Después de semanas de idas y vueltas, de promesas incumplidas y de la presión cada vez más intensa de la oposición, Manuel Adorni finalmente presentó el miércoles por la noche sus declaraciones juradas. El jefe de Gabinete, investigado por enriquecimiento ilícito, se sentó frente a las cámaras de LN+ para dar la cara. Lo que dijo fue una bomba. Admitió sin vueltas que él y su esposa, Bettina Angeletti, ahorraron durante años 506 mil dólares «en negro». La confesión es de una honestidad brutal: «Toda la vida ahorramos y lo pusimos en negro, como la mayoría de los argentinos que tuvo la suerte de ahorrar», sostuvo.
La presentación incluyó 22 declaraciones juradas y rectificaciones de IVA, Ganancias y Bienes Personales. Pero el gran mea culpa fue otro. «Hago un mea culpa, por supuesto que cometí un error», reconoció Adorni, quien juró que pagará «hasta el último impuesto que me corresponda pagar, hasta la última multa, todos los intereses». La estrategia de su defensa es clara: poner la cara, justificar los plazos y confiar en la Justicia.
«Ahorramos en negro, como todos los argentinos»
Esta fue la frase que atravesó toda la entrevista. Adorni argumentó que no declaró esos ingresos porque en su momento no le pareció necesario. «No lo declaramos porque la manera de escaparte de la vieja política era tener un ahorro en negro. Nunca se me hubiese ocurrido ahorrar en blanco en aquellos años», afirmó. Con esa explicación, el jefe de Gabinete busca instalar la idea de que ahorrar por fuera del sistema era una práctica generalizada. No es una excusa menor. Si logra que esa percepción se instale en la opinión pública, el barro se reparte parejo.
Su defensa se completa con el relato del origen de los fondos. Según su versión, el dinero provino de la venta de una propiedad que heredó de su padre en 2002 —donde dijo haber encontrado el dinero—, del trabajo previo en el sector privado y de una jugada financiera clave. Adorni detalló que incursionó en Bitcoin entre 2014 y 2018, invirtiendo 200 mil dólares y obteniendo una ganancia cercana a los 300 mil dólares. «Reconstruyendo la historia, invertimos US$200.000 y ganamos US$300.000», explicó con lujo de detalles. Esta explicación es la piedra angular de su defensa para demostrar que su patrimonio se originó antes de asumir un cargo público.
La «Ley de Inocencia Fiscal» y los «detalles técnicos»
Para respaldar su relato, Adorni y su esposa solicitaron adherirse al Régimen Simplificado de Ganancias, contemplado en la Ley 27.799. Si bien el funcionario negó que esto tenga relación con un blanqueo, la movida es clave. Este régimen permite que el propio fisco le ayude a liquidar sus impuestos. La oposición, encabezada por el diputado Esteban Paulón, ya presentó un proyecto para excluir a los funcionarios de este beneficio.
El detalle fino de la declaración muestra una fortuna compuesta por bienes variados. La vivienda en el country Indio Cuá, que figuraba solo a nombre de Angeletti, ahora está integrada al patrimonio conjunto, mientras que las obras de remodelación, que el contratista Matías Tabar estimó en 245 mil dólares en efectivo, fueron valuadas por el matrimonio en 170 mil. El departamento de Caballito, por su parte, no fue un negocio con dos «jubiladas», sino una operación comercial con un amigo, según su relato. Adorni desembolsó un anticipo de 30 mil dólares, mientras que el resto del valor se habría financiado con hipotecas.

Para apuntalar su defensa, Adorni no dudó en cargar contra el circo mediático. «No puedo responder al tribunal mediático que desde el primer momento me juzgó», se quejó, y agregó que parte del periodismo «no le interesa la verdad» sino pegarle al Presidente. Lo que no dijo Adorni es que la demora en presentar los papeles y la adhesión al régimen simplificado también pueden leerse como una estrategia de dilación. La Justicia, por ahora, se toma su tiempo.
La interna y los costos políticos
La presentación de Adorni no ocurrió en un vacío político. A horas de la entrevista, la vicepresidenta Victoria Villarruel había calificado su situación como «una desgracia». La herida del oficialismo está abierta, y el propio Adorni minimizó el choque: «Nos llevamos tan bien con Bullrich que este miércoles le compré una torta porque el jueves es su cumpleaños y se lo vamos a festejar en la mesa política». Las fotos de la interna se toman con sonrisas, pero los cuchillos vuelan bajo la mesa.
Adorni aseguró que el objetivo de sus detractores no es él, sino el Presidente. «El objetivo es pegarle a Milei… el objetivo no soy yo», lanzó. La frase es el resumen de la defensa libertaria. El ministro se presenta como un escudo humano. Su suerte está ligada a la del gobierno, y por eso no lo sueltan.
Adorni dijo que pagará sus deudas. Pidió disculpas por su «error». Juró lealtad al Presidente. La pelota ahora está en el tejado de la Justicia, que deberá determinar si sus explicaciones son suficientes o si se trata de una coartada bien armada. La palabra de Adorni, por ahora, sigue siendo su única prueba.


























