El riesgo país llegó a 497 puntos básicos y acumula una suba superior al 15% en agosto. Los bonos argentinos retroceden, las acciones caen en Nueva York y el deterioro coincide con un escenario internacional más hostil y crecientes dudas sobre la capacidad política del Gobierno para sostener su programa hasta 2027. El problema para Caputo es mayor que una mala rueda: si el riesgo argentino sigue subiendo, se encarece una de las fuentes de dólares que el modelo necesita.
La tranquilidad financiera que el Gobierno exhibía como prueba de confianza empezó a resquebrajarse. Este martes, el riesgo país argentino volvió a acercarse a los 500 puntos básicos, después de haber estado a comienzos de julio cerca de perforar los 400. La diferencia parece pequeña cuando se la mira como una sucesión de números, pero cambia considerablemente cuando se traduce al idioma que realmente importa: cuánto cuesta conseguir dólares prestados y cuánto riesgo consideran los inversores que existe detrás de los activos argentinos.
El indicador de JP Morgan alcanzó 497 puntos, con una suba acumulada superior al 15% durante agosto. Detrás del movimiento aparecen dos factores que se potencian: los bonos soberanos argentinos perdieron hasta 4,3% durante el mes y, al mismo tiempo, los títulos del Tesoro estadounidense a 30 años superaron nuevamente un rendimiento del 5%.
Esto último importa porque Estados Unidos funciona como referencia para el costo internacional del dinero. Cuando un bono considerado mucho más seguro ofrece rendimientos elevados, comprar deuda argentina tiene que ofrecer una recompensa todavía mayor para justificar el riesgo. Argentina queda obligada a pagar más precisamente cuando necesita demostrar que puede volver a financiarse normalmente.
La caída también llegó a las empresas
La desconfianza no quedó encerrada en los bonos soberanos. Los ADR argentinos negociados en Wall Street registraban fuertes retrocesos: Corporación América caía 7,3%, BBVA 4%, Banco Macro 3,5% e YPF 3,2%. También retrocedían Edenor, Supervielle, Telecom Argentina y Grupo Financiero Galicia.
En Buenos Aires, el Merval acompañaba el movimiento con una caída del 1,2%.
La combinación resulta especialmente incómoda porque aparece apenas unos días después de que YPF Luz y Genneia decidieran postergar sus salidas a la Bolsa de Nueva York. Aquellas operaciones habían despertado una pregunta que ahora adquiere otra dimensión: si el aumento del riesgo argentino puede empezar a cerrar una fuente de financiamiento externo que durante 2026 fue importante no solamente para las empresas, sino también para el funcionamiento del esquema cambiario.
La cuestión es sencilla. Cuanto mayor es el riesgo argentino, mayor rendimiento exigen los inversores para poner dinero en empresas, provincias o títulos vinculados al país. Llega un punto en que endeudarse resulta demasiado caro o directamente no aparecen compradores suficientes. Wall Street no necesita cerrar formalmente ninguna puerta: alcanza con subir el precio de entrada hasta que cruzarla deje de tener sentido.
El problema internacional existe, pero no explica todo
El contexto externo efectivamente empeoró. La continuidad de la guerra en Medio Oriente volvió a presionar sobre el petróleo y aumentó la aversión global al riesgo. Para una economía emergente, un mundo con tasas estadounidenses altas, petróleo caro e incertidumbre geopolítica es bastante menos amigable que el escenario que acompañó parte de la recuperación financiera argentina.
Pero atribuir todo el movimiento a Medio Oriente dejaría afuera una parte importante del problema.
Los inversores también empiezan a incorporar riesgo político argentino. El deterioro del empleo, la debilidad del consumo y las dificultades de distintos sectores productivos alimentan interrogantes sobre cuánto respaldo social puede conservar Milei y, especialmente, sobre las posibilidades electorales del oficialismo en 2027.
El mercado no necesita esperar hasta el día de las elecciones para hacerse esa pregunta. Los bonos que vencen después de 2027 obligan al comprador a evaluar quién gobernará, qué programa económico continuará y cuáles serán las condiciones para pagar esa deuda. Cuanto mayor es la incertidumbre, mayor es el rendimiento que exige.
Y ahí aparece una diferencia fundamental entre bajar la inflación y reducir definitivamente el riesgo argentino. Un programa puede conseguir estabilidad nominal y, aun así, no convencer al mercado sobre su sostenibilidad política, productiva o financiera a varios años.
Por qué los 500 puntos son un problema para Caputo
Un riesgo país de 497 puntos no significa que Argentina esté frente a una cesación de pagos. Tampoco constituye por sí mismo una corrida. El problema está en la dirección del movimiento y en el momento en que ocurre.
El Gobierno necesitaba exactamente lo contrario: que el riesgo siguiera bajando hasta niveles que permitieran normalizar el acceso al crédito internacional. Caputo ya había moderado esas expectativas y anticipado que el Tesoro no planeaba, en principio, emitir deuda soberana bajo legislación extranjera hasta fines de 2027.
Mientras tanto, Economía puede utilizar títulos denominados y pagaderos en dólares bajo legislación argentina. Pero esa alternativa no elimina el problema central: Argentina sigue necesitando dólares y el financiamiento internacional se vuelve más caro a medida que aumenta la percepción de riesgo.
Además, el efecto no termina en el Estado. También alcanza a las provincias y a las empresas privadas que aprovecharon durante los últimos meses la ventana financiera para colocar deuda.
Eso resulta particularmente relevante para el programa económico porque los dólares captados por empresas y provincias no permanecen necesariamente inmóviles. Cuando ingresan al país y una parte se convierte a pesos para financiar inversiones, salarios, proveedores u obras, generan oferta de divisas en el mercado. Fueron, por lo tanto, una fuente adicional de dólares.
Si esa corriente disminuye, el Banco Central y el Tesoro quedan nuevamente más dependientes de las exportaciones, el financiamiento multilateral, el endeudamiento local y cualquier otra fuente extraordinaria de divisas que consiga Economía.
De los 400 a los 500: qué cambió
El verdadero dato político-financiero está en el recorrido. Hace pocas semanas el Gobierno podía exhibir un riesgo país cercano a los 400 puntos como evidencia de que Argentina se aproximaba lentamente a la normalización financiera. Ahora vuelve a rozar los 500.
No es una crisis financiera, pero tampoco es ruido irrelevante.
La suba coincide con acciones argentinas perdiendo valor, bonos en retroceso, tasas internacionales elevadas y empresas importantes postergando operaciones en Nueva York. Individualmente, cada fenómeno puede tener explicaciones distintas. Juntos describen un deterioro de las condiciones financieras que sostenían parte del optimismo oficial.
Y existe una última paradoja. Milei construyó buena parte de su narrativa económica alrededor de la confianza de los mercados: equilibrio fiscal, desregulación y disciplina monetaria debían reducir el riesgo argentino y devolver al país al financiamiento internacional.
Por eso, cuando el riesgo país baja, el Gobierno lo presenta como una aprobación de su programa. Resultaría difícil sostener entonces que cuando sube 15% en menos de un mes el mercado dejó repentinamente de tener algo para decir.
Los 497 puntos no anuncian por sí solos un derrumbe. Lo que hacen es encender una señal que Caputo necesita mirar con atención: el mercado que debía abaratarle los dólares está empezando a cobrarlos más caros.

























