El nuevo equipo digital debía reemplazar a las Fuerzas del Cielo y recuperar la imagen de Milei, pero estrenó funciones buscando quién filtró el chat y separando a Iñaki Gutiérrez de Sharif Menem. Karina tuvo que intervenir y Santiago Oría, flamante jefe de la comunicación oficial, terminó convertido en preceptor. Lilia Lemoine quedó afuera y ahora reclama cupo femenino. La batalla cultural entró en salita de cuatro.
Karina Milei desplazó a Santiago Caputo de la comunicación, puso a Santiago Oría al frente y le armó un equipo de unas 70 personas para recuperar la iniciativa digital del Gobierno.
Setenta personas.
Una estructura nacional.
Estrategia política.
Comunicación presidencial.
Producción audiovisual.
Redes sociales.
Y la primera emergencia fue:
“Seño, Sharif dice que Iñaki mandó las capturas”.
La revolución liberal finalmente encontró el tamaño correcto del Estado: una maestra jardinera cada dos influencers.
Todo empezó cuando se filtraron conversaciones del grupo de WhatsApp donde se coordina la nueva estrategia comunicacional. Martín Menem apuntó contra Iñaki. Iñaki negó ser el responsable y señaló a Sharif Menem.
La discusión escaló tanto que tuvo que intervenir Karina Milei.
No por el dólar.
No por Brasil.
No por el Congreso.
Porque dos muchachos se estaban acusando de buchones en WhatsApp.
Y ahí entró Santiago Oría.
El cineasta que acaba de quedarse con una de las áreas más sensibles del Gobierno recibió de Karina la tarea de mediar entre ambos.
Pasó de dirigir películas sobre Milei a dirigir algo bastante más difícil:
una adaptación libertaria de Chiquititas.
El episodio es todavía más maravilloso porque el nuevo equipo nació para reemplazar a Las Fuerzas del Cielo de Santiago Caputo. El karinismo consideraba que necesitaba profesionalizar la comunicación, recuperar las redes y terminar con las peleas que consumían al oficialismo.
La solución fue crear otro grupo.
Y se pelearon en el grupo.
Ni siquiera alcanzaron a esperar la interna presencial.
La eficiencia libertaria permitió digitalizarla.
Los adversarios internos bautizaron al nuevo espacio “División Palermo”. Pero quizá “Jardín Palermo” sea más preciso: Iñaki acusa a Sharif, Sharif acusa a Iñaki, Martín llama la atención, Karina llama al preceptor y Oría intenta que nadie vuelva a compartir capturas.
Para ingresar deberían pedir usuario de X, certificado de vacunas y vasito con nombre.
Mientras tanto, Las Fuerzas del Cielo contemplan el espectáculo desde afuera.
Los soldados digitales de Caputo prácticamente entraron en huelga después de perder terreno frente al karinismo. Una situación extraordinaria: el Gobierno que llegó prometiendo terminar con los intermediarios ahora tiene trolls sindicalizados de hecho reclamando por pérdida de tareas.
Falta que el Gordo Dan pida conciliación obligatoria y cerramos el círculo.
Pero todavía quedaba Lilia Lemoine.
Lilia ayudó a crear el Equipo Rocket y soñaba con convertirse en vocera presidencial. Sin embargo, quedó afuera del flamante grupo de comunicación.
Y entonces ocurrió uno de esos milagros que justifican seguir cubriendo la política argentina:
Lilia descubrió el cupo femenino.
Después de años de combatir el wokismo, la corrección política y buena parte del vocabulario progresista, Lemoine reclamó representación de mujeres dentro del equipo.
Rosa Luxemburgo se perdió la mejor temporada.
La diputada ahora espera que Karina intervenga porque, justamente, Karina es mujer. El inconveniente es que la hermana presidencial estaría bastante menos preocupada por romper el techo de cristal de Lilia que por evitar que rompa otra cosa antes del cierre de listas.
Además está Iñaki.
La relación entre ambos arrastra aquella exquisita escena posterior a las elecciones de 2023, cuando Lemoine lo llamó “señora” y pidió que le hicieran un antidoping.
Ahora pretende compartir estructura con él.
No necesitan perspectiva de género. Necesitan gabinete psicopedagógico.
Y todo esto sucede mientras Oría debería estar ocupado en una tarea ligeramente más importante: reconstruir la imagen de Javier Milei.
Tiene 70 personas para hacerlo.
Pero primero debe descubrir quién filtra chats, reconciliar a dos influencers, administrar la guerra con los caputistas, mantener funcionando al Equipo Rocket y comprobar si existe alguna manera constitucional de dejar a Lilia fuera del grupo sin que invoque la Convención de Belém do Pará.
Santiago Caputo manejaba operaciones políticas.
Oría heredó comunicaciones.
Karina esperaba disciplina.
Los chicos pusieron WhatsApp.
Y el Gobierno terminó descubriendo que para ganar las elecciones de 2027 quizá no necesitaba otro estratega.
Necesitaba una seño con experiencia en adaptación.


























