El ex jefe de gobierno que gobernó CABA durante ocho años vuelve a las andadas. Este lunes se sienta con Pagni para relanzar su candidatura porteña 2027. Macri, mientras tanto, pide que le bajen un cambio a las críticas contra Horacio. ¿El motivo?. Tiene miedo de que los libertarios le roben la Ciudad que manejan hace 20 años y necesita juntar todos los votos amarillos, aunque sean de los que se odian. Larreta, que viene de un ostracismo de novela, se frota las manos. Y el PRO, ese partido que parece un geriátrico de rencores, se prepara para otra interna de aquellas.
Viernes 13, pero de suerte para unos y de terror para otros. Horacio Rodríguez Larreta, el hombre que gobernó la Ciudad de Buenos Aires durante ocho años como si fuera un country privado, decidió que ya tuvo suficiente descanso. El lunes se planta en el programa de Carlos Pagni en LN+ para relanzar su candidatura a jefe de gobierno porteño en 2027.
¿Se acuerdan de Larreta?. Ese tipo que perdió la interna con Bullrich, después se fue del PRO, después volvió, después fue candidato a legislador porteño el año pasado y después se tomó un receso tan largo que parecía que se había jubilado sin avisar. Bueno, resulta que no. Que todavía tiene resto para pelear la Ciudad. Que la sangre amarilla no se negocia.
MAURI PIDE PIEDAD
Lo más gracioso de todo es que, en paralelo a esta movida, desde el macrismo empezaron a filtrar un mensaje: «No le peguen a Horacio». ¿Quién dijo eso?. El propio Mauricio Macri, según trascendió. El mismo que lo ninguneó durante años, que lo dejó solo en la interna, que lo miró con cara de «vos no servís» mientras Patricia se llevaba todos los aplausos.
¿Y ahora por qué tanta ternura?. Simple: el PRO está más diezmado que un equipo de fútbol con seis lesionados. Los libertarios le vienen comiendo terreno en la Ciudad, Jorge Macri no termina de despegar, y el temor de Mauricio es que en 2027 se les escape el último bastión que les queda. Así que hay que sumar, aunque sea al ex amigo enemigo. La política es una caja de resonancia de rencores, pero cuando el poder peligra, hasta los odios se congelan.
LARRETA, EL FÉNIX PORTEÑO
Larreta viene de un extenso receso estival en la Legislatura porteña, donde casi nadie se acordaba de que era legislador. Pero ahora vuelve. Con su sonrisa de nene bueno, con su look de candidato a todo, con su discurso de gestión y consenso. Va a hablar de la Ciudad, de los logros de su gestión (que fueron muchos, hay que reconocerlo), de lo importante que es volver a los orígenes.
Lo que no va a decir es que el PRO está hecho pelota, que los libertarios le pisan los talones, que Jorge Macri no convoca, que Bullrich se fue al espacio violeta y que él mismo tiene que remar en dulce de leche para que le crean.
EL MIEDO DE MACRI
Mauricio Macri sabe que la Ciudad es la última joya de la abuela. Si la pierden en 2027, el PRO queda reducido a una fuerza testimonial, un club de ex funcionarios que se reúnen a tomar café y recordar viejos tiempos. Por eso necesita que Larreta y Jorge Macri y los restos del naufragio se pongan de acuerdo, aunque sea a las patadas.
El problema es que Larreta viene con candidatura propia, con equipo propio, con agenda propia. Y en el medio, los libertarios ya están aceitando la máquina para poner candidato en CABA. Suena Manuel Adorni, suena Patricia Bullrich, suena cualquiera que tenga la bendición de Karina Milei.
CIERRE: AGARRENSE QUE VIENE EL TRENCITO
Así que eso. Larreta vuelve. Macri pide que no le peguen. El PRO se rearma como puede. Y los porteños, los mismos que votaron amarillo durante 20 años, tendrán que decidir si quieren seguir con los de siempre, si se van con los libertarios o si se inclinan por alguna novedad que todavía no asomó la cabeza.
Lo único seguro es que el lunes, en LN+, Larreta va a hablar. Y detrás de sus palabras, va a estar la sombra de Mauricio, el fantasma de la interna, el miedo a perder la Ciudad y el deseo de volver a ser alguien en un partido que ya no es lo que era.
Abran cancha, que llegó el Wason. Pero esta vez, el Wason viene con los tanques vacíos y esperando que alguien le cargue nafta.



























