Un artículo de la reforma laboral abrió una disputa interna en el Gobierno: habilitar a Mercado Pago a pagar sueldos pone en riesgo el fondeo bancario, afecta el crédito y expone tensiones entre Sturzenegger, el Banco Central y Economía por el control de más de 10 millones de cuentas sueldo.
El sistema financiero argentino sumó en enero un nuevo foco de tensión interna. Esta vez, no entre bancos y fintechs, sino dentro del propio equipo económico del Gobierno. El detonante fue un artículo incorporado a la reforma laboral que habilita a Mercado Pago a pagar salarios, una decisión impulsada por Federico Sturzenegger que abrió una disputa directa con el Banco Central y encendió alertas en la City.
El punto en conflicto es concreto y cuantificable: en la Argentina existen más de 10 millones de cuentas sueldo, que concentran uno de los flujos de fondos más estables del sistema financiero. Esos depósitos son hoy una fuente clave de fondeo para los bancos, que los utilizan para otorgar créditos al consumo, hipotecarios y productivos. Mover ese dinero fuera del circuito bancario tradicional no es una discusión ideológica: es un cambio estructural en la arquitectura financiera.
El artículo que desordena el tablero
El eje de la controversia es el artículo 35 del proyecto de reforma laboral, que modifica el artículo 124 de la Ley de Contrato de Trabajo. Hasta ahora, la norma obligaba a pagar salarios exclusivamente a través de bancos o entidades autorizadas por el Banco Central. La nueva redacción habilita el pago a través de billeteras digitales, abriendo la puerta a que plataformas como Mercado Pago ingresen de lleno al negocio de las cuentas sueldo.
Según fuentes del propio equipo económico, la iniciativa fue impulsada por Sturzenegger sin una coordinación previa con el Banco Central ni con el Ministerio de Economía, lo que explica el nivel de ruido interno que generó. En la City lo sintetizan sin rodeos: “el artículo tiene nombre y apellido”.
Liquidez, crédito y un límite técnico
El argumento central del Banco Central y de los bancos no pasa por la competencia en sí, sino por una cuestión técnica y regulatoria. A diferencia de los depósitos bancarios, los fondos alojados en billeteras virtuales deben mantenerse 100% líquidos. No pueden ser prestados.
El impacto es directo: cada peso que migra de una cuenta sueldo bancaria a una billetera digital es capacidad prestable que el sistema pierde. En un contexto donde el Gobierno apuesta a reactivar la economía vía crédito —especialmente al consumo—, la contradicción es evidente.
Desde el entorno de Economía lo explican en términos simples: si los salarios dejan de pasar por los bancos, se reduce el volumen de préstamos posibles, justo cuando el oficialismo necesita mostrar algún canal de dinamización económica en una actividad que sigue estancada.
La logística invisible y los costos ocultos
Hay además un segundo frente de conflicto menos visible, pero no menor. Si una parte significativa de los trabajadores cobrara sus salarios en billeteras como Mercado Pago y decidiera retirar efectivo, la infraestructura para ese retiro sigue siendo bancaria. Cajeros, sucursales, transporte de caudales.
En la práctica, los bancos asumirían ese costo sin recibir el beneficio del fondeo, una ecuación que, según el sector, vuelve inviable el esquema sin una reconfiguración profunda de reglas y compensaciones.
Más que una interna técnica
La disputa expone algo más profundo que un desacuerdo regulatorio. Pone en evidencia dos miradas distintas dentro del propio Gobierno sobre cómo organizar el sistema financiero: una que prioriza la desregulación y la competencia fintech sin mediaciones, y otra que busca preservar el rol de los bancos como canal de crédito en una economía sin mercado de capitales desarrollado.
También reabre una discusión de fondo: quién regula a quién. Porque permitir que una billetera digital administre salarios no es solo ampliar opciones de pago. Es redefinir responsabilidades, riesgos sistémicos y el rol del Banco Central como autoridad monetaria.
La reforma laboral, que aún no tiene asegurados los votos para avanzar en el Congreso, funciona así como un caballo de Troya financiero: detrás del debate sobre empleo y flexibilidad, se cuelan cambios que alteran el corazón del sistema de pagos y del crédito.
La pregunta que sobrevuela no es menor y sigue sin respuesta clara:
¿se trata de una modernización inevitable del sistema financiero o de una desregulación que avanza más rápido que la capacidad del Estado para controlarla?
En un país donde los experimentos económicos rara vez son inocuos, la disputa por las cuentas sueldo anticipa que el 2026 no solo será un año de reformas, sino también de tensiones abiertas dentro del propio oficialismo.
Infonegro
Verdad sin concesiones.
Porque en economía, lo técnico nunca es neutral.



























