El ex asesor está detenido en Bolivia, el expediente amenaza con seguir haciendo ruido dentro del mileísmo y Javier Milei encontró la explicación antes que la Justicia termine de investigar: detrás están Lula, Evo Morales, Marcela Pagano y el castrochavismo. En la Rosada, cuando la realidad golpea la puerta, primero preguntan si tiene acento brasileño.
Fernando Cerimedo está detenido en Bolivia en una causa gravísima y Javier Milei ya encontró la tranquilidad que solamente puede proporcionar una conspiración internacional: el caso sería una operación del castrochavismo y Lula.
La explicación tiene una ventaja administrativa extraordinaria. No obliga a revisar relaciones políticas, antiguos asesores ni internas propias. Se completa un formulario sencillo: “¿Quién tiene la culpa?”. Casillero uno: Lula. Casillero dos: castrochavismo. Casillero tres: ambos.
Cerimedo fue asesor de Milei durante la campaña de 2023, pero ahora el Presidente asegura que no tiene vínculo con el espacio. La doctrina libertaria incorporó así el asesor descartable: participa cuando suma y se convierte en transeúnte cuando aparece esposado.
El problema para Karina no está solamente en Bolivia. Nadia Beller vinculó a Cerimedo con el circuito de difusión de los audios del escándalo de ANDIS que golpeó al corazón del karinismo. Por eso, lo verdaderamente incómodo no es únicamente lo que investiga la Justicia boliviana, sino qué otras cosas puede saber Cerimedo y a quién puede arrastrar si empieza a hablar.
Y en esa ruleta aparece Santiago Caputo.
Karina ya lo corrió de la comunicación estratégica y existe un temor político evidente a que Cerimedo pueda convertirse en otra bomba capaz de llevarse puesto a un hombre importante del Gobierno. En la Rosada dejaron de contar votos y empezaron a contar esquirlas.
La comunicación pasó a Santiago Oría, que recibió decenas de personas para reconstruir la imagen presidencial y combatir la maquinaria enemiga.
La primera gran batalla fue contra Iñaki Gutiérrez y Sharif Menem.
Se pelearon en WhatsApp por las filtraciones, se acusaron mutuamente y Karina tuvo que mandar a Oría a poner orden. La poderosa maquinaria digital destinada a enfrentar al socialismo internacional terminó convertida en un maternal libertario donde el problema urgente es descubrir quién mostró el chat.
Mientras Oría separa a los chicos, Milei pelea contra Lula.
Es una división del trabajo impecable.
Lo más extraordinario es la dimensión que Milei atribuye a la operación. En el mismo entramado aparecen Lula, Evo Morales, Pagano y el castrochavismo. Para perjudicar al Gobierno argentino, entonces, existiría una organización continental con capacidad para coordinar dirigentes de varios países, campañas digitales y operaciones políticas.
Y Karina no consigue coordinar un WhatsApp.
Ese contraste resume bastante bien el momento libertario: afuera existiría una maquinaria castrochavista perfectamente sincronizada; adentro, dos influencers necesitan supervisión adulta.
El caso Cerimedo, mientras tanto, sigue abierto. Y cada dato nuevo puede resultar más incómodo que el anterior.
Pero la explicación presidencial ya está lista.
Cerimedo es una operación del castrochavismo y Lula.
Si aparecen audios, Lula.
Si aparecen chats, castrochavismo.
Si Cerimedo habla y tiembla otro despacho, conspiración internacional.
Y si algún día la Justicia determina algo que contradiga el relato, siempre podrán denunciar una operación judicial.
Lo importante es conservar intacto el principio fundamental del Gobierno: libertad absoluta, propiedad privada y responsabilidad individual, siempre que la responsabilidad sea de otro.


























