La Casa Gris acusó a la Sociedad Rural rosarina de operar políticamente para Milei contra el fideicomiso vial. El gobierno provincial busca cobrar USD 1,5 por tonelada para sostener rutas destruidas por el tránsito a los puertos. En Santa Fe ya hablan de ruralistas libertarios que no quieren pagar ni el asfalto que rompen.
La relación entre el campo y la política argentina siempre tuvo algo de matrimonio tóxico con olor a gasoil premium. Se aman cuando hay dólar alto, se odian cuando aparece un impuesto y terminan gritándose por televisión mientras algún economista de Palermo Soho habla de “reglas de mercado” sentado arriba de una montaña de soja invisible.
Ahora el malestar explotó en Santa Fe. Y es hermoso. Porque Pullaro decidió hacer algo peligrosísimo en Argentina: pedirle plata al sector agroexportador para arreglar las rutas que el propio negocio agroexportador destruye todos los días con caravanas infinitas de camiones entrando a los puertos.

Una locura comunista prácticamente. Falta que nacionalicen una sembradora y cierren Nordelta. La propuesta es bastante simple: un fideicomiso financiado con USD 1,5 por tonelada transportada para sostener accesos portuarios detonados, autopistas hechas pelota y corredores donde cada camión parece practicar rally Dakar versión cerealera.
Pero la Sociedad Rural de Rosario reaccionó como si Pullaro hubiera propuesto expropiar cosechadoras para financiar centros culturales troskos. “Retenciones encubiertas”, gritaron. Que bello mi país. Porque el mismo sector que llora hace años por el estado catastrófico de las rutas ahora entra en combustión espontánea cuando le sugieren poner una mínima parte de la guita para mantenerlas transitables.
Y ahí el gobierno santafesino perdió la paciencia radical-prolija y decidió decir lo que realmente piensa: “Estos no son ruralistas. Son militantes libertarios con tractores.”
Bueno, técnicamente dijeron que la Rural rosarina funciona como “manifestación política de La Libertad Avanza”, pero la traducción al castellano de sobremesa provincial es esa: muchachos que te hablan de libertad económica mientras quieren circular gratis por caminos destruidos financiados con plata pública.
En la Casa Gris están furiosos porque sienten que Milei les dejó un paquete explosivo arriba del escritorio. Nación recauda el impuesto a los combustibles, se queda con la caja y después desaparece como padre libertario después del acto escolar. No manda fondos. No mantiene rutas. No pone maquinaria. Pero cuando una provincia intenta inventar un esquema para sostener infraestructura aparece el grito sagrado del liberalismo agrario: “¡No queremos pagar!”. Es fantástico.
El modelo Milei logró algo impresionante: transformó a gobernadores radicales en defensores del Estado presente mientras empresarios agroindustriales descubren el anarcocapitalismo justo cuando hay que poner un dólar y medio por tonelada.
Y el personaje más picante en toda esta novela es Lisandro Enrico, ministro de Obras Públicas santafesino y nuevo campeón nacional del insulto federal elegante. El tipo viene cruzando a la Rosada con la bronca acumulada de quien mira rutas hechas mierda mientras Buenos Aires explica que “la obra pública es un curro”. Claro. Hasta que el camión se hunde en un pozo de tres metros entrando al puerto. Entonces aparece la realidad. Porque Santa Fe tiene un problema concreto: millones de toneladas pasando por corredores destruidos mientras Nación se borró completamente del mapa vial. Y Pullaro entendió algo elemental: si el negocio exportador depende de esas rutas, alguien tiene que financiarlas.
Pero ahí chocó con la nueva fauna política argentina: el agro libertario. Una especie maravillosa. Empresarios que odian el Estado pero necesitan rutas. Detestan impuestos pero reclaman infraestructura. Hablan de eficiencia privada mientras esperan que el asfalto aparezca mágicamente por intervención del Espíritu Santo fiscal.
Y lo más divertido es el subtexto político. Porque en Santa Fe ya saben perfectamente que parte de la pelea no es económica sino electoral. La Rural rosarina coquetea fuerte con Milei, varios dirigentes jugaron electoralmente para La Libertad Avanza y ahora usan el discurso antiimpuestos como trinchera ideológica para pegarle a Pullaro.
O sea: la vieja Mesa de Enlace ahora viene con skin libertaria y discurso de streamer financiero. Argentina 2026. Mientras tanto las rutas siguen detonadas, los puertos explotan de camiones y los gobernadores descubren que el verdadero federalismo libertario consiste básicamente en que Nación se queda con la plata… y las provincias con los pozos.
Viste que la casta siempre fuimos nosotros, debes de darte cuenta.



























