La sociedad que moldea: subjetividad, poder y educación

Si el sujeto es producto de estructura, la educación no puede seguir clasificándolo como si fuera origen autónomo. En un mundo que produce millones de niños desplazados, medir sin contexto es fabricar insuficiencia estadística.

La declaración de Lali Fernando Riascos no es un gesto retórico ni un arrebato confesional; es una tesis política y antropológica que desmonta la ilusión liberal del individuo autosuficiente y obliga a revisar la arquitectura conceptual desde la cual opera el sistema educativo. Cuando afirma:

“Nosotros somos lo que la sociedad hace con nosotros. […] Si crecemos en una sociedad enferma, nosotros vamos a ser personas enfermas. […] Yo soy tan machista como la sociedad que me dio forma. Yo soy tan racista como la sociedad que me dio forma. Yo soy tan clasista como la sociedad que me dio forma.”

no está señalando una falla individual sino denunciando una matriz estructural. La subjetividad no es punto de partida, es resultado. No es esencia, es efecto histórico.

Trasladar esta afirmación al campo de la orientación vocacional implica una ruptura profunda con el enfoque tecnocrático que domina la evaluación educativa. La teoría clásica del interés profesional —Holland (1997), Super (1990)— parte de la idea de que las personas desarrollan preferencias relativamente estables en interacción con ambientes que pueden explorar. La noción de aptitud, derivada de la psicología diferencial (Spearman, Thurstone), presupone que existen capacidades potenciales medibles de manera relativamente independiente del contexto. Ambas perspectivas tienen valor técnico, pero ambas descansan sobre una premisa silenciosa: que el sujeto ha tenido condiciones mínimas para desarrollar identidad, estabilidad emocional y continuidad pedagógica.

Los datos globales contradicen ese supuesto. Según el Instituto de Estadística de la UNESCO (2023), 244 millones de niños y niñas están fuera del sistema educativo formal. UNICEF (2023) advierte que más de 600 millones no alcanzan niveles mínimos de competencia en lectura y matemáticas, aun estando escolarizados. ACNUR (2024) registra 114 millones de personas desplazadas forzosamente en el mundo, casi el 40 % menores de edad. En Gaza, gran parte de la infraestructura escolar ha sido dañada o destruida; en Ucrania, millones de estudiantes han visto interrumpida su trayectoria por guerra y desplazamiento; en Haití, la violencia y el colapso institucional erosionan la continuidad pedagógica; en el Mediterráneo, niños y adolescentes mueren intentando migrar desde África hacia Europa.

Frente a estas cifras, surge una pregunta que desestabiliza cualquier lectura ingenua de la evaluación: ¿cuántos Lali hay en el mundo? ¿Cuántos niños y niñas activistas, conscientes de que la sociedad les dio forma y al mismo tiempo los dejó fuera, combaten en soledad contra un sistema que no los toma en cuenta para garantizar derechos pero sí los clasifica para ubicarlos en la estadística de la insuficiencia humana?

La escuela moderna heredó una lógica clasificatoria que se presenta como neutral pero que opera bajo criterios normativos construidos históricamente desde contextos de relativa estabilidad institucional. El baremo no es un espejo de la naturaleza humana sino una comparación con una población de referencia; cuando esa población excluye sistemáticamente a quienes viven en guerra, desplazamiento o pobreza extrema, el resultado no es diagnóstico objetivo sino confirmación de desigualdad.

El DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) reconoce que el trauma prolongado afecta funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje. Sin embargo, cuando la evaluación escolar registra “déficit atencional” o “bajo rendimiento verbal” sin integrar exposición a violencia estructural, se produce una operación peligrosa: se traduce impacto histórico en insuficiencia individual.

Pierre Bourdieu (1998) explicó cómo el capital cultural organiza el rendimiento y las aspiraciones, naturalizando desigualdad bajo apariencia meritocrática. Paulo Freire (2005) sostuvo que la educación que no problematiza la realidad reproduce opresión. La declaración de Lali dialoga con ambos: si la sociedad dio forma al sujeto, la evaluación que omite esa forma reproduce el orden que dice analizar.

¿En qué puede ayudar la teoría de aptitudes, la psicometría y la filosofía educativa frente a una historia como la de Lali?

Puede ayudar si se inscribe en un marco ético y político crítico. La teoría de aptitudes puede ofrecer herramientas para identificar patrones cognitivos que permitan diseñar intervenciones pedagógicas específicas; puede distinguir entre rendimiento actual afectado por trauma y potencial desarrollable cuando cambian las condiciones; puede evitar improvisaciones y reducir sesgos subjetivos.

Pero la psicometría, aislada de una filosofía educativa comprometida con justicia social, corre el riesgo de convertirse en tecnología de clasificación. Cuando el puntaje se interpreta como destino y el percentil como esencia, la evaluación legitima desigualdad bajo apariencia científica. La filosofía educativa debe recordar que medir no es decidir el futuro de un sujeto sino comprender su posición en una estructura que puede y debe transformarse.

El sistema educativo, entonces, no puede limitarse a ajustar individuos al mercado laboral. Debe preguntarse qué condiciones estructurales impiden que millones de niños desarrollen intereses genuinos o aptitudes en condiciones equitativas. Debe interrogar la colonialidad del saber que define estándares universales desde el Norte Global mientras ignora trayectorias marcadas por guerra, migración y pobreza.

La orientación vocacional, en este marco, no puede ser solo correlación técnica entre intereses y aptitudes. Debe convertirse en práctica de ampliación de horizontes, en intervención que reconozca trauma, desigualdad y capital cultural diferencial. Evaluar sin contextualizar es clasificar para ignorar mejor; evaluar críticamente es comprender para intervenir.

La pregunta que deja abierta la declaración de Lali no es únicamente epistemológica sino ética: ¿cuántos niños activistas, conscientes de la estructura que los moldea, están siendo reducidos a percentiles que no registran su historia?, ¿cuántos hijos del sol quedan atrapados en estadísticas que hablan de insuficiencia sin nombrar las condiciones que la producen?.

La meritocracia como falacia y la pedagogía de la crueldad

En el corazón de la evaluación escolar tecnocrática —y, por extensión, de la orientación vocacional cuando se reduce a ajuste psicométrico— opera un dogma que se presenta como sentido común: la meritocracia. Ese dogma afirma que el rendimiento expresa esfuerzo individual, que el éxito es premio moral y que el fracaso es evidencia de insuficiencia personal. Pero la meritocracia, en contextos de desigualdad estructural, no es una teoría de justicia: es una tecnología de legitimación.

La falacia meritocrática se sostiene sobre una operación doble: primero, oculta la desigualdad de partida (capital cultural, continuidad escolar, seguridad alimentaria, acceso a lectura, estabilidad emocional, vivienda, salud, protección frente a violencia); después, moraliza el resultado, transformando lo que es efecto social en culpa individual. Así, el sistema educativo no solo clasifica: ordena jerarquías y luego las presenta como “naturales”, como si fueran la traducción objetiva de capacidades internas. En términos bourdieusianos, se trata de una violencia simbólica que impone como legítimo un criterio de evaluación construido desde posiciones dominantes, y convierte en “déficit” aquello que muchas veces es desigualdad de condiciones (Bourdieu, 1998).

Aquí la declaración de Lali Fernando Riascos funciona como dinamita epistemológica, porque si “somos lo que la sociedad hace con nosotros”, entonces el mérito no puede interpretarse como propiedad individual aislada: el mérito es también producto social, y cuando el sistema se niega a ver ese dato, produce una pedagogía implícita de disciplinamiento: enseña que el mundo es justo, que el dolor es merecido, que la exclusión es lógica.

Rita Segato nombró esta lógica como pedagogía de la crueldad, entendida como la enseñanza social —normalizada, repetida, internalizada— de que la vida ajena puede degradarse sin escándalo, de que el sufrimiento del otro es aceptable, y de que la empatía es un obstáculo para el orden (Segato, 2018). Trasladado a la escuela y al sistema de evaluación, esto se expresa cuando la institución aprende a mirar el fracaso como estadística y no como síntoma de estructura, cuando reduce biografías a percentiles, cuando transforma trayectorias fragmentadas por guerra, desplazamiento o pobreza en “bajo rendimiento” y luego lo archiva como “insuficiencia humana”.

La meritocracia funciona así como el rostro amable de la crueldad: no grita, no golpea, no dispara, pero organiza el desprecio. En Gaza, en Ucrania, en Haití, en los desplazamientos forzados, en los niños que mueren intentando cruzar el Mediterráneo desde África hacia Europa, el mundo escolar —cuando se aferra a estándares universales abstractos— puede terminar haciendo lo peor que puede hacer una institución educativa: evaluar la herida como si fuera falla del herido, medir la interrupción como si fuera pereza, interpretar la supervivencia como falta de interés, y llamar “aptitud baja” a lo que en realidad es continuidad pedagógica robada.

Por eso, si la orientación vocacional y la Psicología Educativa no discuten la meritocracia como falacia, quedan atrapadas en un rol funcional: ayudan a administrar desigualdad con lenguaje técnico. Y cuando esa administración se vuelve norma, la escuela deja de ser herramienta de ampliación de mundo y pasa a ser oficina de clasificación del destino: distribuye posibilidades no según justicia, sino según el orden social preexistente que la meritocracia se encarga de presentar como merecido.

Si el sujeto es producto de sociedad enferma, la educación no puede limitarse a medir síntomas individuales. Debe asumir su responsabilidad histórica de intervenir en la estructura que los produce. Solo entonces la evaluación deja de ser instrumento de orden y se convierte en herramienta de justicia.

  • Foto del avatar

    Melina Schweizer

    Melina Schweizer es periodista, escritora, compositora y poeta dominicana naturalizada argentina, fundadora y editora de infonegro.com. Coeditó y coordinó la antología Aquelarre de Negras (2021), actualmente en su primera edición impresa, y en 2022 recibió una mención especial en los Premios Lola Mora por su trabajo periodístico en defensa de los derechos de las mujeres. Es autora de la novela El mundo de Laurita: el secreto del museo antártico (2026).

    Related Posts

    Lemoine aclaró que Milei nunca habló de autodeterminación: sólo dijo que los kelpers tenían que decidir

    Lilia Lemoine salió a desmentir que Milei haya avalado la autodeterminación de los isleños y recordó que el Presidente únicamente expresó su deseo de que algún día “decidan ser argentinos”.…

    PISA 2025: la escuela argentina pierde la batalla por el aprendizaje y la atención

    Sólo el 24 % de los estudiantes evaluados alcanzó el nivel mínimo en Matemática; en Lectura lo hizo el 40 % y en Ciencias, el 41 %. La caída respecto…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    You Missed

    Lemoine aclaró que Milei nunca habló de autodeterminación: sólo dijo que los kelpers tenían que decidir

    Lemoine aclaró que Milei nunca habló de autodeterminación: sólo dijo que los kelpers tenían que decidir

    Bullrich le marca un límite a Milei: la recuperación no llega al bolsillo

    Bullrich le marca un límite a Milei: la recuperación no llega al bolsillo

    PISA 2025: la escuela argentina pierde la batalla por el aprendizaje y la atención

    PISA 2025: la escuela argentina pierde la batalla por el aprendizaje y la atención

    Quirno endurece el discurso por Malvinas y su hijo integra una ONG vinculada a Londres

    Quirno endurece el discurso por Malvinas y su hijo integra una ONG vinculada a Londres

    Trump usa Malvinas para golpear a Londres y se ofrece a resolver la crisis que imagina

    Trump usa Malvinas para golpear a Londres y se ofrece a resolver la crisis que imagina

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    La IA ya burló sus controles: sus creadores piden bajar la velocidad antes de otro ataque

    La IA ya burló sus controles: sus creadores piden bajar la velocidad antes de otro ataque

    El cielo pide definiciones: amor intenso, noticias inesperadas y una semana en la que hablar de más puede salir caro

    El cielo pide definiciones: amor intenso, noticias inesperadas y una semana en la que hablar de más puede salir caro

    La inflación baja en el promedio, pero sube más rápido en la mesa: la canasta alimentaria trepó 39,6%

    La inflación baja en el promedio, pero sube más rápido en la mesa: la canasta alimentaria trepó 39,6%

    Milei quiere eliminar las PASO: la libre competencia termina cuando aparecen competidores

    Milei quiere eliminar las PASO: la libre competencia termina cuando aparecen competidores

    Kicillof suma al Evita y convierte Villa Domínico en su plataforma presidencial

    Kicillof suma al Evita y convierte Villa Domínico en su plataforma presidencial

    De los trolls a los puertos: la trama que conecta a Cerimedo con Losada y Bullrich en la Hidrovía

    De los trolls a los puertos: la trama que conecta a Cerimedo con Losada y Bullrich en la Hidrovía

    Carrizo convirtió peronistas en cucarachas: ella pasó de Cristina a Milei sin inteligencia artificial

    Carrizo convirtió peronistas en cucarachas: ella pasó de Cristina a Milei sin inteligencia artificial

    Imputaron al Chiqui Tapia y Jorge Macri presiona a Kicillof para sacarlo del CEAMSE

    Imputaron al Chiqui Tapia y Jorge Macri presiona a Kicillof para sacarlo del CEAMSE

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    Renunció Sabor al gobierno de Jorge Macri: por suerte se olvidó de irse

    Renunció Sabor al gobierno de Jorge Macri: por suerte se olvidó de irse

    Córdoba: una denuncia por abuso golpea al armado de De Loredo en la Legislatura

    Córdoba: una denuncia por abuso golpea al armado de De Loredo en la Legislatura

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    La inflación perforó el 2%, pero el núcleo no baja: el 1,7% de agosto tuvo ayuda de los estacionales

    La inflación perforó el 2%, pero el núcleo no baja: el 1,7% de agosto tuvo ayuda de los estacionales

    Los gobernadores le creen a Milei: por eso quieren todo firmado

    Los que construyen la IA piden un freno: la advertencia que expone la carrera más peligrosa de Silicon Valley

    Los que construyen la IA piden un freno: la advertencia que expone la carrera más peligrosa de Silicon Valley

    Milei vuelve a Estados Unidos para hablar ante el Citi y la red liberal

    Milei vuelve a Estados Unidos para hablar ante el Citi y la red liberal

    Con seis millones de morosos, LLA ofrece educación financiera y rechaza aliviar las deudas

    Con seis millones de morosos, LLA ofrece educación financiera y rechaza aliviar las deudas

    El dólar barato empieza a pasar factura: el peso se apreció 12% y el mercado teme una corrección

    El dólar barato empieza a pasar factura: el peso se apreció 12% y el mercado teme una corrección

    Bullrich quiso arrancar el Senado y Toto le vació el tanque

    Bullrich quiso arrancar el Senado y Toto le vació el tanque

    Estados Unidos: la deuda roza los USD 40 billones y Wall Street exige más

    Estados Unidos: la deuda roza los USD 40 billones y Wall Street exige más