La exministra de Seguridad armó un «contrato extralarge» con la empresa de Peter Thiel, la misma que usa el ICE para cazar inmigrantes y la CIA para espiar medio mundo. Su objetivo: poner a Diego Valenzuela al frente de Migraciones y firmar el negociado con su pareja, Guillermo Yanco. Pero Karina Milei y los primos Menem olfatearon el curro y le bajaron el pulgar. Valenzuela se quedó sin cargo, Bullrich se comió un cachetazo y la empresa más siniestra del capitalismo de vigilancia sigue acechando la Argentina.
En la Argentina donde la tele discute si la inflación va a aflojar o si el pan sigue escapándose del bolsillo, adentro de la Casa Rosada se armaba otra pelea: una interna con plata, poder y Palantir, la empresa de software fundada por el magnate tecnológico Peter Thiel, especialista en vender sistemas de análisis de datos y vigilancia a gobiernos de medio planeta.
Patricia Bullrich tenía un plan bastante concreto: abrirle la puerta del Estado argentino a esa empresa usando la estructura de Migraciones. La jugada era sencilla. Colocar al intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, al frente de la Dirección de la Agencia de Seguridad Migratoria para que firmara un contrato que, según versiones que circularon en el Congreso, ya venía bastante trabajado entre la ministra y su pareja, Guillermo Yanco.
Pero en el medio apareció Karina Milei. Y con Karina, los primos Martín y Lule Menem. Y el negocio empezó a hacer ruido.
En el Congreso lo resumieron sin rodeos: “Bullrich armó un contrato extralarge para hacer caja con Palantir”. El comentario llegó rápido al entorno de la hermana del Presidente y a los riojanos, que empezaron a mirar el asunto con bastante atención.
El resultado fue rápido: Valenzuela quedó afuera del cargo antes de que el acuerdo avanzara.
En el Senado lo sintetizaron con una frase que explica bastante bien cómo funcionan estas internas: “Bullrich y Yanco pensaron en ellos, pero se olvidaron de avisarle al resto”.
QUIÉN ES PALANTIR Y POR QUÉ DEBERÍA IMPORTARTE (AUNQUE NO TENGAS REDES SOCIALES)
Para los que viven en una burbuja, Palantir Technologies no es una empresa de software común. Es la firma fundada por Peter Thiel, el multimillonario de Silicon Valley que dijo que «la libertad y la democracia ya no son compatibles» y que financió la primera campaña de Trump con plata de la CIA. Sí, leíste bien: la CIA invirtió en Palantir a través de su fondo In-Q-Tel cuando la empresa daba sus primeros pasos.
Su especialidad: el análisis de macrodatos. Su negocio: venderle a los Estados la capacidad de espiar a sus propios ciudadanos. En Estados Unidos, el ICE usa el software de Palantir (una aplicación llamada ELITE) para localizar, encarcelar y deportar inmigrantes. Funciona como un Google Maps de la persecución: asigna puntuaciones a las personas según la «fiabilidad» de los datos, cruza información de Medicaid y bases gubernamentales, y muestra en un mapa quién puede ser deportado.
En el Reino Unido, Palantir obtuvo un contrato de 330 millones de dólares con el Ministerio de Defensa y gestiona la Plataforma Federada de Datos del sistema de salud público (NHS). Organizaciones civiles denuncian que el Estado británico entregó información sensible de millones de ciudadanos a una firma vinculada a la inteligencia de EE.UU., perdiendo soberanía sanitaria.
En Alemania, tres estados federales recurrieron a Palantir y enfrentan recursos de inconstitucionalidad por violación del derecho a la autodeterminación informativa. En Dinamarca, los servicios de inteligencia buscan reemplazarla porque temen que Trump acceda a los datos.
EL DECRETO QUE ABRE LA PUERTA (O QUIERE ABRIRLA)
El gobierno de Milei ya sentó las bases para que Palantir ingrese. El 2 de enero pasado se publicó el decreto que reorganiza la SIDE y crea la Comunidad Informativa Nacional (CIN), que concentra datos de Cancillería, los ministerios de Justicia y Seguridad, Renaper, Migraciones, Aduana, ARCA y hasta la CONAE. Todo en un solo lugar. Todo listo para ser procesado.
El software de Palantir compila datos al instante, extrayéndolos de teléfonos celulares, redes sociales y las bases estatales que le abran. En Estados Unidos, el ICE lo usa para identificar «objetivos de alto valor». En el Reino Unido, para vigilar a opositores por «delitos de opinión» durante las protestas por Gaza. En Argentina, ¿para qué lo querrían?. La respuesta es obvia.
LA INTERNA QUE TAPA EL DEBATE DE FONDO
Lo más patético de esta historia es que el debate público se reduce a la pelea entre Bullrich y Karina. Mientras ellas se sacan los ojos por la caja, nadie discute lo que realmente importa: ¿Qué hace una empresa fundada por la CIA procesando datos de argentinos?. ¿Quién controla esa información?. ¿Qué garantías hay de que no se use para perseguir opositores, como ya pasó en otros países?.
El diputado socialista Esteban Paulón ya adelantó que la oposición reclamará información sobre los acuerdos firmados por Milei y el ministro de Defensa, Carlos Presti, para adherir al «Escudo de las Américas» de Trump. Los legisladores creen que el gobierno puede estar a punto de habilitar el ingreso de Palantir, con la afectación de derechos civiles que eso implica.
Un diputado libertario admitió con preocupación: «Si viene Palantir, todo lo demás no importa porque cambia la forma de gobernarnos».
LO QUE DICE CAPUTO (Y LO QUE NO DICE)
Santiago Caputo, el asesor presidencial, salió a desmentir que Palantir esté operando en Argentina. En un cruce en redes con el periodista Juan Alonso, escribió: «Palantir no existe en Argentina. Palantir es una empresa de software de fusión de datos (principalmente), no de espionaje. El espionaje si ocurre es en el punto de origen de la información, no en un Excel glorificado».
Caputo tiene razón en algo: el software en sí mismo no espía. Espían los que ponen los datos. Y acá, el decreto de la SIDE ya puso los datos. Solo falta el «Excel glorificado». Y las ganas de usarlo.
CIERRE: LA INTERNA GANA, LA DEMOCRACIA PIERDE
Mientras Bullrich y Karina se pelean por la caja, el país no discute si queremos ser vigilados por una empresa que ayudó a Trump a deportar inmigrantes, que trabaja para la CIA y que ya demostró en media Europa que sus algoritmos son una caja negra sin control democrático.
El gobierno de Milei prometió libertad. Lo que está armando es una estructura de control que ni la dictadura se animó a tener. Porque Videla necesitaba secuestrar personas. Estos, con un algoritmo, te marcan en un mapa y mandan a los milicos.
Y mientras tanto, las internas siguen. Bullrich quiere hacer caja. Karina quiere poder. Y Palantir espera, como el buitre, a que le abran la puerta.



























