Los trabajadores del Congreso pelearon una paritaria de 9,4% para no perder contra la inflación y los senadores hicieron lo mismo, pero con otra escala: ataron sus dietas al mismo acuerdo y ahora pasarán a cobrar 11,6 millones de pesos por mes, un sistema perfecto donde el aumento se vota solo y la cuenta, como siempre, la termina pagando el mismo de siempre.
Miércoles 11 de marzo, 13 horas. A esa hora exacta —según el propio documento firmado en la Secretaría Administrativa de la Cámara de Diputados— la Comisión Negociadora del Valor de Módulo del Congreso estampó la firma en una paritaria para los trabajadores legislativos. Un acuerdo que, en los papeles, suma 9,4% acumulado hasta mayo de 2026. Los empleados del Congreso negociaron, discutieron y cerraron un aumento para no seguir perdiendo contra la inflación. Hasta ahí, todo dentro del manual clásico de cualquier paritaria.
Pero el Congreso argentino siempre tiene una segunda capa, esa donde la realidad se vuelve un poco más creativa.
Porque los senadores, esos mismos que pasan buena parte del año hablando de austeridad, sacrificio y del esfuerzo que debe hacer la sociedad, tienen sus dietas atadas al mismo módulo salarial que usan los empleados legislativos. Es decir: cuando el módulo sube para los trabajadores, también sube para ellos. Automático. Sin debate. Sin sesión. Sin discurso patriótico.
Traducido al castellano simple: el aumento que los empleados negociaron para llegar a fin de mes también les cayó de rebote a los 72 senadores.
Y el resultado es bastante concreto. Las dietas que hoy rondan los 10,2 millones de pesos brutos pasarán a trepar cerca de los 11,6 millones mensuales en mayo. Todo perfectamente legal, perfectamente reglamentado y perfectamente silencioso.
Una pequeña joya del sistema parlamentario criollo: los trabajadores discuten la paritaria, los senadores cobran la actualización y el país se entera bastante después, cuando alguien encuentra el documento y lo lee con atención.
Porque en el Congreso argentino hay muchas discusiones públicas, muchos discursos encendidos y muchas sesiones televisadas. Pero algunos aumentos, curiosamente, llegan sin necesidad de levantar la mano.

CÓMO FUNCIONA LA JOYA
El sistema es una obra de ingeniería política. En abril de 2024, los senadores votaron a mano alzada volver a atar sus dietas a los salarios de los trabajadores . ¿El argumento?. «Solidaridad» con los empleados. ¿El resultado?. Cada vez que los gremios negocian una paritaria, los senadores se suben al carrito sin mover un dedo.
La dieta se compone de 2.500 módulos base, más 1.000 por gastos de representación y 500 por desarraigo. Total: 4.000 módulos. Cuando los trabajadores consiguen un aumento del valor del módulo, los senadores multiplican por 4.000. Así de simple. Así de obsceno.
LOS QUE NO COBRAN EL DESARRAIGO (Y LOS QUE RENUNCIAN)
Hay cuatro senadores que no reciben el plus por desarraigo: Patricia Bullrich y Agustín Monteverde (LLA), Mariano Recalde (Unión por la Patria) y Alicia Kirchner, que prefirió mantener su jubilación como exgobernadora. El resto, 68 senadores, se llevan todo.
El bloque de La Libertad Avanza salió rápido a decir que «rechazan el aumento». Muy lindo. Pero en el sistema actual, el aumento se aplica automáticamente. Si quieren renunciar, tienen que presentar una nota formal a la Presidencia del Senado . Hasta ahora, no hay constancia de que nadie la haya presentado.
EL ESCÁNDALO DE DIPUTADOS: LA MITAD DE SUELDO Y NINGUNA EXPLICACIÓN
En la Cámara de Diputados, el sistema es otro. Allí las dietas no están atadas a la paritaria. Las define discrecionalmente Martín Menem, presidente de la Cámara . Un diputado confesó: «La definición de los sueldos de los diputados es arbitraria y depende de Martín Menem. Hasta ahora estuvo dando aumentos paulatinos pero la diferencia entre las cámaras es muy grande».
Hoy un diputado cobra 6 millones brutos (4,5 millones netos) más 600 mil pesos de gastos de representación. La mitad de lo que cobra un senador. Y nadie sabe por qué. Ni cuándo van a aumentar. Ni si van a aumentar.
EL CONTEXTO QUE NO CIERRA
Mientras los senadores llegan a 11,6 millones, los gremios bancarios cerraron sueldos iniciales de 2,1 millones atados a la inflación. Los petroleros de Vaca Muerta, con sumas no remunerativas de 380 mil pesos. Los metalúrgicos, un bono de 35 mil. Todos peleando, mes a mes, para no perder contra los precios.
Los senadores, en cambio, tienen el aumento asegurado por resolución. Sin paritarias, sin discusiones, sin desgaste. Solo esperan a que los trabajadores del Congreso negocien y después se suben.
LO QUE DICE LA RESOLUCIÓN (Y LO QUE NO DICE)
La resolución 8/24 establece que las dietas se actualizan automáticamente con el valor del módulo que negocian los gremios . En la letra, es un mecanismo «para atenuar la polémica» . En la práctica, es una forma de garantizar que los senadores nunca pierdan contra la inflación sin tener que sentarse a discutir un aumento en público.
Victoria Villarruel, presidenta del Senado, habilitó el decreto 344/25 que permite a los senadores renunciar al aumento mediante nota formal. Hasta el momento, según fuentes parlamentarias, nadie presentó esa nota.
LA CASTA NO EXISTE, PERO COBRA 11 MILLONES
Los libertarios llegaron al poder diciendo que venían a terminar con la casta. Hoy tienen senadores que cobran 11 millones sin mover un dedo. Tienen un sistema que les garantiza aumentos automáticos mientras los laburantes negocian migajas. Tienen un presidente de Diputados que define sueldos a dedo, sin explicaciones.
Y mientras tanto, el país sigue. Con jubilados que no llegan, con trabajadores que no cierran el mes, con pibes que se preguntan si estudiar sirve para algo.
La casta no es un concepto abstracto. Es esta. Es la que se vota aumentos a sí misma y después sale en cámara a decir que «hay que ajustar».
Y encima se hacen los ofendidos.
Que vayan a la concha de su madre con su «solidaridad» de cuarta, su «austeridad» de mentira y sus 11 palos. Acá afuera la gente se parte el lomo por dos mangos mientras ellos multiplican módulos sin levantar el culo de la banca.
Andá, decile a un laburante que «no hay plata» mientras vos te pegás el undécimo aumento automático. Andá, explicale a una jubilada que tiene que esperar mientras tus 4.000 módulos siguen subiendo como la espuma.
Hijos de puta, la casta no existe pero cobra 11 millones. Y el que no quiere ver es porque tiene los ojos llenos de la misma mierda que defiende.


























