Los salarios volvieron a quedar por detrás de la inflación en febrero y profundizan la pérdida de poder adquisitivo que arrastra la economía desde fines de 2025. Al mismo tiempo, crece el llamado “desempleo encubierto”, una forma de precariedad laboral que ya afecta a casi el 14% de la población económicamente activa.
La dinámica del mercado laboral argentino vuelve a mostrar señales preocupantes. Un informe elaborado por el Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín advierte que, en febrero, los salarios pactados en paritarias volvieron a quedar significativamente por detrás de la inflación, profundizando una tendencia de deterioro del ingreso real que se arrastra desde la aceleración inflacionaria registrada a finales de 2025. El fenómeno refleja no sólo un retraso puntual en las negociaciones salariales, sino también un contexto económico en el que la capacidad de recomposición del poder adquisitivo aparece cada vez más limitada.
Los datos clave
Paritarias que vuelven a perder frente a los precios
El relevamiento del CETyD señala que los acuerdos salariales vigentes para febrero contemplaron, en promedio, aumentos del 0,6%, mientras que las estimaciones de inflación para ese mismo período se ubican en torno al 2,7%. De confirmarse esas cifras cuando se publiquen las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el salario real habría sufrido una contracción cercana a dos puntos porcentuales en apenas un mes, ampliando la brecha entre la evolución de los ingresos laborales y el costo de vida.
Detrás de ese desfase se encuentra la aceleración inflacionaria que comenzó hacia finales del año pasado, cuando la suba de precios empezó a superar los incrementos salariales pactados en negociaciones previas. Muchas paritarias fueron firmadas en un contexto macroeconómico distinto y, al no contemplar cláusulas de actualización automática suficientemente frecuentes, quedaron rápidamente desactualizadas frente al ritmo de la inflación.
Un contexto que debilita la negociación salarial
El director del CETyD, Matías Maito, advierte que la posibilidad de revertir la tendencia es limitada en el corto plazo debido a dos factores estructurales. Por un lado, la desaceleración del consumo y la pérdida de dinamismo en el empleo reducen el margen de las empresas para otorgar mejoras salariales significativas, especialmente en sectores con actividad en retroceso o con caída de ventas. Por otro, el nuevo marco institucional que regula las negociaciones colectivas introduce mecanismos que permiten al Estado establecer techos en las paritarias, lo que en la práctica restringe la posibilidad de acordar aumentos que superen la inflación esperada.
En ese escenario, el equilibrio de fuerzas dentro de las negociaciones salariales tiende a inclinarse en contra de los trabajadores: con un mercado laboral más frágil y mayores niveles de incertidumbre económica, el poder de negociación sindical se debilita y los ajustes salariales tienden a reaccionar tarde frente a la dinámica de los precios.
La otra cara del mercado laboral: el desempleo que no aparece
A la pérdida de poder adquisitivo se suma un fenómeno que varios analistas consideran aún más revelador del deterioro del mercado de trabajo: el crecimiento de formas de precariedad que no quedan reflejadas en las estadísticas tradicionales de desempleo.
De acuerdo con los últimos datos oficiales del INDEC, la tasa de desocupación se ubicó en 6,6% en el tercer trimestre de 2025. Sin embargo, un estudio del Instituto Argentina Grande (IAG) sostiene que ese indicador no alcanza para describir la situación real del mercado laboral, ya que deja fuera a un conjunto amplio de personas que, si bien no figuran como desocupadas en las encuestas, trabajan pocas horas, perciben ingresos insuficientes o se desempeñan en condiciones extremadamente precarias.
Para captar ese fenómeno, el informe introduce la noción de “desempleo ampliado” o “desempleo encubierto”, que incorpora a quienes buscan trabajar más horas, realizan actividades inestables o dependen de trabajos ocasionales. Bajo esa metodología, el indicador asciende al 13,8% de la población económicamente activa, más del doble del desempleo abierto registrado en las estadísticas tradicionales.
El fenómeno alcanza también a los jubilados
Uno de los aspectos más llamativos del informe es el crecimiento de esta forma de precariedad entre los adultos mayores. Entre las personas de 66 años o más, el desempleo encubierto aumentó 34% en un año, mientras que, si se toma como referencia 2023, la cantidad de jubilados que continúan buscando empleo o realizando trabajos informales se multiplicó por dos y medio.
Este fenómeno refleja la creciente dificultad de muchos jubilados para sostener su nivel de ingresos únicamente con el haber previsional, lo que los empuja a permanecer activos en el mercado laboral aun después de haber alcanzado la edad de retiro.
Changuitas, plataformas y supervivencia laboral
El informe también subraya la expansión de modalidades de trabajo caracterizadas por su inestabilidad: changas ocasionales, microtareas en plataformas digitales, servicios independientes de corta duración o actividades informales que se combinan entre sí para generar ingresos mínimos.
Aunque estas formas de autoempleo suelen aparecer en las estadísticas como ocupación, los especialistas advierten que muchas veces representan estrategias de supervivencia más que verdaderas oportunidades laborales, ya que no ofrecen estabilidad, protección social ni ingresos suficientes para sostener el consumo.
Un mercado laboral bajo presión
La combinación de inflación persistente, paritarias que pierden frente a los precios y un aumento de la precariedad laboral configura un escenario particularmente complejo para la economía argentina. Aun cuando el Gobierno sostiene que el programa de ajuste apunta a estabilizar las variables macroeconómicas, los datos del mercado laboral muestran que la recuperación del ingreso real continúa siendo uno de los desafíos centrales.
En este contexto, el deterioro del poder adquisitivo y la expansión de formas de empleo precario sugieren que la recomposición del salario —clave para sostener el consumo interno y dinamizar la actividad económica— podría demorarse más de lo previsto.



























