Miércoles 18 de marzo. Una nueva marcha de jubilados, una nueva represión, un nuevo nivel de bajeza. Mientras las fuerzas de seguridad desalojaban a personas con discapacidad que reclamaban por sus prestaciones, una agente de la Policía Federal fue captada insultando a una mujer de 71 años. La frase, textual: «A esta seguro que se la cog… todos los jubilados». Dicho con risas, con complicidad, con la misma naturalidad con que Patricia Bullrich firma protocolos antipiquete mientras su jefe los defiende a ultranza. El video se viralizó, las redes explotaron y el Ministerio de Seguridad, hasta ahora, sigue tan campante. Porque acá la violencia institucional no es un exceso: es política de Estado.
Miércoles 18 de marzo, 16 de la tarde. En la Plaza del Congreso, un grupo de personas con discapacidad y sus familias protestaban por los atrasos en los pagos de prestaciones. No había piedras, no había molotov, no había nada que justifique lo que pasó. Pero cuando el gobierno de Milei escucha la palabra «reclamo», el cerebro se les activa en modo comando.
Los efectivos de la Policía Federal, bajo las órdenes de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, avanzaron con el protocolo antipiquete. Empujones, gases, corridas. Y en medio del forcejeo, una agente fue grabada mientras miraba a una manifestante de 71 años y soltaba esta perla: «A esta seguro que se la cogen todos los jubilados». La frase, dicho con tono de burla, con desprecio, con la misma sorna con que se comenta el partido del domingo.
Lo peor no es que lo haya dicho. Lo peor es que después se rió con sus compañeros. Lo peor es que nadie le marcó la cancha. Lo peor es que este gobierno lleva más de dos años naturalizando que los viejos, los discapacitados, los que protestan, merecen ser tratados como basura.
EL CONTEXTO QUE NO VAS A VER EN TN
Este no es un hecho aislado. Es la misma policía que el 26 de febrero dejó al fotógrafo Pablo Grillo en coma inducido por el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza. Es la misma que el 12 de noviembre detuvo al padre Paco Olveira por «resistencia a la autoridad», mientras los diputados de Unión por la Patria miraban sin poder hacer nada. Es la misma que en diciembre pasado reprimió a trabajadores de prensa, a estudiantes, a cualquiera que se anime a poner un pie en la calle.
El Servicio Paz y Justicia, que tiene a Adolfo Pérez Esquivel como titular honorario, calificó la represión del 12 de marzo como «brutal» y advirtió: «Esta realidad nos hace dudar si realmente estamos frente a un Estado de derecho». 46 heridos, 124 detenidos, un fotógrafo al borde de la muerte, y ahora una mujer de 71 años insultada con la peor bajeza sexual.
LA DECLARACIÓN TEXTUAL (Y LO QUE DICE DE ELLOS)
«A esta seguro que se la cogeb todos los jubilados». La frase es tan aberrante que no necesita análisis. No es un insulto improvisado, es una construcción mental que asocia a una mujer mayor, que reclama por sus derechos, con la violencia sexual. Es el colmo de la perversión institucional.
Pero lo más grave es que la agente no actuó sola. Lo hizo en el marco de un operativo ordenado desde arriba, con la bendición de una ministra que cada miércoles justifica la represión y de un presidente que, el viernes pasado, salió a decir: «El que las hace las paga, los buenos son los de azul y los hijos de puta que andan con trapos en la cara son los malos» .
Traducción: los que defienden a los jubilados son hijos de puta. Los que insultan a una vieja con una frase misógina y criminal son los buenos.
LOS NÚMEROS QUE NO CIERRAN (Y LA CARA DE LA HIPOCRESÍA)
Mientras Bullrich y Milei defienden el accionar policial, los números cantan. La Comisión Provincial por la Memoria denunció que más de 35 personas resultaron heridas en la marcha del 4 de febrero. Las denuncias por violencia institucional y detenciones ilegales se acumulan en los juzgados. El abogado Gabriel Berrozpe presentó una denuncia contra Bullrich por el «accionar brutal, ilegítimo e inconstitucional» de la Policía Federal.
Pero el gobierno sigue tan campante. Porque para ellos, los jubilados no son personas. Son números. Son tipos que juntan cartones. Son viejas que merecen que les digan que se las cojen. Son obstáculos que hay que sacar de la calle para que el tránsito fluya.
LA REACCIÓN QUE NO LLEGA
Hasta el momento de escribir estas líneas, el Ministerio de Seguridad no emitió un solo comunicado identificando a la agente. Ni una disculpa. Ni una aclaración. Nada. El silencio cómplice que ya es marca registrada de esta gestión.
Los grupos de manifestantes, en cambio, ya adelantaron que presentarán una denuncia por violencia institucional y discriminación. Pero sabemos cómo funciona esto. Van a pasar meses, los abogados van a pedir pruebas, los jueces van a mirar para otro lado y la agente va a seguir cobrando su sueldo como si nada.
CIERRE: LA PUTA QUE LOS PARIÓ
Así que eso. Una mujer de 71 años, que podría ser tu vieja, tu abuela, tu tía, fue insultada por una uniformada con la frase más asquerosa que se pueda escuchar. Y mientras tanto, Bullrich sigue twitteando, Milei sigue gritando y los viejos siguen juntándose todos los miércoles a pelear por lo que les corresponde.
A esta agente, a sus jefes, a la ministra que avala estas barbaridades, a todo el gobierno que naturaliza la violencia contra los que menos tienen, les digo una sola cosa: ojalá tengan el destino de todos los que se creen dueños de la calle. Ojalá un día, cuando sean viejos y estén solos, alguien les grite lo mismo que ustedes gritaron. Ojalá les duela tanto como le duele a ella.
Pero mientras tanto, acá seguimos. Jubilados, discapacitados, negros, villeros, todos los que sobran para este gobierno, seguimos ocupando las calles. Porque la calle es nuestra. Y aunque nos pongan los gendarmes, aunque nos suelten los perros, aunque nos insulten con la bajeza más miserable, no nos van a correr.
Andá, segui riéndote con tus compañeros, uniformada. Acá afuera, la historia la escribimos nosotros. Y te vamos a recordar.


























