La segunda Marcha Antifascista y Antirracista ya está en la calle. Ocurre hoy, 7 de febrero de 2026, desde la tarde, con una columna que parte del Congreso y avanza hacia Plaza de Mayo, mientras se replica en plazas de todo el país. No es un aniversario, no es una efeméride: es una respuesta directa a un gobierno que convirtió el odio en política pública.
La movilización es impulsada principalmente por movimientos LGBTI+, junto a organismos de derechos humanos y organizaciones sociales que no marchan por nostalgia sino por supervivencia. Las consignas son claras y no tienen doble lectura: “Acá no sobra nadie”, “Ninguna vida es descartable”, rechazo a la reforma laboral, a los DNU 61 y 62/2025 y exigencia de reparación histórica para travestis y trans mayores.
No es una agenda sectorial: es una agenda de derechos básicos en un país donde el ajuste ya eligió a quién golpear primero.
De Davos a la calle: cuando el discurso baja en forma de violencia
La primera marcha, en febrero de 2025, fue una reacción inmediata al discurso de Javier Milei en el Foro de Davos, donde el Presidente vinculó diversidad sexual con pedofilia. Un año después, la marcha no responde a una frase puntual sino a algo más grave: la persistencia del discurso de odio convertida en gestión cotidiana.
En estos doce meses no hubo rectificaciones. Hubo profundización.
Cierre del INADI.
Desmantelamiento del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad.
Protocolos represivos.
Criminalización de la protesta.
Abandono de políticas de prevención y asistencia.
La marcha de hoy no discute palabras: discute consecuencias.
Crímenes de odio, fuerzas de seguridad y silencios oficiales
Uno de los ejes centrales de la convocatoria es la denuncia por crímenes de odio ocurridos en noviembre de 2025, en Salta, Córdoba y Buenos Aires, con participación directa de fuerzas policiales en la muerte de jóvenes LGBTI+. Casos que siguen sin esclarecerse. Casos sin responsables. Casos sin respuestas del Estado.
Cuando el gobierno habla de “excesos aislados”, la calle responde con nombres, fechas y cuerpos.
Cuando el poder pide paciencia, las víctimas ya no tienen margen.
DNU, cárcel y biología: el retroceso como política
Los DNU 61 y 62/2025, firmados días después de la marcha del 1F del año pasado, aparecen hoy como símbolo del retroceso institucional: restringen el acceso a la salud de adolescentes travestis y trans y reinstalan criterios biológicos para el alojamiento en cárceles, exponiendo a personas trans a mayor violencia.
No es desprolijidad normativa.
Es una decisión ideológica.
Por eso la consigna antifascista no es exagerada: describe un modelo donde el Estado clasifica cuerpos, jerarquiza vidas y administra exclusión.
Una marcha dispersa, un malestar común
La movilización de este año no tiene la masividad ni la centralidad del 2025. Y no porque falten motivos. Hay cansancio social, empobrecimiento, miedo a la represión y una política tradicional más preocupada por administrar daños que por confrontar el modelo.
Sin embargo, la dispersión no es derrota: es síntoma.
Marchan diversidades, migrantes, jubilados, trabajadores precarizados, personas expulsadas del sistema. No todos bajo una misma bandera, pero sí bajo una misma certeza: el ajuste no es neutral y el odio tampoco.
La calle habló. El problema sigue siendo otro.
La marcha ocurre. La gente camina. Las consignas suenan.
Lo que sigue sin aparecer es una respuesta política integral capaz de asumir que el antifascismo no es una identidad estética sino una posición frente al poder.
Mientras el gobierno de Milei profundiza una agenda antipueblo con retórica racista, misógina y excluyente, la pregunta no es si habrá más marchas.
La pregunta es cuánto más va a tardar la política en entender que el costo de no hacer nada ya se está pagando en vidas.
🖤 InfoNegro
Verdad sin concesiones.
La calle no exagera. Advierte.



























