Macri juntó a más de 3000 dirigentes en Parque Norte para relanzar un PRO que quedó hecho migas después de que Patricia y media docena de diputados se fueran con los libertarios. El mensaje fue un manual de cómo ser oficialista y oposición al mismo tiempo: apoyamos el rumbo, pero tenemos diferencias; el equilibrio fiscal es un logro histórico, pero la plata no alcanza; no somos un paso atrás, somos el próximo paso. Mientras tanto, los gobernadores amarillos llegaron sobre la hora, el “Mago Sin Dientes” se ubicó en la entrada y Vidal ironizó: “Para estar muertos somos un montón”.
Jueves 19 de marzo. En Parque Norte, el mismo lugar donde Mauricio Macri lanzó su candidatura presidencial en 2015 y donde Cambiemos festejó el triunfo ese año, el PRO se dio cita para un acto que olía a resurrección. O a terapia de grupo, según cómo se mire. Con globos amarillos, música de Airbag y Tan Biónica de fondo, y más de 3000 dirigentes que sobrevivieron a la sangría libertaria de 2025, el expresidente se paró frente al escenario para decirle al país que el partido que fundó hace 20 años no está muerto.
La frase que quedó para la posteridad fue una joyita digna de manual de marketing político: “El PRO no viene a cuestionar el rumbo, viene a completarlo, somos el próximo paso”. O sea, según Macri, ellos no son los que rompieron todo, son los que vienen a arreglar lo que los libertarios van dejando a medio hacer. Como el albañil que entra después del derrumbe.
LAS DECLARACIONES TEXTUALES (PARA QUE NO DIGAN QUE INVENTAMOS)
Macri habló poco más de 18 minutos. Poco para él, mucho para lo que suele soportar la militancia amarilla. Dijo que no coinciden en todo con el gobierno de Milei, pero que su prioridad es el cambio. Dijo que el equilibrio fiscal es un logro histórico, pero que hay una diferencia enorme entre estabilizar y construir. Dijo que los argentinos aguantan el costo del cambio: “los precios que suben, los servicios más caros, la plata que no alcanza». Y remató con una aclaración contundente: “No vamos a hacer oposición, no vamos a boicotear ninguna ley que haga bien al país, no vamos a darle ninguna excusa al populismo para volver”.
En criollo: les vamos a votar todo, pero no se olviden de que nosotros sabemos gestionar mejor.
Jorge Macri abrió el fuego con un discurso que sonó a autobombo: recordó que el PRO tuvo “el primer presidente no peronista que terminó un gobierno en Argentina”. Vidal, por su parte, largó la frase más celebrada de la tarde: “Para estar muertos somos un montón”. Y Ritondo, fiel a su estilo de soldado leal, dijo que no son oficialistas pero que bancan el cambio: “Sin nosotros no hubo cambio en la Argentina posible”.
EL ANÁLISIS DE LAS DECLARACIONES (O CÓMO ESTO ES UNA DECLARACIÓN DE GUERRA CON ABRAZO INCLUIDO)
Lo que hizo Macri en Parque Norte es una jugada de ajedrez complicada de explicar. Por un lado, ratificó su lealtad al gobierno libertario: “En estos años hicimos algo casi inédito, que nunca pasa en la política argentina: apoyar a un gobierno sin ser gobierno y sin pedir nada a cambio”. Por otro lado, marcó la cancha: “Hay una diferencia enorme entre estabilizar y construir, entre parar la caída y empezar a subir, entre el primer paso y el próximo paso”.
Traducción: Milei rompió todo, nosotros venimos a construir la casa nueva. El problema es que los albañiles todavía no tienen los planos, y los dueños de la casa (los votantes) no saben si quieren otro piso o directamente mudarse.
EL CONTEXTO QUE NO VAS A VER EN LOS DISCURSOS
Mientras Macri hablaba de “próximo paso” y “construcción”, los números del PRO cantaban otra cosa. En la Cámara de Diputados, el bloque amarillo pasó de 33 integrantes a 12 en un año. Ocho legisladores migraron a La Libertad Avanza, dos se fueron a Provincias Unidas [perfil, 2026]. Nombres como Silvana Giudici, Damián Arabia, Sabrina Ajmechet y Laura Rodríguez Machado ya no responden a Macri. Se fueron con los libertarios, como esos amigos que se cambian de mesa en el casamiento cuando ven que la comida tarda.
En la Ciudad, el bastión histórico del PRO, la cosa no está mucho mejor. Los libertarios vienen pisando fuerte con posibles candidatos como Manuel Adorni, Patricia Bullrich o Pilar Ramírez. Y Larreta, que estuvo en el acto, ya anunció que quiere pelear la CABA con su propio frente, que incluye guiños al peronismo no K. El PRO está más fragmentado que un espejo después de una pelea de pareja.
LOS PRESENTES Y LOS AUSENTES (Y LA IRONÍA DE SIEMPRE)
Entre los que estuvieron, además de los mencionados, se vieron caras conocidas: Ezequiel Sabor, Fernando De Andreis (el organizador), Gabriela Ricardes, Andrés Ibarra, Hernán Lacunza, Guillermo Dietrich, Silvia Lospennato, Francisco Cabrera, Francisco Quintana, Jimena de la Torre, Hernán Lombardi, Laura Alonso, Dario Nieto, Alex Campbell, Rocío Figueroa, Gabriel Sánchez Zinny, Fernán Quiroz, Waldo Wolff, Soher el Sukaria, Facundo Pérez Careletti y Humberto Schiavoni. El “Mago Sin Dientes”, ese personaje que no falta a ningún acto amarillo, se ubicó estratégicamente en la entrada. Jorge Triaca llegó cuando ya había terminado todo, porque la puntualidad no es su fuerte.
Pero también hubo ausencias notables. Patricia Bullrich, la gran perdedora de esta interna, no apareció. Larreta estuvo, pero se sabe que ya no juega para el mismo equipo. Y los gobernadores Frigerio y Torres llegaron sobre la hora, después de que el acto ya había empezado. Una imagen que dice mucho de la lealtad de los mandatarios amarillos.
EL PRO SE AGARRA DE LO QUE PUEDE
Macri dijo que el PRO es “el próximo paso”. Puede ser. Pero cuando das un paso y mirás para atrás, ves un tendal de dirigentes que se fueron con los libertarios, una bancada reducida a un tercio de lo que era, y un partido que no sabe si ser oficialista, oposición o una tercera vía que todavía no encontró su identidad.
Vidal lo resumió con una ironía: “Para estar muertos somos un montón”. Es cierto. Están vivos, pero respirando con la ayuda de un respirador amarillo que cada vez tiene menos oxígeno. Mientras tanto, Milei sigue gobernando, los libertarios siguen creciendo, y el PRO sigue esperando ese “próximo paso” que los devuelva al centro de la escena.
Ojalá no sea un paso en falso.


























