Fernando Cerimedo enfrenta en Bolivia una imputación por tentativa de femicidio contra Nadia Beller, su expareja embarazada, y tiene prisión preventiva. Ante semejante cuadro, Lilia Lemoine decidió burlarse del ataque y Milei la retuiteó, pese a que antes había ordenado a sus diputados no defender al consultor. La Libertad Avanza consiguió transformar una crisis judicial internacional en una reunión de consorcio administrada por Twitter.
Fernando Cerimedo tiene abogados. También tiene una fiscal que lo imputó por tentativa de femicidio, una prisión preventiva de 180 días y una investigación que promete bastante trabajo judicial.
Lo que no había pedido era que Lilia Lemoine se incorporara espontáneamente a la estrategia defensiva.
Porque hay momentos en que un acusado necesita buenos penalistas y otros en que necesita que alguien le saque el celular a sus amigos.
Nadia Beller llegó al hospital, según el parte médico difundido en Bolivia, con múltiples heridas de arma de fuego, una fractura expuesta de húmero y lesiones en distintas partes del cuerpo. Además, está embarazada de cuatro meses.
La Fiscalía consideró suficientemente grave el cuadro como para imputar a Cerimedo y disponer su prisión preventiva.
Lemoine examinó esos antecedentes con la profundidad jurídica que permite una cuenta de X y encontró una hipótesis alternativa: burlarse de los sicarios, hablar de una academia de “copitos” y deslizar que el atentado podría haber sido armado.

Comodoro Py puede cerrar tranquilo: apareció CSI Cosplay.
La comparación con los “copitos” tiene además una delicadeza institucional extraordinaria porque consigue meter en un mismo chiste dos ataques contra dirigentes o figuras públicas y una mujer embarazada baleada.
No es fácil conseguir semejante nivel de mal gusto sin cobrar entrada.
Pero el episodio alcanzó categoría de política de Estado cuando Javier Milei retuiteó a Lemoine.
Y ahí empezó el verdadero misterio policial.
No quién disparó en Bolivia.
Quién carajo gobierna en Buenos Aires.
Porque, según la información conocida, cuando los diputados libertarios consultaron qué hacer con Cerimedo, Milei había dado una instrucción tajante: no defenderlo.
Los legisladores obedecieron.
Error de principiantes.
Horas después el mismo Presidente amplificó el mensaje que relativizaba el ataque y respaldaba la línea defensiva de Cerimedo.
En cualquier gobierno eso sería una contradicción.
En éste es una actualización del sistema operativo.
La orden presidencial dura hasta el próximo retuit presidencial.
El bloque quedó desconcertado porque había hecho algo insólito: creerle al jefe.
Ahora los diputados saben que antes de cumplir una instrucción de Milei conviene esperar unas horas, actualizar X, mirar los “me gusta” y recién entonces averiguar cuál es la posición oficial.
Cancillería tiene protocolos diplomáticos.
Defensa tiene cadena de mando.
La Libertad Avanza tiene F5.
Pero existe un costado todavía más interesante.
Cerimedo ya estaba políticamente bajo sospecha dentro del oficialismo por su supuesto papel en la difusión de los audios vinculados al escándalo de la Andis que golpeó a Karina Milei.
Y ahí sí había indignación.
Porque una imputación judicial gravísima puede requerir prudencia.
Pero meterse con la hermana es prácticamente sedición.
De hecho, dentro del bloque lo habían definido como “desleal”.
Una palabra fascinante.
No “imputado”.
No “detenido”.
No “investigado”.
Desleal.
La moral libertaria tiene prioridades administrativas.
Mientras tanto, Lemoine atraviesa su propia emergencia laboral. Karina tomó distancia, su reelección en Diputados está amenazada y la diputada necesita demostrar que todavía conserva llegada al Presidente.
Y vaya si lo demostró.
Publicó una barbaridad y obtuvo un retuit presidencial.
En La Libertad Avanza eso vale más que presentar veinte proyectos de ley.
Lilia no consiguió todavía renovar la banca, pero renovó el abono a Javier.
El problema es que su defensa de Cerimedo tiene la elegancia de un tío borracho irrumpiendo en una audiencia judicial para explicar que conoce “la verdadera historia”.
Porque la hipótesis del autoatentado, según la información difundida, ya había sido planteada por el abogado de Cerimedo y rechazada por la fiscal.
El abogado hizo su trabajo.
La fiscal respondió.
Y entonces llegó una diputada argentina a explicar desde las redes que faltaba considerar la jurisprudencia del meme.
La defensa técnica había terminado; empezaba la defensa tóxica.
Para completar el paisaje, durante el allanamiento a la vivienda de Cerimedo se habrían encontrado importantes sumas de dinero, un teléfono satelital, elementos policiales y tarjetas donde aparecía presentado como asesor principal del presidente boliviano Rodrigo Paz. Esos hallazgos derivaron, según la información publicada, en otra investigación por presunto enriquecimiento ilícito.
Un millón de dólares, un teléfono satelital, elementos policiales, una causa gravísima y Lilia Lemoine defendiendo en Twitter.
A Cerimedo ya solamente le falta que le consiga una coartada el Gordo Dan.
La presunción de inocencia corresponde y deberá ser la Justicia boliviana la que determine responsabilidades. Precisamente por eso resulta tan brutal que representantes del oficialismo argentino conviertan semejante caso en material para la guerra cultural.
No están defendiendo jurídicamente a Cerimedo.
Están haciendo algo bastante más berreta: transformar la gravedad en tribuna para que los propios no tengan que hacerse preguntas incómodas.
Y Milei terminó estampándole el sello presidencial con un retuit.
Tal vez por eso la mejor recomendación jurídica para Cerimedo ya no venga de ningún penalista.
Que declare lo que corresponda.
Que presente las pruebas que tenga.
Que ejerza plenamente su derecho de defensa.
Y, sobre todo:
que Lilia no lo ayude más.



























