Ocurrió este lunes durante el izamiento de la bandera en la Escuela N°40 Mariano Moreno. El agresor disparó entre cuatro y cinco veces. Un alumno de primer año murió en el lugar. Dos más resultaron heridos, uno de gravedad. Un asistente escolar lo redujo. Los compañeros dicen que era «un chico tranquilo, nunca vimos nada raro». Las autoridades, que hablan de «locura» y «tragedia», ya empezaron con el libreto de siempre: más seguridad, más controles. Pero el problema no es la falta de policías. Es que un pibe de 15 pueda pasar con un arma larga en un estuche de guitarra y nadie le pregunte qué carajo lleva.
Lunes a la mañana. Escuela N°40 Mariano Moreno, San Cristóbal, Santa Fe. Las 7:15. Los chicos formados en el patio interno esperando que icen la bandera. Un alumno de tercer año, de entre 15 y 16, saca una escopeta de la mochila. Dispara. Mata a un compañero de primer año, de 13. Hiere a otros dos. Uno de ellos, de 15, fue trasladado en código rojo a Rafaela con perdigones alojados en cara y cuello.
El estuche de guitarra
El arma entró en un estuche de guitarra, según reveló una madre. Nadie preguntó. Porque un pibe con un estuche de guitarra es lo más normal del mundo. Nadie vio nada raro. Porque en la Argentina de 2026, la normalidad es que un adolescente pueda pasar con un arma larga al lado de la mochila y nadie levante la ceja.
«Pensamos que había sido otra cosa»
Una docente relató que al principio nadie entendió qué pasaba. «Pensamos que había sido otra cosa, no un disparo. Hasta que una compañera apareció diciendo que un chico tenía un arma. Ahí todo se volvió incontrolable».
Los chicos se tiraron al piso, corrieron sin rumbo, saltaron alambrados, saltaron ventanas. Los docentes intentaron organizar la evacuación en medio del pánico. Algunos grabaron con sus celulares. Porque en 2026, filmar un tiroteo es más natural que preguntarse por qué carajo hay un tiroteo.
El asistente que lo redujo
Un asistente escolar se abalanzó sobre el agresor y logró quitarle la escopeta. La situación fue controlada. El atacante, detenido. La escuela, evacuada. La zona, acordonada.
«Era un chico tranquilo»
Los docentes dijeron que el agresor era un buen alumno, que nunca mostraba problemas de conducta. Sus compañeros, igual: «Era un chico tranquilo, nunca vimos nada raro en él». Como si la violencia adolescente solo pudiera venir de los que ya están señalados. Como si un pibe de 15 que no tenía mala conducta no pudiera tener una escopeta en un estuche de guitarra.
El dolor de los que quedan afuera
Una madre recibió el llamado de su hija a las 7:30. La nena lloraba desesperada. Dijo que había un alumno con un arma tirando tiros dentro de la escuela. La madre salió a buscarla y se encontró con chicos corriendo a dos o tres cuadras, con cara de perdidos. «Escuchar el relato de los chicos es terrible, no esperaban una situación de esta magnitud», dijo.
El recuerdo de Carmen de Patagones
El hecho trae a la memoria la masacre de 2004, cuando un pibe de 15 años entró al aula y disparó. Mató a tres compañeros, hirió a cinco. Fue declarado inimputable. Veintidós años después, la historia se repite en otra escuela. La misma edad, el mismo perfil, el mismo final.
Lo que va a pasar ahora
Los de siempre van a salir a pedir más policías en las escuelas. Más controles, más seguridad, más vigilancia. Algunos van a decir que el problema es la falta de valores, otros que es la violencia en los videojuegos. Van a discutir si hay que bajar la edad de imputabilidad, si el pibe tiene que ir preso o a un instituto de menores.
Lo que nadie va a preguntar es cómo un pibe de 15 años consiguió una escopeta. Por qué la llevó a la escuela. Por qué la tenía en un estuche de guitarra y nadie le preguntó nada. Por qué un adolescente que no tenía problemas de conducta terminó matando a un compañero un lunes a la mañana mientras esperaban izar la bandera.
El problema no es que falten policías en las escuelas. El problema es que un pibe de 15 pueda entrar a la escuela con una escopeta en un estuche de guitarra y nadie le pregunte qué carajo lleva. El problema es que la violencia llegó a los pasillos, a los patios, al acto del izamiento de la bandera. Y que nadie, en todo este tiempo, se preguntó cómo frenarla.
Nos leemos pronto.



























