Mientras Medio Oriente vuelve a arder con ataques con misiles atribuidos a Irán contra territorio israelí, la primera acción desde el cese al fuego del 8 de abril , el presidente Javier Milei decidió que era momento de reforzar su vínculo con Israel. El lunes a la noche encabezará un acto en el Palacio Libertad. El motivo: el «Tributo al Rebe de Lubavitch», en conmemoración del 32 aniversario de la muerte del rabino Menajem Mendel Schneerson, el líder espiritual del movimiento Jabad Lubavitch .
En el mismo escenario expondrá Yosef Chaim Ohana, un ex militar israelí que permaneció cautivo durante dos años como rehén de Hamas en la Franja de Gaza . Al día siguiente, Ohana será recibido en la Casa Rosada en una audiencia privada con Milei . El martes al mediodía, el Presidente también recibirá a las delegaciones argentinas que viajarán a los Juegos Macabeos, el evento multideportivo internacional que reúne cada cuatro años a atletas de la comunidad judía en Israel .
Esas son las fotos que el gobierno quiere que veamos. El problema es que, mientras Milei se fotografíaba con líderes religiosos en Nueva York y se declaraba «el presidente más sionista del mundo» , en la Argentina pasaban otras cosas. Los primeros cinco meses de 2026 registraron un aumento del 44% en los intentos de suicidio en la Ciudad de Buenos Aires. El presupuesto en salud mental se redujo al 1,65% del gasto total de salud, violando la ley que exige el 10%. El gobierno recortó el 91,53% del presupuesto para el programa de abordaje comunitario de la salud mental .
El acto como escudo
La agenda pro Israel no es nueva. Milei ya había visitado la tumba del rabino Schneerson en Nueva York dos veces: una antes de las elecciones para pedir una bendición, y otra después de asumir para agradecer el triunfo . El año pasado, en una gira por Estados Unidos, disertó en una yeshiva neoyorquina y declaró: «Soy católico y también practico un poco de judaísmo» .
El problema no es su fe. El problema es que el gobierno usa estos actos como pantalla para ocultar el desastre que deja atrás. Los medios cubren el acto en el Palacio Libertad, la foto con el ex rehén, la declaración de principios. Los medios no cubren el cierre de las salitas de atención primaria, los recortes en el programa Remediar, la fuga de profesionales de la salud y la deserción escolar masiva en las provincias del norte.
El «presidente más sionista del mundo» no ve a los suyos
Milei se autopercibe como el «presidente más sionista del mundo» . Una definición llamativa para un mandatario de un país con 54% de pobres, una inflación que no cede y un sistema de salud colapsado. El Presidente prefiere el exilio simbólico en causas internacionales que el barro de la gestión cotidiana.
La agenda de esta semana no es un hecho aislado. Es parte de una estrategia sistemática. El gobierno de Milei votó en la ONU alineado con Estados Unidos e Israel en todas las resoluciones relacionadas con Medio Oriente, abandonando décadas de tradición multilateralista. Firmó los Acuerdos de Isaac con Netanyahu en abril de 2026, comprometiendo al país en una alianza estratégica sin que el Congreso debatiera los términos. Recibió al embajador de Israel con honores de jefe de Estado, mientras el embajador de Palestina sigue esperando una audiencia.
El costo de mirar para otro lado
La agenda pro Israel tiene un costo político y económico que el gobierno no está dispuesto a calcular. El alineamiento automático con Washington y Tel Aviv expone al país a represalias comerciales de naciones que no comparten esa visión. China, principal socio comercial de la Argentina, mira con desconfianza el giro geopolítico del gobierno. Los países árabes, que compran productos agroindustriales argentinos por miles de millones de dólares al año, también observan con recelo.
El gobierno, sin embargo, no parece dispuesto a moderar su discurso. La ideología, en la Casa Rosada, pesa más que la geopolítica. Y la religión, más que la economía. Milei se juega su capital político a una carta: la de un alineamiento incondicional con la Casa Blanca y el gobierno de Netanyahu, en la creencia de que ese respaldo le garantizará inversiones, financiamiento y apoyo diplomático.
Este lunes, Milei se parará en el Palacio Libertad, junto al ex rehén israelí Yosef Chaim Ohana, y rendirá tributo al rabino Schneerson. La ceremonia será emotiva. Las fotos, impecables. Los discursos, encendidos. La prensa, dócil.
Pero afuera, en las calles de La Matanza, en los hospitales públicos de Rosario, en las escuelas de Santiago del Estero, en los centros de salud mental de la provincia de Buenos Aires, la Argentina sigue desangrándose. Los intentos de suicidio aumentaron un 44%. Los psicofármacos se consumen como caramelos. Los hospitales no tienen camas psiquiátricas. Las guardias no tienen psiquiatras los fines de semana.
Milei dice que su compromiso es con la vida. Que defiende la libertad. Que el Estado no puede meterse en las decisiones de las personas. Pero cuando se trata de garantizar el derecho a la salud mental, de poner plata donde hace falta, de construir un sistema de cuidados mínimamente digno, el Presidente no aparece. Está ocupado. Está en el Palacio Libertad, rindiendo tributo a un rabino que murió hace 32 años, mientras los argentinos vivos se matan por falta de atención.


























