Milei abre las sesiones ordinarias este domingo después de una cosecha legislativa que haría llorar a cualquier presidente: reforma laboral, baja de imputabilidad a 14 años, ley de glaciares modificada y el acuerdo Mercosur-UE ratificado. Mientras tanto, la oposición se prepara para ir al recinto a bancarse el show, pero sin show. El peronismo, que el año pasado dejó las bancas vacías, ahora va a estar sentadito y calladito. Los dialoguistas, lo mismo. Unos y otros justifican: «Es lo que corresponde institucionalmente». Lo que corresponde, en realidad, es hacerse cargo de que les pasaron el trapo y no tienen un plan. Tibios, coimeros o directamente derrotados, la oposición argentina es un desierto habitado por cactus que no pinchan.
Domingo 1° de marzo. Mientras el sol calienta las cabezas de los argentinos que todavía no entienden cómo llegaron a fin de mes, Javier Milei se prepara para dar su discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso. Y no viene con la gorra, viene con la corona. Porque el tipo, hay que reconocerlo, tuvo un verano de aquellos: se aprobó la reforma laboral (esa que la CGT no pudo parar ni con paro ni con jueces), se bajó la edad de imputabilidad a 14 años (chau pibes, hola cana), se modificó la ley de glaciares (que la minería depredadora festeja con champagne) y hasta se ratificó el acuerdo Mercosur-UE después de 26 años de negociaciones. Todo en un puñado de semanas.
Y la oposición, ¿qué hace?. La oposición se prepara para ir al recinto. A escuchar. A bancarse el show. Algunos, como el peronismo, que el año pasado dejó las bancas vacías para no prestarse al «show» de Milei, ahora dicen que van a ir porque «es lo que corresponde institucionalmente». ¿Perdón?, ¿Desde cuándo al peronismo le importa lo institucional?, ¿No eran los mismos que lloraban por la intervención de la provincia de Buenos Aires, por los jueces designados por decreto, por el caso $LIBRA?. Ahora resulta que hay que ir porque sí. Porque «no hay mucho margen para hacer show». Traducción: nos comieron el rancho, muchachos. No tenemos estrategia, no tenemos liderazgo, no tenemos un plan. Así que mejor ir, sentarse, aplaudir cuando haya que aplaudir y hacerse los distraídos.
EL PERONISMO: DE LA RESISTENCIA AL «VAMOS A VER QUÉ DICE»
Un diputado de Unión por la Patria confesó: «Nosotros no esperamos nada. Es el mismo Milei que habló de espaldas al Congreso y después le dijo ratas y coimeros a los legisladores y los gobernadores». Lindo diagnóstico. Pero entonces, ¿para qué van?. «Para cumplir con la Constitución», dicen. Claro, como si la Constitución importara después de que el gobierno designó jueces de la Corte por decreto y se cagó en todo. La verdad es que van porque no saben qué otra cosa hacer. Porque si no van, les dicen «antidemocráticos». Si van, bancan el show. Si protestan, los corren los libertarios y los familiares de víctimas en los palcos. Están en un callejón sin salida. Y lo peor: lo saben.
Un integrante de un bloque dialoguista fue más sincero: «No hay mucho margen para hacer show». O sea, se rindieron antes de entrar. Reconocen que el oficialismo controla el recinto, que la transmisión oficial solo va a mostrar libertarios aplaudiendo, que Milei va a hablar de «supuestos logros» sin hacerse eco de la crisis, los despidos, el cierre de empresas. Pero igual van. Porque «corresponde institucionalmente».
EL EJEMPLO MANES: PROTESTAR SIRVE PARA QUE TE SOBRESEAN AL AGRESOR
Acá hay que recordar la historia de Facundo Manes, el diputado radical que el año pasado se animó a levantar la Constitución en el recinto mientras Milei designaba jueces por decreto. Se agarró a puteadas con Santiago Caputo, el asesor fantasma, y terminó denunciando que lo habían amenazado y golpeado. ¿El resultado?. Caputo fue sobreseído la semana pasada y Manes perdió su banca. No volvió a ser diputado. Volvió a la actividad privada. Fin de la historia.
Ese es el mensaje para la oposición: si te quejás, te funan, te sobreseen al agresor y encima perdés el cargo. Así que mejor no quejarse. Mejor ir, sentarse y mirar para adelante. Como los perros de Pavlov, pero sin reflejos condicionados. Solo esperando.
LOS QUE QUIEREN PROTESTAR (PERO NO SABEN CÓMO)
Algunos opositores, los más ingenuos, todavía piensan en estrategias para visibilizar los temas que el gobierno «no quiere hablar». Piensan en carteles, en gestos, en algún papelito. Pero los más lúcidos lo saben: «Nada se visibiliza en un recinto controlado por ellos». Porque el oficialismo maneja las cámaras, maneja los tiempos, maneja la iluminación. Milei va a hablar 40 minutos, una hora, lo que se le cante. Y después se va. Y al otro día los diarios amigables van a titular «Milei arrasó en el Congreso» o «La oposición ausente no pudo opacar el discurso». Y listón.
LA VERDAD: LA OPOSICIÓN ES UN DESIERTO
Milei avanza con su agenda, los gobernadores aliados le dan los votos, el establishment internacional lo aplaude, y la oposición mira desde afuera, dividida, sin liderazgos, sin propuestas. El peronismo se mata entre Kicillof y La Cámpora. Los radicales no saben si son oficialismo u oposición. Los provinciales negocian asados y cargos. La izquierda, directamente, no existe en el Congreso con peso específico.
Mientras tanto, los laburantes siguen perdiendo poder adquisitivo, los pibes de 14 años se preparan para ir presos, los glaciares esperan las topadoras y los jubilados se preguntan cuándo van a llegar los 70 años para ellos. Pero bueno, al menos la oposición va a estar sentada, bien peinadita, escuchando el discurso de Milei. Porque «corresponde institucionalmente».


























