Trabajadores autoconvocados de la salud reclaman un salario básico de $2 millones, estabilidad laboral y reconocimiento profesional. Denuncian ingresos de entre $700.000 y $1,2 millones, jornadas extendidas y la necesidad de acumular empleos para sobrevivir, pero no existe una nueva marcha confirmada para esta semana.
Enfermeros autoconvocados de Santa Fe mantienen abierto el conflicto salarial con el gobierno de Maximiliano Pullaro y denuncian que los bajos ingresos, la precarización y la falta de personal los obligan a multiplicar guardias o sostener dos y hasta tres empleos para llegar a fin de mes.
El sector reclama un salario básico de $2 millones, el pase a planta permanente de los trabajadores contratados, la incorporación de personal y el reconocimiento pleno de la enfermería como profesión de riesgo dentro del sistema sanitario provincial.
La protesta comenzó el 18 de febrero con un acampe frente a la sede de la Gobernación en Rosario. El 5 de marzo, los trabajadores marcharon desde la plaza San Martín hasta el Monumento Nacional a la Bandera, después de haber presentado un petitorio ante las autoridades provinciales. Aquella movilización también tuvo expresiones en Santa Fe capital, Reconquista y otras localidades.
La aclaración temporal resulta necesaria porque una nota difundida este lunes presentó aquella convocatoria como si fuera una nueva protesta prevista para esta semana. Sin embargo, las fechas incluidas en el propio texto —4 y 5 de marzo— corresponden a una movilización realizada hace casi cinco meses.
Sueldos que no alcanzan y jornadas interminables
Los trabajadores aseguran que buena parte del personal cobra entre $700.000 y $900.000 mensuales, aunque algunos puestos pueden llegar a alrededor de $1,2 millones. En el sector privado, los ingresos también quedan lejos de los $2 millones exigidos como salario básico.
La diferencia entre los salarios y el costo de vida genera una consecuencia cada vez más extendida: el pluriempleo. Enfermeros que cumplen un turno en un hospital público continúan después en una clínica privada, un centro municipal o una residencia para completar sus ingresos.
Según los testimonios recogidos durante las protestas, jornadas previstas para seis u ocho horas pueden extenderse a doce o incluso veinticuatro horas por la falta de reemplazos y personal suficiente.
“Ponemos el cuerpo todos los días en situaciones críticas y necesitamos un salario acorde a la responsabilidad que asumimos”, expresaron los autoconvocados.
El problema no es únicamente económico. La acumulación de turnos provoca agotamiento físico, estrés, falta de descanso y mayor riesgo de errores dentro de servicios donde cualquier equivocación puede tener consecuencias sobre la salud de los pacientes.
El reclamo por el reconocimiento profesional
Otro de los ejes del conflicto es la aplicación efectiva de las normas que reconocen la formación y responsabilidad del personal de enfermería.
Durante la marcha de marzo, los trabajadores exigieron el cumplimiento de la Ley provincial 13.968, vinculada al reconocimiento de los licenciados en Enfermería como profesionales de la salud, y del artículo 25 de la Ley 12.501, que contempla su encuadramiento como personal de riesgo.
Los manifestantes sostienen que la enfermería continúa siendo tratada como una tarea auxiliar, pese a que implica formación universitaria, responsabilidad directa sobre pacientes, exposición a enfermedades y trabajo permanente en situaciones críticas.
También denunciaron que una parte considerable de la planta cumple funciones bajo contratos precarios, monotributo o modalidades temporarias, sin estabilidad ni condiciones laborales equivalentes a las del personal permanente.
El ajuste salarial de Pullaro
La disputa ocurre mientras el gobierno provincial cerró la paritaria de la administración central con UPCN y ATE. La propuesta para el segundo semestre contempla mínimos garantizados y una mejora semestral de hasta el 15,5%, con un incremento anual informado oficialmente del 36%.
Aunque las conducciones provinciales de ambos sindicatos aceptaron la oferta, sectores autoconvocados de la salud cuestionan que los aumentos no compensan la pérdida acumulada y que las negociaciones no resolvieron reclamos como el pase a planta, la recategorización y la incorporación de personal.
El malestar atraviesa también a otros empleados estatales. Los docentes rechazaron una propuesta del 15% para el segundo semestre, pese a que el Ejecutivo provincial sostiene que algunos cargos alcanzarán una mejora anual promedio del 49% respecto de diciembre de 2025.
La diferencia entre los porcentajes oficiales y la realidad denunciada por los trabajadores se explica porque los aumentos se aplican sobre salarios básicos bajos, incorporan mínimos garantizados y varían según cargo, antigüedad y carga horaria.
Un conflicto que sigue sin respuesta integral
Los enfermeros aseguran que el gobierno de Pullaro todavía no ofreció una solución específica para el sector. El reclamo no se limita a una recomposición salarial, sino que incluye estabilidad, reconocimiento profesional, reducción de la sobrecarga y mayor dotación en hospitales y centros de salud.
La protesta de marzo permitió instalar la discusión, pero no cerró el conflicto. Lo que no está confirmado es una nueva marcha provincial para esta semana ni una caravana convocada para fines de julio.
La noticia real no es una movilización futura, sino la persistencia de una crisis laboral que obliga a quienes sostienen el sistema sanitario a trabajar jornadas interminables para percibir ingresos que continúan por debajo de lo que reclaman como salario digno


























