Mestre Alabê, bahiano radicado en Buenos Aires, lleva más de 30 años defendiendo la pureza de los ritmos afro-brasileños. Desde Moreno, donde impulsa la Asociación Civil «Os Guerreiros do Axé Afro», habla sobre la distorsión de los toques sagrados, la falta de conocimiento y la urgencia de volver a la raíz.
El tambor habla. No es una metáfora. En las religiones de matriz africana, cada golpe, cada pausa, cada vibración es una palabra dirigida a los orixás. Pero ¿qué pasa cuando esa lengua se olvida, se acelera, se mezcla hasta volverse irreconocible?.
André Silva Machado, Mestre Alabê André d’Sàngòjoba Odumbadeyi, lleva más de tres décadas haciéndose esa pregunta. Nació en Camaçari, a 50 kilómetros de Salvador de Bahía, en el seno de un terreiro de candomblé guiado por su abuela materna. Creció escuchando los atabaques en las obligaciones y fiestas religiosas. «Desde chico siempre quise ser tamboreiro y alabê», dice.
Hoy vive en Argentina, en la localidad bonaerense de Moreno. Desde ahí impulsa la Asociación Civil y Cultural «Os Guerreiros do Axé Afro», un proyecto que busca recuperar el acervo cultural del pueblo africano a través de la enseñanza, los seminarios y la formación de nuevos tamborileros. Porque, como él mismo advierte, «estamos en una época de deformación y aceleración de los ritmos tradicionales».
Conversamos con André sobre infancia, exilio, espiritualidad y la urgencia de volver a la raíz.

Melina Schweizer (MS): André, naciste en Bahía, cuna de la percusión afro-brasileña. ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia rodeado del sonido de los tambores?
André Silva Machado (ASM): Nací en Camaçari, ciudad a 50 kilómetros de São Salvador. Mis recuerdos de infancia son muchos: me crié en un terreiro de candomblé guiado por mi abuela materna, donde se realizaban las obligaciones y fiestas religiosas ejecutadas al son de los atabaques. Desde chico siempre me gustaron los tambores, siempre quise ser tamboreiro y alabê. Tuve la oportunidad de conocer grandes maestros en todo ese proceso de aprendizaje.
MS: Creciste en una generación marcada por el surgimiento de blocos afros como Ilê Aiyê y Olodum. ¿Qué significó para vos vivir ese momento histórico?.
ASM: Ya más adolescente, mi familia hacía parte de blocos afros que salían en los carnavales del barrio donde vivíamos. En esos blocos también había escuelas mirins de percusión, donde enseñaban a los más chicos para futuramente hacer parte del bloco principal. Mi familia participaba del bloco afro Ilê Aiyê, ligado a la cultura afro religiosa. Yo fui seleccionado para ser parte de la banda mirim do Olodum, donde arranqué aprendiendo a tocar diversos instrumentos de percusión: repique, surdo, caja, timbau, etc.

MS: Tu formación fue tanto musical como espiritual dentro del candomblé. ¿Cómo se entrelazan en tu vida la religión, el batuque y la percusión?
ASM: Mi formación empezó con mi iniciación espiritual en candomblé, nación Angola. Tuve el proceso correspondiente a las obligaciones hechas dentro del candomblé. Durante algunos años fui ogán de Logunede. Después, mediante confirmación espiritual a través de los buzios, el orixá Sàngó me eligió para ocupar el cargo en los ilú tambores afros. El batuque —la nación Cabinda— lo conocí cuando nos mudamos a Porto Alegre, Rio Grande do Sul, en 1990. En el batuque fui consagrado como tamboreiro por Mestre Jorge Carvalho, conocido como Jorge «Testa» de Oggún, mi primer mestre de ilú tambor de batuque.
MS: A los 15 años migraste a Porto Alegre y más adelante desarrollaste parte de tu trayectoria en Argentina. ¿Qué desafíos implicó dejar tu tierra?
ASM: En realidad migré con 15 años a Porto Alegre, donde me apronté religiosamente en el Ilé-Asé de Pai Idy de Oxúm Panda, en 1989. Después, en 1995, tuve la oportunidad de migrar a Buenos Aires con una misión religiosa: tocar en una ceremonia de aniversario del orixá Yemonjá de Baba Hugo de Yemonjá. Toqué allí desde 1995 hasta 2011, siendo el alabê jefe de los tambores de su Ilé-Asé. En realidad, yo nunca dejé ni jamás dejaré Brasil. Simplemente inicié una nueva etapa de mi vida y camino religioso y musical acá en Buenos Aires, donde permanezco hasta hoy, llevando adelante mis conocimientos tanto religiosos como musicales.

MS: ¿Qué diferencias encontrás entre la vivencia del batuque en Brasil y su práctica en Argentina?, ¿Hay desconocimiento o distorsión?
ASM: La diferencia es abismal. Acá hay una carencia de falta de conocimiento, de yerbas, comidas, frituras, iniciaciones. Veo una mezcla grande de naciones, fundamentos, las rezas (cánticos) reverenciando a los orixás, hasta la fonética está alterada. Los addimún —comidas de los orixás—, la preparación, los elementos utilizados no se encuentran acá. Nuestra religión africana todo arranca por la cocina de orixás: desde los ebós, addimún, las comidas servidas en las fiestas, las ofrendas. Hay mucha diferencia y distorsión del conocimiento. También veo mucha mezcla de naciones, mezclas innecesarias.
MS: Sos Mestre Alabê. Para quienes no conocen el rol, ¿qué significa ser alabê y qué responsabilidades implica?
ASM: Alabê es un título de origen yoruba utilizado en religiones afro-brasileñas como el candomblé para designar al maestro tamborilero responsable de tocar, cuidar y conservar los tambores sagrados (atabaques) y dirigir los cantos rituales. Significa literalmente «el dueño de la calabaza» o «el que tiene la calabaza». Su función ritual es invocar a los orixás a través de los toques de los tambores batá, inhá, atabaques. Debe dominar la liturgia, saber cuándo y cómo tocar en rituales como el Borí, levantamientos, fiestas. Es importante aclarar: no existe alabê en quimbanda, umbanda ni batuque. Es un cargo dado solamente en el candomblé. Para ser alabê, debés ser consagrado.

MS: En tus más de 30 años de trayectoria hablás de la «deformación» y aceleración de los ritmos tradicionales. ¿Qué creés que se está perdiendo?
ASM: La deformación y aceleración de los toques viene por falta de preparo, conocimiento y estudio sobre nuestra cultura y rituales. Hay muchas mezclas entre toques de Exú y orixás. Antiguamente, tamboreiro de batuque era solamente de batuque, y de Exú solamente de Exú. Lo mismo en umbanda. Al ser tres rituales diferentes, obviamente tienen toques muy diferentes también, como sus cánticos. No se tocaba con el mismo ilú tambor afro para los tres rituales, porque los tambores que se tocan para orixás son consagrados, se realizan rituales para ser utilizados. Por eso no deben ser mezclados con Exú, donde consumen alcohol. Cada ilú tambor afro corresponde a su debido ritual. Debemos rescatar nuestras raíces y la esencia de nuestra matriz africana.

MS: Has recorrido distintos países difundiendo la música afro. ¿Cómo reaccionan los públicos que no provienen de esta tradición?
ASM: En mi pasaje por diversos países llevando la música afro —tanto religiosa como profana— he visto que el público, en su gran mayoría, son creyentes de nuestro culto. Otra parte acompaña por fe. Y después están los que les encanta el sonido y la forma de tocar de los tambores. Estamos en una época de crisis y muchos acontecimientos negativos donde la gente redobla su fe, buscan en los orixás una gran salida.

MS: ¿Cuál es hoy tu misión como maestro?, ¿Transmitir técnica, espiritualidad, identidad?
ASM: Mi función hoy por hoy es guiar a las personas que desean conocer y saber sobre nuestra cultura africana y ancestralidad, a través de charlas, seminarios y orientación. A través de los tambores y la música afro, hacemos entender la importancia de los tambores dentro de nuestra religión: son la comunicación entre el mundo terrenal y el espiritual a través de los distintos y diferentes ritmos y cánticos. Rescatando nuestra verdadera identidad religiosa, espiritual y cultural.

MS: ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente en Argentina?
ASM: Estoy trabajando en un proyecto afrocultural a través de la Asociación Civil y Cultural «Os Guerreiros do Axé Afro», con domicilio en Luis Viale 2050, Altos de la Reja, Moreno. Vamos a realizar seminarios y palestras sobre la cultura africana y religiosa, talleres para que aprendan sobre collares, indumentarias y artesanías. También una escuela internacional de formación de nuevos tamboreiros y alabês, instruida con conocimientos, fundamentos y sabiduría de los rituales, toques, rezos, y luthería de instrumentos de percusión: reparación y construcción de los mismos. Será un proyecto bien amplio e interesante dentro de nuestra cultura de matriz africana.

André habla con la pausa de quien sabe que cada palabra tiene peso. No es solo un músico; es un guardián. De los ritmos, de las rezos, de la memoria de un pueblo que cruzó el Atlántico en condiciones inhumanas y que, sin embargo, mantuvo viva su lengua a través del tambor.
Detrás de cada golpe que André da en el ilú hay una cadena de manos que lo anteceden. Manos que enseñaron, que corrigieron, que rezaron. Porque nadie se convierte en Mestre Alabê solo.

Él lo dice con gratitud, casi en susurro: «Jorge Carvalho, famoso Jorge ‘Testa de Oggum’, de la ciudad de Canoas (RS), fue mi primer mestre de ilú tambor afro. Jorge Luis Vas, Mestre Chamin de Agandjú, fue quien me enseñó a rezar para los orishas, la fonética correcta afro. Y Antonio Carlos Machado, Mestre Antonio Carlos de Xangô, mi tío carnal, quien pulió todos mis conocimientos en el ilú tambor afro y me dio el título de Mestre Alabê Onilú André d’Sàngòjoba Odúmbadèyi».

Idalino de oggúm
Pero la cadena se extiende más atrás, mucho más atrás. Hasta su bisabuelo, Idalino Moreira, conocido como Idalino de Ogum.
Idalino fue uno de los babalorixás más antiguos de Brasil. Murió a los 115 años, por insuficiencia cardíaca y enfisema pulmonar, un lunes a las 11 de la mañana. Fue sepultado en el Cementerio São Miguel e Almas, en un funeral que tuvo rituales africanos y de la Iglesia católica. Al son de los cantos de despedida de la tradición nagô y yoruba, parientes, amigos y dirigentes de Afrobrás lo acompañaron hasta la sepultura.
Era el pai de santo más antiguo de Rio Grande do Sul y, según dirigentes de la Federación Afrobrasileña, posiblemente de todo Brasil. A pesar de su edad avanzada, mantenía la lucidez y solía brindar atención espiritual a quienes lo buscaban, echando los búzios y orientando a los hijos de santo en los rituales africanos. Fue responsable de la propagación de los cultos africanos en el Estado, especialmente los de la nación Nagô, incentivando la aparición de muchas casas religiosas.
Con varias compañeras a lo largo de sus 115 años, Idalino dejó muchos hijos. Uno de ellos, según reveló poco antes de morir, tenía 80 años. Su última esposa, María do Bará, falleció tres meses antes que él.
De ese linaje nació su abuelo, Pai Tureba de Oggún, hijo carnal de Pai Idalino de Oggú. Y de Tureba, su padre, Carlinhos de Oxúm, quien tuvo 28 hijos carnales. Sangre de babalorixás, sangre de tambor, sangre de axé.

Pai Paulinho de Yemanjá fue quien lo trajo a Buenos Aires, Argentina.
Esa sangre corre por las venas de André. Esa memoria late en cada uno de sus toques.
Desde Moreno, en el conurbano bonaerense, impulsa una asociación que busca ser faro para quienes quieran acercarse a la cultura afro con respeto y sed de aprendizaje. Porque, como él mismo advierte, no se trata solo de tocar. Se trata de saber qué se está tocando, a quién se está invocando, y por qué.

Carlos Alberto Paiva (Carlinhos de Oxum), padre de Andrés.
«Debemos rescatar nuestras raíces y la esencia de nuestra matriz africana», dice. Y mientras habla, se escucha de fondo el eco de un tambor que no necesita ser tocado para seguir sonando. Es el tambor de la memoria. Es el tambor de Idalino, de Tureba, de Carlinhos, de Jorge Testa, de Chamin, de Antonio Carlos. Es el tambor de los ancestros.

Tureba de Ogúm, abuelo de Andrés.
Y André, con sus más de 30 años de trayectoria, es uno de sus guardianes. El que recibió la herencia y la sostiene con las manos, con el corazón y con el axé de quienes vinieron antes.
FICHA TÉCNICA
Nombre completo: André Silva Machado
Nombre religioso: Mestre Alabê Onilú André d’Sàngòjoba Odúmbadèyi
Nacimiento: 11 de agosto de 1974, Camaçari (Bahía, Brasil)
Residencia: Moreno, provincia de Buenos Aires, Argentina
Trayectoria: Más de 30 años como tamboreiro y alabê
LINAJE Y ANCESTROS:
- Bisabuelo: Pai Idalino de Oggú (Idalino Moreira), uno de los babalorixás más antiguos de Brasil, fallecido a los 115 años.
- Abuelo: Pai Tureba de Oggún, hijo carnal de Pai Idalino de Oggú.
- Padre: Carlinhos de Oxúm, quien tuvo 28 hijos carnales.
MAESTROS Y FORMADORES:
- Jorge Carvalho (Jorge «Testa de Oggum»): Primer mestre de ilú tambor afro, de la ciudad de Canoas (RS).
- Jorge Luis Vas (Mestre Chamin de Agandjú): Enseñó a rezar para los orishas y la fonética correcta afro.
- Antonio Carlos Machado (Mestre Antonio Carlos de Xangô): Tío carnal, pulió sus conocimientos en el ilú tambor afro y le otorgó el título de Mestre Alabê Onilú André d’Sàngòjoba Odúmbadèyi.
PROYECTO ACTUAL:
Fundador y organizador del «Movimiento Afrocultural Os Guerreiros do Axé Afro» (Asociación Civil y Cultural)
Domicilio: Luis Viale 2050, Altos de la Reja, Moreno, provincia de Buenos Aires, Argentina
REDES SOCIALES:
Instagram de la asociación: @osguerreiros.do.axe.afro
Canal de YouTube: @ALAGBEANDRE
636 suscriptores | 27 videos con contenido ritual, rezos, toques y enseñanzas
Instagram personal: @mestre.alabe.andre





























