El 10 de mayo de 2026, la Comisión Organizadora del Día Nacional de los Afroargentinos/as y la Cultura Afro difundió a través de su cuenta de Instagram una carta pública de repudio contra el gobierno argentino. El documento cuestiona la decisión del Estado de votar en contra de una resolución histórica de Naciones Unidas sobre esclavitud, racismo y reparación histórica. Las organizaciones denunciaron un “retroceso ético e histórico” y advirtieron sobre el peligro del negacionismo racial en Argentina.
La publicación apareció el 10 de mayo en la cuenta oficial de Instagram de la Comisión Organizadora del 8 de Noviembre y rápidamente comenzó a circular entre organizaciones afrodescendientes, activistas antirracistas y espacios de derechos humanos. No era un comunicado menor ni una declaración simbólica más. Era una respuesta política directa al posicionamiento adoptado por Argentina ante Naciones Unidas semanas antes.
La carta expresa el “total repudio” de organizaciones afroargentinas y afrodescendientes frente a la decisión del gobierno nacional de votar en contra de una resolución histórica de la Asamblea General de la ONU que reconoce la trata transatlántica y la esclavitud racializada de personas africanas como uno de los crímenes más graves contra la humanidad.
El tono del documento es contundente desde el comienzo. Las organizaciones califican la postura argentina como “políticamente regresiva, éticamente injustificable e históricamente insostenible”, además de señalar que contradice compromisos internacionales asumidos por el propio Estado argentino en materia de derechos humanos y lucha contra el racismo.
La reacción no surgió solamente por una cuestión diplomática. Lo que las organizaciones afrodescendientes denuncian es algo más profundo: el modo en que el Estado argentino continúa teniendo enormes dificultades para reconocer la dimensión histórica y estructural del racismo dentro del propio país.


La resolución que Argentina rechazó
La votación cuestionada ocurrió el 25 de marzo de 2026 durante una sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas. La resolución aprobada buscó establecer un reconocimiento internacional explícito sobre el carácter criminal de la trata transatlántica y la esclavitud racializada ejercida contra pueblos africanos y afrodescendientes.
El texto además promueve políticas de memoria, verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición frente a las consecuencias persistentes del colonialismo y la esclavitud.
De los 178 países participantes, 123 votaron a favor, 52 se abstuvieron y solamente tres rechazaron la resolución. Entre esos tres apareció Argentina.
El dato produjo fuerte impacto porque incluso varios países europeos históricamente ligados al colonialismo y al tráfico esclavista —como Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania y Holanda— eligieron abstenerse en lugar de votar negativamente.
Para las organizaciones afrodescendientes argentinas, el voto del gobierno nacional no fue interpretado como un detalle técnico de política exterior, sino como un gesto político profundamente grave.
“Es realmente una verdadera decepción”, señala la carta difundida por la Comisión.

La esclavitud como estructura, no como pasado
Uno de los puntos más importantes del documento es que insiste en algo que movimientos afrodescendientes vienen señalando hace décadas: la esclavitud no puede ser entendida únicamente como un hecho del pasado.
La resolución de la ONU afirma precisamente eso. Reconoce que las consecuencias de la trata esclavista continúan presentes hoy en forma de racismo estructural, desigualdad social, exclusión económica y violencia institucional.
Ese enfoque rompe con una mirada tradicional que suele presentar la esclavitud como un episodio histórico cerrado y desconectado de las condiciones contemporáneas.
Las organizaciones afroargentinas plantean otra lectura: el orden racial moderno todavía organiza jerarquías sociales, económicas y culturales heredadas del colonialismo.
Por eso el documento difundido el 10 de mayo insiste especialmente en la necesidad de reparación histórica y reconocimiento político.
No se trata únicamente de memoria simbólica.
Se trata de desigualdades concretas.

El problema argentino con su propia negritud
La carta también vuelve a poner en discusión un aspecto histórico profundamente arraigado en Argentina: la construcción de un relato nacional basado en blanqueamiento cultural y negación afrodescendiente.
Durante décadas la narrativa oficial presentó al país como una nación esencialmente europea, invisibilizando la presencia africana y afrodescendiente dentro de la historia nacional.
Sin embargo, investigaciones históricas demostraron que las poblaciones negras y afrodescendientes tuvieron un peso central durante la etapa colonial y los primeros años de formación del Estado argentino. Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero y otras regiones contaron con importantes comunidades afrodescendientes que participaron activamente en la economía, las guerras independentistas y la vida cultural del país.
Aun así, gran parte de esa memoria fue expulsada del relato oficial.
La escuela argentina prácticamente eliminó durante décadas la historia afrodescendiente de los programas educativos, mientras el imaginario nacional seguía reproduciendo la idea de que “en Argentina no hay negros”.
Por eso el voto argentino en la ONU fue leído por muchas organizaciones como continuidad de esa tradición histórica de negación.

Quiénes firmaron la carta
El documento fue impulsado por la Comisión Organizadora del Día Nacional de los Afroargentinos/as y la Cultura Afro, espacio que articula organizaciones afrodescendientes de distintas provincias y trayectorias históricas.
Entre ellas aparecen África Vive, Sociedad Caboverdeana, Movimiento Afrocultural, Teatro en Sepia, además de colectivos afrodescendientes de Misiones, Corrientes, Salta, Chaco y Santiago del Estero.
La diversidad territorial del espacio también desmonta otra ficción persistente: que la afrodescendencia en Argentina es marginal o inexistente.
Las comunidades afroargentinas no solamente existen. También construyen organización política, memoria histórica, producción cultural y redes comunitarias propias.
Y justamente por eso la carta posee una dimensión mucho más amplia que un simple comunicado institucional.

La disputa por la memoria
La reacción de la Comisión Organizadora del 8 de Noviembre aparece además en un contexto global marcado por fuertes disputas sobre colonialismo, reparación histórica y racismo estructural.
En distintos países crecen debates sobre restitución patrimonial, reparaciones económicas, reconocimiento de crímenes coloniales y revisión crítica de las narrativas nacionales tradicionales.
En América Latina, movimientos afrodescendientes vienen reclamando desde hace años políticas públicas específicas vinculadas a representación política, educación antirracista, acceso a derechos y reparación histórica.
La ONU incluso impulsó entre 2015 y 2024 el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, centrado en tres ejes: reconocimiento, justicia y desarrollo.
Por eso el rechazo argentino a la resolución fue interpretado por muchas organizaciones como un retroceso político frente a consensos internacionales construidos durante años.
“Manifestaremos nuestro repudio todas las veces que sea necesario”
La carta cierra con una frase que funciona casi como advertencia política.
Las organizaciones sostienen que continuarán expresando públicamente su rechazo “todas las veces que sean necesarias”.
La definición importa porque deja claro algo central: el conflicto no termina en Naciones Unidas.
Lo que está en disputa es el reconocimiento mismo de las comunidades afrodescendientes dentro de la memoria política argentina.
Y justamente ahí el comunicado difundido el 10 de mayo deja de ser solamente una respuesta diplomática.
Se convierte en una intervención política contra el negacionismo racial dentro de un país que todavía sigue teniendo enormes dificultades para asumir la dimensión afrodescendiente de su propia historia.



























