldo se concentra en los sectores de mayores ingresos y el rechazo supera el 80% en los más bajos. Incluso dentro de su propio electorado, casi uno de cada tres votantes ya desaprueba su desempeño.
La última medición de AtlasIntel para Bloomberg ubica la desaprobación de Javier Milei en el 63% y la aprobación en el 35,5%, el nivel más bajo desde el inicio de su gestión. La diferencia entre ambos registros, más de 27 puntos, implica que hay casi el doble de rechazo que de apoyo.
Pero hay un dato que matiza esa lectura. La pregunta por la aprobación del Presidente mide la valoración de su figura personal. No es lo mismo que la evaluación de la gestión de su gobierno. Cuando la encuesta pregunta específicamente por el desempeño del Ejecutivo nacional, el 59,3% lo califica como «malo o muy malo», mientras que solo el 30,6% lo considera «excelente o bueno».
La diferencia es sutil en los números, pero enorme en su significado. Se puede aprobar al Presidente en términos generales sin considerar que su gestión es un desastre. O se puede desaprobar su figura aunque se reconozcan algunos logros puntuales. La política está llena de esos matices. Pero cuando casi seis de cada diez argentinos califican la gestión como mala o muy mala, el mensaje es inconfundible.
El voto que se fue
La segmentación por comportamiento electoral previo agrega otra capa de complejidad. Milei retiene el apoyo de dos tercios de quienes lo votaron en el balotaje de 2023, con un 67,3% de aprobación en ese grupo. Pero el 29,8% de ese mismo electorado hoy desaprueba su gestión.
Casi uno de cada tres votantes originales se pasó a la vereda de enfrente. Y entre quienes ya no lo votarían, el 49,3% se inclina por el peronismo, mientras que el 29,4% se iría hacia otros espacios opositores.
La grieta de los ingresos
La distribución por nivel de ingresos refuerza la misma tendencia. Entre quienes perciben más de 3 millones de pesos mensuales, la evaluación de la gestión como «excelente o buena» alcanza el 53%. En cambio, en los hogares con ingresos inferiores a los 630.000 pesos, ese número se desploma al 17,2%, y la calificación como «mala o muy mala» trepa al 82,4%.
La brecha supera los 35 puntos entre los extremos de la pirámide de ingresos. El respaldo al gobierno está directamente asociado a la capacidad de cada cual para sortear el ajuste sin quedar en el camino.
La economía real y el endeudamiento
El 58% de los encuestados considera mala su situación económica familiar. El 68% tiene la misma percepción sobre el país. Y el 74% evalúa negativamente el mercado laboral. El deterioro no es una interpretación ideológica: es una experiencia cotidiana.
En ese contexto, el endeudamiento deja de ser un dato accesorio. Alrededor del 33% de los encuestados reconoce haberse endeudado, y dentro de ese grupo el 82,8% lo hizo para comprar alimentos y el 60,7% para pagar servicios básicos.
El ajuste, en este punto, deja de ser una categoría abstracta. No es una variable macroeconómica. Es un plástico que rebota en la caja del supermercado. Es un préstamo de Mercado Pago que se renueva mes a mes para llegar al mínimo. Es, lisa y llanamente, la imposibilidad de vivir con lo que se gana.

La brecha de género
El rechazo femenino es abrumador: el 72,9% de las mujeres desaprueba la gestión presidencial, frente al 52,3% de los hombres. Casi tres de cada cuatro mujeres le dan la espalda. En un gobierno que se jacta de tener mujeres en puestos clave, los números cantan.

El ranking que duele
En el plano político, la caída también se refleja en el ranking de imagen positiva. Milei, que solía encabezar estos listados, quedó en el quinto lugar con un 36%. Por encima de él están Myriam Bregman (47%), Axel Kicillof (46%), Cristina Fernández de Kirchner (41%) y Patricia Bullrich (37%).
Las expectativas a futuro
El pesimismo domina las proyecciones. El 56% cree que la situación económica del país empeorará en el próximo medio año, y el 49% piensa que su economía familiar también sufrirá graves problemas. Por primera vez en esta gestión, la expectativa negativa a un año superó a la positiva.
Milei dice que «lo peor ya pasó». Pero la gente no lo cree. Porque cuando ocho de cada diez encuestados en los sectores de menores ingresos califican la gestión como mala o muy mala, el diagnóstico no es ideológico: es existencial.
El Presidente puede seguir gritando «viva la libertad, carajo» en los escenarios. Pero en las mesas de los argentinos, la libertad de llegar a fin de mes sigue siendo una quimera. Y la gente, cansada de ajustar el cinturón mes a mes, empieza a preguntarse si la motosierra no estaba apuntada para el lado equivocado.



























