El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó una nueva serie de ataques aéreos contra objetivos en Irán, marcando la segunda noche consecutiva de bombardeos estadounidenses en territorio iraní. La ofensiva, ejecutada el miércoles por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), apuntó contra «múltiples objetivos» en respuesta a lo que Washington calificó como una «agresión continua e injustificada» por parte de Teherán. El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, anticipó la escalada horas antes en declaraciones a los periodistas en Tampa, Florida: «El Comando Central estará muy ocupado esta noche porque el presidente Trump dijo que atacaremos a Irán con dureza, y así será».
Los bombardeos de este miércoles alcanzaron zonas cercanas al estratégico estrecho de Ormuz. Medios oficiales de Irán informaron que se escucharon explosiones en las áreas de Minab, Sirik, Jask, Bandar Abbas y la isla de Qeshm, en el sur del país, mientras que los sistemas de defensa aérea en Asaluyeh, un importante centro energético que alberga refinerías y complejos petroquímicos, fueron activados. Según reportes, los ataques afectaron dos reservas de agua cerca de Sirik, dejando sin suministro a aproximadamente 20.000 personas. Los ataques se extendieron por aproximadamente cuatro horas, alcanzando cerca de veinte objetivos, entre ellos sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y radares de vigilancia.
La respuesta de Irán: ataques a tres países y una advertencia a los vecinos del Golfo
En respuesta, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) lanzó 21 ataques con misiles y drones contra objetivos estadounidenses desplegados en tres países de la región. Las defensas aéreas de Bahréin, Kuwait y Jordania fueron activadas. Bahréin, donde se encuentra la base de la Quinta Flota de la Armada de los Estados Unidos, repelió los ataques iraníes. Kuwait informó que interceptó «objetivos aéreos hostiles». Jordania derribó cinco misiles que se dirigían a la base aérea de Al-Azraq, donde están desplegados cazas F-35 de Estados Unidos.
El IRGC afirmó haber destruido un hangar de F-35 en esa base y haber atacado también la base Ali Al Salem en Kuwait. Un funcionario estadounidense citado por Reuters indicó que las evaluaciones iniciales mostraban que casi todos los misiles y drones iraníes fueron interceptados, sin reportes inmediatos de víctimas o daños significativos.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, advirtió que Teherán revisará su postura en las negociaciones diplomáticas tras esta escalada. El canciller iraní, Abbas Araghchi, fue más directo: «Si quieres seguridad, sal de nuestra región». El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, declaró que Irán prefiere el lenguaje de la diplomacia, pero que es «más fluido en otros idiomas».
El helicóptero Apache que desencadenó todo
La escalada comenzó el lunes por la noche, cuando un helicóptero de combate AH-64 Apache del Ejército estadounidense se estrelló en el estrecho de Ormuz, frente a la costa de Omán, mientras realizaba una patrulla. Los dos pilotos fueron rescatados ilesos por un vehículo no tripulado de rescate en lo que el CENTCOM describió como el primer rescate de este tipo en la historia. El portavoz del Pentágono confirmó que la aeronave fue derribada por un dron iraní. Fuentes oficiales de Estados Unidos indicaron que el Apache chocó con un dron iraní de una sola vía, aunque todavía no está claro si la colisión fue intencional.
La respuesta de Trump fue contradictoria. Inicialmente, en una entrevista con The Wall Street Journal, calificó el incidente como «no fue un gran problema» y que los pilotos estaban bien. Menos de 24 horas después, cambió su versión en Truth Social: «Recibí notificación de nuestras grandiosas fuerzas armadas de que Irán derribó uno de nuestros helicópteros Apache altamente avanzados. Estados Unidos necesita responder a este ataque».
«Aprieto y aflojo»: la estrategia de Trump y las contradicciones de su gobierno
Las amenazas del presidente contrastan con las declaraciones de su propio vicepresidente, JD Vance, quien en una entrevista con CBS el domingo había afirmado que Irán no está dilatando las negociaciones y que un acuerdo podría concretarse «en la próxima semana». Una y otra vez, Trump ha declarado que un acuerdo está en la «etapa final» y que podría firmarse en «dos o tres días». Horas antes de ordenar los bombardeos, el presidente había dicho a los periodistas que ambas partes estaban en la etapa final de un «acuerdo muy, muy bueno» y que, una vez firmado, el estrecho de Ormuz se reabriría «inmediatamente». Luego, el miércoles, publicó en Truth Social: «Irán es pura habladuría y ninguna acción. Han tardado demasiado en negociar un acuerdo, ahora tendrán que pagar el precio». El analista Dean Blundell, en un artículo publicado por BlockBeats, documentó que Trump ha prometido un acuerdo inminente más de treinta veces desde el inicio de la guerra.
Funcionarios de la administración estadounidense intentaron mantener abierto el canal diplomático a pesar de la escalada militar. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, defendió los ataques como una herramienta para avanzar en las negociaciones: «No es porque queramos reiniciar algo innecesario. Es porque el Departamento de Guerra está listo para establecer las condiciones para alcanzar el acuerdo que el presidente Trump quiere». Un portavoz del CENTCOM describió la operación como una «respuesta proporcional» y una «acción de autodefensa».
La reacción de los aliados regionales no se hizo esperar. Bahréin, Kuwait y Jordania activaron sus defensas aéreas para interceptar los proyectiles entrantes. El reino de Bahréin informó que repelió los ataques iraníes, mientras que Kuwait confirmó que interceptó «objetivos aéreos hostiles». Irán, por su parte, reiteró su advertencia a los países vecinos del Golfo sobre su «responsabilidad legal y moral» de impedir que Estados Unidos e Israel utilicen su territorio para atacar a la República Islámica.
Las negociaciones, al borde del abismo
En paralelo a la escalada militar, las delegaciones de Estados Unidos e Irán mantuvieron contactos indirectos en Doha y Mascate para destrabar los cuatro puntos centrales del desacuerdo nuclear: la suspensión del enriquecimiento de uranio, el destino de las reservas de material altamente enriquecido, el levantamiento de sanciones y la liberación de activos congelados. Una delegación de mediadores qataríes viajó a Teherán el miércoles en un intento por evitar la ruptura definitiva del diálogo. Los esfuerzos diplomáticos continuaron a pesar del bombardeo.
La guerra, que comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha dejado miles de víctimas y una crisis humanitaria en la región. El estrecho de Ormuz sigue bloqueado, el precio del petróleo se mantiene elevado y los esfuerzos diplomáticos parecen estancados. El presidente Trump, que había condicionado la suspensión de los ataques a un avance en las negociaciones, endureció su postura en las últimas horas. En un comunicado de la Casa Blanca, el mandatario advirtió que Irán «tardó demasiado» y que ahora «tendrá que pagar el precio». Washington no descarta nuevas acciones militares en los próximos días si Teherán no cede en sus posiciones.


























