Entre la clínica y la canción, Sol Avendaño construye una voz donde la salud mental deja de ser teoría para volverse experiencia. Psicóloga formada en la UBA y artista independiente, su nuevo single “Algo Dulce” explora la vulnerabilidad sin buscar resolverla. Porque a veces, lo que no se dice en sesión, necesita ser cantado.
Hay profesiones que enseñan a escuchar y otras que empujan a decir, y en el cruce entre ambas habita Sol Avendaño, psicóloga egresada de la Universidad de Buenos Aires a fines de 2023, formada en Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), integrante del equipo de My Emotional Space, integradora escolar y coordinadora de acompañamientos terapéuticos, pero también artista, compositora, alguien que decidió no dejar que la escucha clínica sea el único lenguaje posible para habitar lo humano.
En su nuevo single, “Algo Dulce”, disponible desde noviembre de 2025 en todas las plataformas digitales, esa tensión se vuelve materia sensible, porque lo que en el consultorio se contiene, en la canción se desborda, y lo que en la teoría se ordena, en la música se fragmenta, se vuelve íntimo, vulnerable, profundamente vivo.
MS: Sos psicóloga formada en la UBA y trabajás con Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). ¿En qué momento la palabra clínica deja de alcanzar y aparece la necesidad de decirlo cantando?
Como terapeuta considero que la salud mental forma parte de algo más amplio y abarcativo que solo asistir a terapia. Está directamente relacionado con como es nuestro contexto general. Dentro de ese contexto, tener espacio para el tiempo libre y para la creatividad me parece un punto clave. En mi caso particular siempre me gustó cantar y crear con la música, y siento que es un aspecto clave en mi vida para sentirme bien y darle sentido a mí existencia en el mundo.

MS:“Algo Dulce” parece moverse en un territorio íntimo, casi confesional. ¿Qué cosas de tu experiencia como terapeuta aparecen filtradas en tus letras, aunque no sean explícitas?
En mis canciones me gusta hablar de mi experiencia personal. Darle espacio a mi vulnerabilidad y, a veces, hacer un poco de humor con eso. Creo que cuando uno es terapeuta desarrolla otra forma de ver las experiencias internas, una forma desarraigada de los clichés y los lugares comunes. Y esa mirada, sin convertirme en mi «auto terapeuta» (lo cual es imposible), irremediablemente se traslada a mí mundo interno. Y creo que puedo conectar de otra forma con lo que siento y usar esa forma para escribir mis canciones.
MS:Trabajás escuchando el dolor de otros en la clínica. ¿Qué cambia cuando esa escucha se vuelve hacia vos misma y se transforma en canción?
Creo que es muy transformador cuando el dolor se convierte en canción. Transformar lo que sentimos en cualquier tipo de arte me parece una evolución muy sanadora. E incluso aunque no llegue a «sanar» del todo esa dolencia, (hay dolores que uno no llega a superar, sino más bien aprender a sobrellevarlos), creo que le da un nuevo sentido y es muy importante eso también.
MS: Hay una pregunta que atraviesa tu proyecto: cuando una psicóloga canta, ¿está creando o está elaborando? ¿Sentís que tu música es una forma de procesamiento emocional o una búsqueda estética independiente?
Creo que principalmente creando. Te diría hasta desde un lugar muy lúdico, creo que les adultes también necesitamos un espacio para «jugar con plastilina» como si fuéramos niñes. Tener esa misma experiencia. Y el procesamiento emocional lo dejaría en un segundo lugar, como algo secundario no siempre 100% necesario para crear música.
MS: La Terapia de Aceptación y Compromiso trabaja mucho con la idea de convivir con el malestar. ¿Tu música también propone esa convivencia o busca transformarlo en otra cosa?
¡Total!. No lo quiero resolver, solo observarlo, problematizarlo y jugar un poco con eso.
MS: En un mundo donde todo tiende a mostrarse rápido y superficial, tu propuesta parece apostar a la vulnerabilidad. ¿Qué lugar ocupa hoy la fragilidad en tu identidad artística?
Diría que el principal, me importa 0 mostrarme entera y bárbara en mis canciones. No quiero ser la empoderada genial, quiero reivindicar el lugar de la vulnerabilidad y la fragilidad.
MS: Si tuvieras que elegir: ¿la música es un espacio donde te liberás de la psicóloga o donde la psicóloga encuentra otra forma de existir?
Creo que son dos mundos distintos que se complementan. Siento que para ser una buena psicóloga necesito liberarme un poco de ese rol y tener un espacio personal donde expresarme. Y a la vez, la psicología me nutre y enriquece mi forma de ver el mundo y las experiencias internas. Diría que son dos grandes amigas pero están un poco separadas también.
En ese delicado equilibrio entre escuchar y decir, entre sostener el dolor ajeno y permitirse habitar el propio, la música aparece no como una respuesta, sino como una forma de permanecer, de darle lugar a lo que incomoda sin necesidad de resolverlo, de aceptar que hay experiencias que no se cierran sino que se transforman en otra cosa, en sonido, en palabra, en respiración compartida. “Algo Dulce” no busca ordenar el caos ni convertir la fragilidad en una narrativa de superación, sino más bien insistir en la potencia de lo incompleto, en la dignidad de lo que tiembla, en esa verdad íntima que solo aparece cuando dejamos de intentar ser versiones ideales de nosotras mismas y empezamos, simplemente, a ser.



























