El gobierno oficializó un ajuste de $78.768 millones en programas educativos, eliminó el Fondo de Compensación Salarial Docente y recortó partidas para infraestructura universitaria en trece casas de estudio. La cuarta marcha federal universitaria se realiza hoy en todo el país. El gobierno dice que no hay plata. Lo que no dice es que la plata, simplemente, decidió no ponerla.
«La educación es la clave del desarrollo», dicen los manuales. El gobierno de Javier Milei parece haber leído otro manual: el de la motosierra aplicada al conocimiento.
Horas antes de la cuarta marcha federal universitaria, el Ejecutivo firmó la Decisión Administrativa 20/2026. Un papel. Una firma. Un número: 78.768 millones de pesos menos para la educación. No es un error de tipeo. Es una declaración de guerra.
El ajuste que no avisa
El gobierno dice que no hay plata. Que el déficit cero es sagrado. Que la motosierra corta parejo. Pero la motosierra, curiosamente, siempre corta en el mismo lugar.
El Plan Nacional de Alfabetización perdió 35.288 millones de pesos. Un plan que enseñaba a leer y escribir. Ahora, supongo, los chicos aprenderán solos. O no aprenderán. Con la motosierra, da lo mismo.
El Fondo de Compensación Salarial Docente fue eliminado. Se llevó 8.929 millones de pesos que servían para equiparar los salarios mínimos de los docentes provinciales. Porque los docentes, se sabe, ganan demasiado. ¿Para qué quieren plata si tienen la vocación?
La infraestructura escolar perdió 21.686 millones de pesos. Escuelas que se caen a pedazos, techos que llueven, aulas sin calefacción. Pero bueno, el frío educa el carácter.
Las becas estudiantiles perdieron más de 559 millones de pesos. Porque estudiar, según la lógica libertaria, es un lujo. Si no podés pagarte el colectivo, andá a trabajar. Total, para lo que vas a aprender…
EDUC.AR S.A., la empresa estatal que producía contenidos educativos, sufrió una reducción de transferencias por 48.000 millones de pesos. ¿Para qué queremos educación pública si después los chicos pueden ver TikToks?
Las universidades, al paredón
El gobierno también recortó 5.303 millones de pesos en transferencias para infraestructura universitaria. Trece universidades se quedaron con obras suspendidas.
La Universidad Nacional de La Plata, la más castigada, perdió 1.043 millones de pesos. La UNGS y la UNaV perdieron 700 millones de pesos cada una. La Universidad Nacional de Río Cuarto perdió 680,5 millones de pesos. La Universidad Nacional de Entre Ríos perdió 540 millones de pesos.
La Plata necesita un edificio nuevo. Milei necesita un Presidente que no recorte.
La cuenta que no cierra
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) hizo los números. El presupuesto universitario acumula una caída real del 32,5 por ciento entre 2023 y 2025. Proyectado a finales de 2026, la retracción alcanza el 41,6 por ciento.
Si se hubiera aplicado la Ley de Financiamiento Universitario —la que el Congreso aprobó dos veces y Milei vetó dos veces—, el presupuesto universitario sería hoy de 8,49 billones de pesos. Un crecimiento real del 33,8 por ciento.
¿Qué propone el gobierno? Un incremento del 13,1 por ciento. En criollo: más plata, pero menos que antes. Mucho menos.
El subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, lo justificó con una frase que merece un premio al cinismo: «La ley es abstracta. Quedó derogada al aprobarse el Presupuesto». También dijo que el reclamo docente es un «50 por ciento de aumento que el Estado no está en capacidad de afrontar».
No está en capacidad de afrontar un aumento para los que enseñan, pero para otros siempre encuentra la forma.
La marcha del 12 de mayo
Mientras el gobierno recortaba, las calles se llenaban. La cuarta marcha federal universitaria recorre hoy todo el país. El acto central será a las 17 en Plaza de Mayo, con réplicas en Córdoba, Salta, Santa Fe, La Pampa y La Plata.
Los reclamos son claros: cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y recomposición salarial. Las universidades denuncian una caída real del 45,6 por ciento en las transferencias presupuestarias entre 2023 y 2026.
El Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y la Federación Universitaria Argentina (FUA) convocaron a la protesta. Organizaciones sociales, políticas, estudiantiles y docentes se sumaron. Hasta la CGT y las CTA estarán presentes.
El gobierno, por su parte, no ofreció ninguna propuesta alternativa. No convocó al diálogo. No dio señales de que vaya a cumplir la ley. Solo anunció más recortes. Como si la bronca fuera a desaparecer por arte de magia.
Milei dice que no hay plata. Pero la plata apareció para los sobreprecios de Nucleoeléctrica. Apareció para los viajes del «genio» Demian Reidel. Apareció para las sombrillas en Valencia. Apareció para los free shops y las peluquerías en Madrid.
Y apareció, también, cuando el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, necesitó reformar su casa en el country Indio Cuá. El contratista Matías Tabar confesó ante la Justicia que le hizo trabajos por 245.000 dólares y que los pagos los recibió en mano, en efectivo y sin factura. La misma Adorni que nos jura que no hay un peso para los docentes, el mismo que predica con el déficit cero, ese, el jefe de Gabinete, tiene una construcción valuada en casi un cuarto de millón de dólares pagada en billetes que nadie vio entrar.
Para los docentes, para los estudiantes, para los que quieren aprender, para los que quieren enseñar, para los que creen que la educación pública es un derecho y no un favor, para todos ellos, la plata no existe. Es abstracta. Como la ley.
La cuarta marcha universitaria no es un capricho. Es la constatación de que, en este país, la educación sobrevive a pesar del gobierno, no gracias a él.
Y mientras los docentes pierden poder adquisitivo y las universidades se caen a pedazos, el gobierno sigue recortando. Porque la motosierra, parece, tiene un solo filo. Y siempre corta para el mismo lado.



























