La Policía de la Ciudad rescató a 18 personas, entre ellas siete menores, que vivían y trabajaban en condiciones inhumanas dentro de un taller textil clandestino en Monte Castro. Las víctimas dormían bajo el sistema de “cama caliente”, sin ventilación, encerradas y sin posibilidad de salir libremente. El taller funcionaba desde hacía años y vecinos denunciaron movimiento constante de camiones y mercadería.
Ciudad de Buenos Aires, 13 de mayo de 2026. Detrás de una fachada silenciosa en una calle residencial de Monte Castro funcionaba desde hacía años una estructura de explotación extrema. En una vivienda de Bahía Blanca al 2200, la Policía de la Ciudad encontró este miércoles a 18 personas —once adultos y siete menores de edad— viviendo y trabajando en condiciones de servidumbre dentro de un taller textil clandestino que, según la investigación preliminar, operaba bajo un régimen de encierro, explotación laboral y hacinamiento.
El operativo se realizó después de una denuncia anónima que alertó sobre la presencia de menores trabajando dentro del inmueble y sobre las condiciones en las que permanecían las familias. La información permitió que personal de la División Trata de Personas iniciara tareas de investigación y finalmente allanara el lugar por orden del juzgado federal a cargo de Ariel Lijo.
Lo que encontraron adentro expuso una postal brutal de explotación en plena Ciudad de Buenos Aires.
Según detallaron fuentes vinculadas al procedimiento, las personas rescatadas permanecían encerradas, sin ventilación adecuada, con espacios mínimos para dormir y trabajar, y sin autonomía para entrar o salir libremente del lugar. Varias de las víctimas eran migrantes y se encontraban en situación de extrema vulnerabilidad social y laboral. Dentro de la vivienda convivían máquinas textiles, colchones, ropa acumulada y sectores improvisados para descanso en condiciones completamente precarias.
La investigación también confirmó la utilización de la modalidad conocida como “cama caliente”, una de las formas más degradantes de explotación dentro de talleres clandestinos. El sistema implica que distintos trabajadores se turnen para dormir sobre las mismas camas o colchones mientras otros continúan trabajando, manteniendo una actividad prácticamente ininterrumpida durante gran parte del día y la noche.

No se trataba solamente de trabajo informal.
Era explotación organizada.
Fuentes consultadas por InfoNegro señalaron que varias de las víctimas llevaban largos períodos dentro del taller sin acceso real a condiciones básicas de vida digna. La falta de ventilación, el encierro permanente y la convivencia de menores dentro del mismo espacio laboral fueron algunos de los elementos que más impactaron a los equipos de asistencia que ingresaron al inmueble tras el allanamiento.
Vecinos de la zona declararon que el movimiento del lugar era visible desde hacía tiempo. Camiones cargando y descargando telas, circulación constante de mercadería y actividad continua dentro de la vivienda formaban parte de una rutina que se había naturalizado en el barrio. Lo que muchos desconocían era que detrás de esas paredes también vivían familias enteras sometidas a condiciones de explotación extrema.
El caso vuelve a poner en discusión una problemática estructural que atraviesa históricamente a la industria textil clandestina en Argentina. Talleres ilegales, trabajo migrante precarizado, explotación infantil y redes de producción informal siguen funcionando en distintos puntos del país, muchas veces ligados a cadenas de comercialización mucho más amplias que terminan abasteciendo marcas, ferias y circuitos de venta masiva.
Las organizaciones especializadas en trata y explotación laboral vienen advirtiendo desde hace años que el problema no desapareció después de tragedias emblemáticas como el incendio del taller clandestino de Caballito en 2006, donde murieron seis personas, entre ellas cuatro niños. Lo que cambió fue la capacidad de invisibilización de estas redes, que continúan operando en zonas urbanas bajo esquemas cada vez más precarios y difíciles de detectar.
En este caso, la presencia de menores agravó todavía más la situación judicial de los responsables del taller. Hasta el momento no trascendieron oficialmente las identidades de quienes administraban el lugar, aunque la causa ya quedó bajo investigación federal por posibles delitos vinculados a trata de personas, reducción a la servidumbre y explotación laboral.
Tras el operativo, intervino personal de Migraciones, la Agencia Gubernamental de Control y equipos especializados en asistencia a víctimas. Trabajadores sociales y organismos de protección comenzaron tareas de contención para determinar la situación particular de cada una de las personas rescatadas y definir alternativas de alojamiento y asistencia inmediata.
El caso también vuelve a exponer una contradicción profunda dentro del modelo económico y laboral que atraviesa actualmente al país. Mientras el Gobierno nacional avanza con reformas orientadas a flexibilizar controles laborales y reducir capacidad de inspección estatal, continúan apareciendo estructuras clandestinas donde el trabajo deja directamente de ser precarización para transformarse en explotación extrema.
Porque detrás de cada taller clandestino no hay solamente informalidad.
Hay personas viviendo encerradas.
Hay niños creciendo dentro de fábricas ilegales.
Hay trabajadores convertidos en mano de obra descartable para sostener cadenas de producción baratas.
Y hay un sistema económico entero que muchas veces mira para otro lado mientras la explotación permanece escondida detrás de una persiana cerrada.



























