MANAOS CONDENADA: $807 MILLONES A UN TRABAJADOR POR FRAUDE LABORAL. LA EMPRESA PRETENDIÓ CAMBIARLE LA CATEGORÍA PARA PAGARLE MENOS, PERO LA JUSTICIA LE RECORDÓ QUE LA REALIDAD IMPORTA MÁS QUE LOS PAPELES.
El fallo llega justo cuando el Congreso debate eliminar el estatuto del Viajante de Comercio, el mismo que protegió a este laburante. La empresa, mientras tanto, lloró en los medios: «es insólito». Insólito es querer pagar menos de lo que se debe.
– La Suprema Corte de Justicia de Mendoza acaba de recordarle a Refres Now S.A., la famosa fábrica de la gaseosa Manaos, que el trabajo no es una variable de ajuste. El máximo tribunal provincial confirmó una condena millonaria contra la empresa y la obligó a pagar $807.676.293,72 en un plazo de cinco días a un ex trabajador que se animó a pelear lo que le correspondía .
Jorge Daniel Garre trabajó nueve años para Manaos. Recorrió Mendoza, San Juan y La Pampa vendiendo, cobrando, visitando clientes. Hasta que un día la empresa decidió que ya no era viajante de comercio, sino «promotor». Le cambiaron la categoría, lo metieron en otro convenio —Aguas y Gaseosas— y le pagaron menos . Una maniobra vieja, conocida, de manual: cambiar el nombre del puesto para no pagar lo que corresponde.
Garre se consideró despedido el 27 de diciembre de 2022. No solo le debían plata, sino que encima le habían registrado mal la fecha de ingreso. Nueve años de laburo que la empresa quería hacer pasar por menos. Nueve años de clientes, rutas, pedidos, que la patronal pretendió borrar con un papel .
La Justicia dijo: no
La Cámara Segunda del Trabajo de San Rafael le dio la razón. La Corte de Mendoza, con los jueces Omar Palermo, Norma Llatse y Mario Adaro, lo confirmó. Aplicaron el principio de primacía de la realidad: lo que importa no es lo que los papeles dicen, sino lo que realmente pasó. Y lo que pasó es que Garre trabajó siempre como viajante de comercio, categoría que tiene su propio estatuto (Ley 14.546) con derechos específicos: indemnización por clientela, preaviso, diferencias salariales .
El cálculo final fue una batalla. La demanda original superaba los 1.500 millones de pesos, pero la Corte ajustó intereses y dejó el número en $223 millones de capital y $584 millones de intereses . La empresa, en lugar de cerrar el caso, decidió apelar, estirar, especular. Perdió.

El dueño, Orlando Canido, salió a los medios: «Es insólito y absolutamente fuera de contexto» . Insólito, dice. Insólito es que una empresa utilice artilugios para registrar mal a sus empleados. Insólito es que durante nueve años le paguen menos de lo que corresponde. Insólito es que después, cuando la Justicia pone las cosas en su lugar, el empresario se rasgue las vestiduras.
En una entrevista con Infobae, Canido dijo: «No sé qué cuenta hacen para llegar a esas cifras. A lo mejor tenía tres provincias y le dejaron una y por eso hizo juicio» . Como si quedarse con menos territorio fuera excusa para rebajar derechos. Como si el trabajador tuviera que bancarse lo que venga.
El contexto no es inocente.
Este fallo sale a la luz mientras el Congreso debate la reforma laboral de Javier Milei, que pretende eliminar estatutos como el del Viajante de Comercio . La misma ley que el gobierno llama «modernización» busca borrar de un plumazo protecciones que permitieron a Garre ganarle a una empresa grande. La misma ley que los empresarios aplauden hubiera dejado a este trabajador con una indemnización mucho menor, sin multas, sin intereses, sin nada.
El diario San Rafael lo explicó claramente: de haberse tramitado bajo la nueva legislación, las multas por falta de registración —que representan gran parte del monto final— habrían sido significativamente menores o incluso inexistentes . O sea: la reforma no solo beneficia a los empresarios, sino que castiga a los trabajadores que se animan a reclamar.

Manaos no es una excepción. Es la regla
La empresa intentó ahorrar por izquierda. Pagar menos, registrar mal, cambiar categorías. Nueve años después, terminó pagando el doble. La Justicia no solo le cobró lo que debía, sino que le sumó intereses por el tiempo que especuló. Esa es la lógica: al fraude se responde con más plata. Para que duela. Para que no lo vuelvan a hacer.
Pero los Canido de este mundo no aprenden. En el mismo podcast donde habló del fallo, el dueño de Manaos dijo: «Hoy un empleado que trabaja un año por cualquier motivo manda una carta documento y se considera despedido. Ve la posibilidad de ganar plata sin trabajar» . Traducción: el que reclama es un vivo. El que pelea sus derechos es un especulador. El que gana un juicio es un oportunista.
Nunca dice: el que mintió, el que pagó menos, el que registró mal, el que especuló con la necesidad ajena.
Lo que está en juego
El fallo contra Manaos no es solo una cifra millonaria. Es una advertencia: los derechos se respetan. La realidad importa. Y la Justicia, cuando funciona, puede equilibrar la cancha.
El problema es que quieren cambiar las reglas. Quieren que casos como este no vuelvan a pasar. Que el trabajador no pueda reclamar. Que la empresa pueda hacer lo que quiera y después pagar menos. Que el fraude salga barato.
Por eso la reforma laboral no es «modernización». Es impunidad empresaria con nombre bonito.



























