Los salarios formales subieron 2% en enero, pero la inflación fue 2,8%, acumulando una caída real del 7,9% desde diciembre de 2023. Con desempleo en 7,5%, informalidad en alza y morosidad superior al 27% en créditos no bancarios, el ingreso dejó de ser un sostén del consumo.
El inicio de 2026 confirmó una tendencia que ya se venía consolidando: los salarios pierden frente a la inflación de manera sistemática. En enero, los ingresos registrados crecieron apenas 2% nominal, mientras que el índice de precios avanzó 2,8%, generando una nueva caída del poder adquisitivo. Con este resultado, los salarios acumulan cinco meses consecutivos de retroceso real y una pérdida total del 7,9% desde el inicio de la actual gestión .
Este deterioro no es homogéneo. El ajuste impacta con mayor fuerza en el sector público, donde los ingresos crecieron 1,8%, lo que implica una caída real cercana al 1% mensual. En el sector privado, los salarios avanzaron levemente más (2,1%), pero también quedaron por debajo de la inflación, con una pérdida del 0,7% en términos reales. La diferencia es relevante porque muestra que el deterioro del ingreso no responde únicamente a dinámicas del mercado, sino también a decisiones de política salarial.
Una caída que se vuelve estructural
El retroceso salarial no puede entenderse como un fenómeno aislado de los últimos meses. En perspectiva más amplia, los ingresos vienen perdiendo terreno de forma sostenida. En términos interanuales, los salarios públicos crecieron 30% frente a una inflación del 32,4%, mientras que los privados avanzaron 28,5%, lo que implica caídas reales en ambos casos.
Sin embargo, el impacto más significativo se observa al analizar el período completo reciente. Desde fines de 2023:
- Salarios públicos: -17,9% real
- Salarios privados: -2,3% real
Este diferencial refleja una estrategia de ajuste más concentrada en el sector estatal, que funciona como variable de contención del gasto. Pero más allá de esa diferencia, el resultado general es claro: el salario perdió capacidad de compra en todos los segmentos.
Si se amplía aún más la mirada, el deterioro es todavía más profundo. En comparación con los niveles de ingresos de 2017, los salarios actuales se ubican entre 21% y 35% por debajo en términos reales, según estimaciones de especialistas. Esto implica que el problema no es coyuntural, sino acumulativo.
Mercado laboral: más fragilidad, menos ingresos
El deterioro salarial se combina con un mercado de trabajo que también muestra signos de debilitamiento. El desempleo alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, lo que representa un aumento de 1,1 puntos porcentuales interanuales .
Al mismo tiempo, la informalidad volvió a crecer:
- Informalidad: 43%
- Formalidad: 56,9% (en caída)
Este dato es central porque indica que una parte creciente de la población queda fuera del sistema de protección laboral y, por lo tanto, más expuesta a ingresos inestables y sin actualización regular.
En este contexto, incluso quienes mantienen empleo formal ven deteriorarse su situación, mientras que quienes quedan fuera del sistema enfrentan condiciones aún más precarias.Ii
Ingresos que no alcanzan: deuda y mora en alza
Cuando el salario pierde capacidad de compra, el ajuste no se produce de manera inmediata en todos los consumos. En muchos casos, se recurre al crédito para sostener el nivel de vida. Esto explica el crecimiento simultáneo de la morosidad.
Según datos del Banco Central:
- Mora en bancos: 10,6%
- Mora en entidades no financieras: más del 27%
Este último dato es particularmente relevante porque refleja el comportamiento fuera del sistema bancario tradicional, donde operan fintech y prestamistas con condiciones más flexibles pero también más costosas.
La combinación de ingresos insuficientes y crédito caro genera un escenario donde la deuda deja de ser una herramienta de financiamiento y se convierte en una extensión del ingreso.
Consumo en caída: el impacto directo
El deterioro del salario tiene una traducción inmediata en el consumo. Según relevamientos recientes, las ventas en productos masivos registraron una caída del 6,3% en febrero, consolidando una tendencia descendente.
Este dato no es menor. El consumo interno es uno de los principales motores de la economía. Cuando se contrae, afecta de manera directa a:
- Comercio
- Industria
- Servicios
Y, en consecuencia, al empleo.
El circuito del deterioro
El problema central no radica en una sola variable, sino en la forma en que varias dimensiones de la economía empiezan a encadenarse en sentido negativo. Cuando el salario pierde poder adquisitivo, el primer efecto no siempre es inmediato en términos visibles, pero sí constante: los hogares ajustan su consumo. Ese ajuste no se limita a bienes prescindibles, sino que avanza progresivamente hacia gastos cotidianos, afectando la cantidad, la calidad o la frecuencia de compra. La economía doméstica se reorganiza en función de la restricción.
Esa contracción del consumo impacta directamente en las empresas. Menos ventas implican menor ingreso operativo, menor rotación de productos y mayores dificultades para sostener costos fijos. En un contexto de inflación, donde los costos siguen subiendo, la caída de ingresos no se compensa con estabilidad de precios, sino que agrava la situación financiera. Las empresas no solo venden menos: venden con menor margen y en condiciones más inestables.
Frente a esa caída de ingresos, muchas firmas recurren al crédito para sostener su actividad. El financiamiento deja de ser una herramienta de expansión o inversión y pasa a cumplir una función defensiva: cubrir gastos corrientes, pagar proveedores o evitar interrupciones en la producción. En paralelo, los hogares también recurren al endeudamiento para mantener niveles básicos de consumo. De este modo, el crédito comienza a ocupar el lugar que antes tenía el ingreso.
Sin embargo, este recurso tiene un límite. Cuando el endeudamiento crece en un contexto donde los ingresos no se recuperan, la capacidad de pago se deteriora. Aparecen atrasos, refinanciaciones y, finalmente, mora. Este fenómeno no afecta solo a individuos o empresas aisladas: se extiende al conjunto del sistema financiero y productivo. La mora encarece el crédito, restringe el acceso a financiamiento y aumenta la percepción de riesgo, lo que retroalimenta el problema inicial.
Lo más relevante es que este proceso no se detiene por sí mismo. Cada etapa refuerza la siguiente. La caída del salario reduce el consumo; la caída del consumo debilita las ventas; la debilidad de las ventas incrementa la dependencia del crédito; y el exceso de endeudamiento deriva en mayores niveles de mora. A su vez, la expansión de la mora vuelve más restrictivo el acceso al crédito, cerrando el circuito y profundizando la fragilidad.
En este esquema, la economía no colapsa de manera abrupta, sino que se deteriora de forma progresiva. Continúa funcionando, pero con menor capacidad de sostenerse. El punto crítico es que, sin una recuperación del ingreso real, no hay mecanismo interno que revierta esta dinámica. Por el contrario, tiende a consolidarse, transformando lo que inicialmente aparece como una dificultad coyuntural en una condición estructural.
Radiografía del ingreso y sus efectos
| Variable | Situación actual | Impacto |
|---|---|---|
| Salarios reales | -7,9% acumulado | Pérdida de poder adquisitivo |
| Inflación mensual | ~2,8% | Presión constante sobre ingresos |
| Desempleo | 7,5% | Mayor fragilidad laboral |
| Informalidad | 43% | Menor estabilidad de ingresos |
| Mora no bancaria | +27% | Endeudamiento crítico |
| Consumo | -6,3% | Caída de la actividad económica |
Perspectivas: presión inflacionaria persistente
Las proyecciones para los próximos meses no anticipan una mejora inmediata. La inflación se mantiene presionada por:
- Suba de combustibles (impacto internacional)
- Ajustes en tarifas
- Costos de transporte
Las estimaciones privadas ubican el índice mensual nuevamente en torno al 3%, lo que sugiere que el salario continuará corriendo por detrás de los precios en el corto plazo.
El problema de fondo: el ingreso deja de ordenar la economía
Lo que muestran los datos es un cambio más profundo en la lógica económica. El salario deja de cumplir su función tradicional como organizador del consumo y de la vida económica.
- No alcanza para cubrir gastos básicos
- No permite sostener el consumo
- No evita el endeudamiento
Cuando eso ocurre, el sistema comienza a reorganizarse en torno a otras variables, principalmente el crédito.
Trabajar ya no garantiza estabilidad
El deterioro del salario no es solo un problema distributivo. Es un problema estructural que afecta el funcionamiento de toda la economía.
Cuando el ingreso pierde capacidad de sostener el consumo, el sistema entra en una dinámica de fragilidad creciente. El empleo deja de ser garantía de estabilidad, el crédito reemplaza al salario y la mora se vuelve un fenómeno extendido.
En ese escenario, la pregunta deja de ser cuánto crecen los salarios.
Pasa a ser si el ingreso todavía puede cumplir su función básica: sostener la vida económica.


























