El Ministerio de Economía aprobó una inversión de 550 millones de dólares para ampliar el Gasoducto Perito Moreno, la misma infraestructura que antes se llamaba Néstor Kirchner. La obra estaba planificada, el financiamiento estaba asignado y los pliegos estaban escritos antes de que Milei asumiera. Ahora, el RIGI le pone la firma. La casta, otra vez, son los mismos.
La hipocresía tiene nombre y número
El gobierno de Javier Milei acelera una inversión de 550 millones de dólares en el Gasoducto Perito Moreno. El proyecto fue aprobado por el Ministerio de Economía bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La obra consiste en la ampliación del tramo I del gasoducto, que va desde Tratayén (Neuquén) hasta Salliqueló (Buenos Aires).
El dato no es la plata. El dato es el nombre. Porque esa misma infraestructura, hasta hace poco, se llamaba Gasoducto Néstor Kirchner.
El gobierno que llegó a la Rosada con la motosierra en la mano, que prometió terminar con la obra pública «innecesaria», que criticó durante años la «obra pública kirchnerista» como sinónimo de corrupción, hoy está acelerando una obra que nació con el nombre de su enemigo público número uno.
La hipocresía, como siempre, no tiene retiro.
Los números del ajuste selectivo
La inversión total es de 550 millones de dólares. De ese monto, 513 millones son considerados «activos computables» bajo el RIGI. La empresa, Transportadora de Gas del Sur (TGS), se comprometió a invertir 393 millones en el primer año y 30 millones en el segundo.
El Banco Central dio el visto bueno: la demanda de divisas «no afecta la sostenibilidad del sector externo ni las reservas internacionales». Traducción: para esto, dólares hay.
El gasoducto tendrá una capacidad incremental de 14 millones de metros cúbicos diarios. El plazo de ejecución es de 18 meses. El inicio formal fue el 1° de noviembre de 2025. Las operaciones comerciales comenzarían el 1° de abril de 2027.
La casta que no se nombra
El gobierno de Milei prometió eliminar la obra pública «innecesaria» y «corrupta». Pero resulta que el gasoducto Néstor Kirchner no era tan innecesario. Resulta que la infraestructura energética, esa que tanto criticaron cuando la planificaban los «populistas», hoy es clave para el plan de exportación de gas.
El RIGI, ese régimen que el gobierno vende como «incentivo a la inversión privada», es el mismo que beneficia a las grandes corporaciones con exenciones impositivas, aduaneras y cambiarias. TGS SD1, el vehículo de proyecto único, tendrá todos esos beneficios. Y también se comprometió a contratar al menos el 20% de proveedores locales.
La paradoja es perfecta: el gobierno que llegó para terminar con la casta está usando las herramientas de la casta para financiar una obra de la casta. El gasoducto Néstor Kirchner, con otro nombre, sigue adelante. Los dólares, los mismos de siempre. Los beneficiarios, los mismos de siempre. La diferencia es que ahora el que pone la firma es el ministro de Economía de Milei, no el de Fernández.
El gobierno de Milei acelera una obra que nació como Gasoducto Néstor Kirchner. La ampliación estaba planificada, los pliegos estaban escritos, los dólares estaban asignados. Todo lo que hizo falta fue cambiarle el nombre.
No es un gasoducto nuevo. Es el mismo. No es una idea nueva. Es la misma. No es una inversión nueva. Es la misma. Lo único nuevo es que ahora la firma el gobierno que dijo que iba a terminar con la obra pública.
La casta no es una ideología. La casta es una práctica. Y en el gobierno libertario, como en todos, la siguen practicando. El gasoducto Néstor Kirchner, ahora Perito Moreno, es la prueba.



























