Más de 600.000 personas coparon Palermo el domingo en el circuito callejero sobre Avenida del Libertador. El road show de Fórmula 1 se convirtió en la mayor convocatoria del automovilismo en décadas en Argentina. Una multitud, una fiesta popular y una señal imposible de ignorar para la categoría. La F1 no se fue: estaba esperando volver.
El fenómeno Colapinto desbordó Palermo con una convocatoria histórica y un clima de fiesta popular. InfoNegro estuvo ahí y te cuenta cómo se vivió el evento que reavivó la pasión por la Fórmula 1 en Argentina.
Doce años desde que un coche de Fórmula 1 no venía a la Argentina en una exhibición, 28 años desde que la categoría corrió su último Gran Premio en Buenos Aires, 24 años sin que un corredor argentino estuviera en la máxima categoría del automovilismo y 44 años sin que un piloto de nuestro país generara tantas expectativas como lo está haciendo Colapinto en la actualidad.
Actualmente faltan referentes deportivos argentinos de élite por fuera del fútbol. Ya no están en actividad Ginóbili, Del Potro, Pareto, Curuchet, Scola, Nalbandian, Meolans, Bardach, Cambiasso, entre otros.

Todos esos factores, sumados a la situación que vive hoy el país, fueron un combo que, junto al carisma, la calidad deportiva y lo difícil y cerrado que es el mundo de la Fórmula 1 —con solo 22 butacas disponibles—, hicieron que la gente, tanto la que seguía el automovilismo como la que no, se sintiera identificada con el piloto de Alpine y se convirtiera en hincha, fanática o seguidora del joven oriundo de Pilar. Eso se vio reflejado en las más de 600.000 personas que se acercaron hasta Palermo.
Y todas esas personas fueron el ejemplo vivo de lo mencionado anteriormente. La organización del evento estuvo a la altura de las circunstancias, intentando mostrar de manera concreta por qué la categoría debe volver al país.

La mayoría de la prensa que solicitó acreditaciones pudo obtenerlas. Por cuestiones lógicas, los medios independientes tuvieron menos acceso a ciertas instancias del evento, pero sí pudieron cubrirlo desde sectores privilegiados, aunque sin ingresar a algunas zonas específicas.
No se permitió la retransmisión en vivo de la exhibición porque una cadena tenía los derechos. Es entendible, ya que hubo inversión, pero por la magnitud del evento y su interés popular, podrían haberse considerado alternativas para que quienes no pudieron asistir o no tenían suscripción accedieran al contenido, aunque fuera de forma limitada.

Todos los sectores, tanto pagos como gratuitos, contaban con suficientes puestos de hidratación, sanitarios, seguridad y food trucks para un evento de esta magnitud.
El ingreso y el egreso fueron bastante ordenados teniendo en cuenta la cantidad de gente. A la mañana, cerca de las 8:30, cuando se abrieron todos los accesos, hubo algo de desorganización y algunos intentos de colarse, lo que desbordó momentáneamente a la seguridad. Sin embargo, la organización reaccionó rápido y ajustó el sistema para normalizar el ingreso.
Al mediodía ya había una gran cantidad de público dentro del predio, aunque durante toda la jornada siguieron llegando personas.
Adentro era una fiesta. Cerca del circuito, la gente buscaba la mejor ubicación para ver el auto; más atrás, en el parque, muchos optaban por disfrutar sentados, con mate y mayor comodidad, siguiendo el evento a través de pantallas gigantes.
En los sectores gratuitos sorprendió la cantidad de propuestas: pantallas, sonido, merchandising, activaciones de marcas e incluso un escenario con DJs y presentadores para cubrir los tiempos entre pasadas.

El comportamiento del público fue destacable. No hubo avalanchas ni conflictos. Muchas familias, grupos de amigos y un ambiente general de respeto. Algunos se subían a estructuras para ver mejor, pero sin generar problemas.
Antes de cada salida del auto, la policía pedía que se bajaran de esos lugares. La gente acataba sin inconvenientes, aunque luego volvían a subirse cuando comenzaba la acción. Aun así, siempre primó el respeto, especialmente hacia quienes estaban con menores.
La desconcentración fue ordenada y en dos etapas, lo que ayudó a evitar caos. Tras la última pasada, gran parte del público se retiró, mientras otros esperaron el saludo final del piloto.

En las inmediaciones, especialmente en Plaza Italia, se mezcló el público del evento con el de la Feria del Libro, generando una marea de gente que se fue disipando a medida que avanzaba la tarde.
Y así, mientras el sol caía y el viento comenzaba a soplar más fuerte, la gente emprendió el regreso a sus hogares.
Argentina sigue teniendo sus problemas de siempre. Pero ahora tiene algo más: un nuevo referente deportivo para ilusionarse, además de Messi. Franco Colapinto llegó para quedarse.



























