El gobierno rompió con décadas de neutralidad histórica y se metió de cabeza en la guerra de Medio Oriente. El presidente llamó a «ponerle fin al régimen iraní», se declaró «el más sionista del mundo» y ofreció tropas. La respuesta de Teherán no se hizo esperar. La directora general para las Américas de la cancillería iraní, Zahra Ershadi, advirtió que Argentina cruzó una «línea roja imperdonable» y que el gobierno de Milei asumirá «responsabilidad internacional» por violar la Carta de la ONU. El exembajador Oscar Laborde fue más crudo: «La ofensa de festejar el asesinato de un líder espiritual va a tener repercusiones». La pregunta que nadie responde es si vale la pena.
Argentina tiene una tradición en política exterior que le costó sangre y décadas construir: la neutralidad. No meterse en guerras ajenas. No tomar partido en conflictos que no son los nuestros. Fue la regla desde la Segunda Guerra Mundial. Se rompió con Menem en los años 90, cuando el país se alineó con Estados Unidos y envió buques al Golfo. Se recompuso después, con gobiernos de distinto signo, que entendieron que la mejor manera de no ser blanco de ataques era no buscar enemigos.
Javier Milei no leyó esa parte de la historia. O la leyó y le importó poco.
La doctrina Milei
En las últimas semanas, el presidente argentino hizo una serie de declaraciones que los diplomáticos consultados calificaron como «inéditas» y «peligrosas». En la Universidad Yeshiva de Nueva York, ante una audiencia que lo ovacionaba, dijo que «vamos a ganar la guerra» refiriéndose al conflicto con Irán. Se declaró «el presidente más sionista del mundo». Justificó su postura con los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel.
El argumento es potente. Pero también es una trampa. Porque si la guerra contra Irán es nuestra por los atentados del 92 y el 94, entonces debería ser nuestra desde hace treinta años. Y no lo fue. Hasta que Milei decidió que sí.
La respuesta de Teherán: «línea roja imperdonable»
En Teherán no tomaron la declaración como un simple gesto diplomático. La directora general para las Américas de la cancillería iraní, Zahra Ershadi, salió al cruce con un mensaje que debería encender todas las alarmas en la Casa Rosada. Advirtió que Argentina cruzó una «línea roja imperdonable» al alinearse incondicionalmente con la agresión militar de Estados Unidos e Israel . La funcionaria iraní también sostuvo que el discurso belicista de Milei busca desviar la atención de los problemas económicos internos y los escándalios de corrupción que afectan a su administración .
Pero lo más grave vino después: Ershadi advirtió que las posturas belicistas del presidente argentino le acarrearán «responsabilidad internacional» por violar la Carta de las Naciones Unidas . Es decir, Irán ya está preparando el terreno para denunciar a Argentina ante los organismos internacionales si el gobierno sigue escalando en su retórica bélica.
El antecedente de enero
No es la primera vez que Irán le tira los trastos a la cabeza a la gestión Milei. En enero de este año, el gobierno argentino designó a la Fuerza Quds del IRGC como organización terrorista. La respuesta de Teherán fue inmediata: el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní calificó la medida como «ilegal» y «políticamente motivada», impulsada por «presiones del régimen sionista» . En esa ocasión, el portavoz de la cancillería iraní, Nasser Kanaani, advirtió que la decisión no solo dañaba gravemente las relaciones bilaterales, sino que sentaba un «peligroso precedente» en las relaciones internacionales .
Kanaani también salió a cruzar a la justicia argentina por seguir insistiendo con la implicación iraní en el atentado a la AMIA. En declaraciones de marzo, el vocero condenó los «comentarios infundados» del ministerio de Justicia argentino y llamó a las autoridades a «evitar declaraciones y acciones hostiles contra Irán» .
Las advertencias que llegaron tarde
Ahora, los analistas empiezan a hacer cuentas. El exembajador Oscar Laborde, en declaraciones recogidas por los medios, fue contundente: «El abandono de la neutralidad histórica no es inocuo. La ofensa de festejar el asesinato de un líder espiritual va a tener repercusiones». Laborde también calificó la postura oficial como «incondicional y bufonesca».
Otros diplomáticos advirtieron que Argentina puede convertirse en blanco de ataques por primera vez desde los años 90. El país ya no es un observador neutral. Es un actor. Y en esta guerra, los actores pagan precio.
El precio que nadie calculó
Milei ofrece tropas. Ofrece naves. Ofrece la política exterior argentina en bandeja. No le piden nada. Él se ofrece solo. Y mientras tanto, el Congreso ni siquiera fue convocado a debatir el envío de soldados al exterior, que requiere autorización parlamentaria.
La pregunta que flota en el aire es simple: ¿qué ganamos con esto? Argentina no tiene intereses estratégicos en Medio Oriente. No comercia con Irán en volúmenes significativos. No tiene una comunidad iraní que justifique un alineamiento tan beligerante. Lo que tiene es un presidente que decidió que su fe personal es más importante que la seguridad nacional.
La sombra de los años 90
El antecedente no es menor. En 1992 y 1994, los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA marcaron a fuego a la Argentina. La investigación quedó trunca. Los acusados, iraníes, nunca fueron juzgados. Y durante años, el país pagó el precio de haber sido señalado como enemigo por una de las potencias más impredecibles de la región.
Ahora, con un presidente que llama a «ponerle fin al régimen iraní» y que se ofrece como aliado de Israel en una guerra abierta, los analistas temen que la historia se repita. O peor: que sea peor.
Lo que viene
Irán ya anunció que está preparando una «respuesta proporcionada» a la hostilidad abierta del presidente Milei. Los medios iraníes comenzaron a publicar advertencias sobre las consecuencias de alinear a Argentina con Washington y Tel Aviv . El gobierno argentino, mientras tanto, sigue ofreciendo ayuda militar sin que nadie se la pida.
La oposición se divide. Los medios debaten. Y los argentinos, que no votaron esta guerra, esperan que los años 90 no vuelvan a repetirse.
Nos leemos pronto.


























