Julio César Silva, encargado del edificio donde vivía Cristina Kirchner, negó en Comodoro Py haber declarado que Daniel Muñoz entraba habitualmente con bolsos y valijas. Además, denunció presiones durante su testimonial de 2018 y afirmó que firmó declaraciones sin leerlas completas. El juicio oral por la Causa Cuadernos suma nuevas dudas sobre la construcción de pruebas y el accionar judicial durante la instrucción.
📍 Comodoro Py, Ciudad de Buenos Aires, 21 de mayo de 2026
El juicio oral por la llamada Causa Cuadernos sumó este miércoles uno de los testimonios más delicados desde el inicio del debate oral. Julio César Silva, portero del edificio de la calle Uruguay donde residía Cristina Fernández de Kirchner, negó parte central de la declaración que había prestado durante la instrucción de la causa y denunció presiones sufridas mientras era interrogado por el fallecido juez Claudio Bonadio y fiscales judiciales en 2018.
Silva aseguró ante el Tribunal Oral Federal que nunca declaró que el exsecretario privado presidencial Daniel Muñoz ingresara “habitualmente” al edificio con bolsos y valijas durante los gobiernos kirchneristas, una de las afirmaciones utilizadas durante años para sostener mediáticamente la hipótesis de traslado sistemático de dinero ilegal.
“La parte que dice que Muñoz venía de 2007 a 2010 con bolsos y valijas, eso yo no lo dije”, afirmó el encargado frente a los jueces de Comodoro Py. El testigo reconoció que firmó aquella declaración incorporada al expediente, pero admitió que lo hizo sin leer completamente el contenido y sin estar de acuerdo con varios pasajes. “Cometí un delito”, sostuvo, en referencia a haber rubricado un documento judicial cuya redacción final —según afirmó— no reflejaba exactamente sus palabras.
La declaración impactó de lleno sobre uno de los pilares discursivos que durante años rodearon la causa conocida como “los cuadernos de las coimas”, construida originalmente a partir de anotaciones atribuidas al chofer Oscar Centeno y de testimonios recolectados durante la etapa de instrucción encabezada por Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli.
Pero lo más grave del testimonio llegó después. Silva relató que durante aquella declaración judicial de 2018 sintió que no estaba participando de una testimonial normal sino de un “interrogatorio” bajo presión psicológica constante. “No me sentía bien. Cuando me decían las cosas me las repetían montones de veces y volvían para atrás y me repetían lo mismo. Entonces yo ahí no sentía que lo que respondía estaba bien”, explicó ante el tribunal.

El encargado del edificio sí reconoció haber visto a Muñoz con bolsos “en una o dos oportunidades”, pero rechazó de manera tajante la descripción sobre movimientos frecuentes o ingreso constante de equipaje que aparece reflejada en el expediente judicial.
“Cantidades de bolsos, eso sí, no señor”, respondió ante los jueces. La tensión de la audiencia aumentó todavía más cuando el abogado defensor José Manuel Ubeira le preguntó directamente si había recibido amenazas durante aquella testimonial. Silva entonces describió el episodio que más lo afectó emocionalmente. “Me dijeron que yo tenía dos hijas y que tenía que decir todo lo que me preguntaran”, afirmó.
Ante la consulta explícita de Ubeira sobre si interpretó esa frase como una amenaza, el testigo respondió sin rodeos: “Sí, me puse mal”. La declaración volvió a poner bajo cuestionamiento el modo en que se construyó parte de la prueba testimonial durante la etapa más agresiva de la investigación judicial impulsada en Comodoro Py entre 2018 y 2019, en pleno auge de las causas por corrupción contra exfuncionarios kirchneristas.

El portero negó parte de su testimonio y reconoció haber recibido presiones.
El testimonio de Silva además se suma a otros episodios recientes que vienen erosionando la solidez narrativa construida alrededor de la causa.
Durante los últimos días declaró también el periodista Diego Cabot, quien recibió originalmente las fotocopias de los cuadernos atribuidos a Centeno y realizó la denuncia periodística inicial que dio origen al expediente judicial.
Cabot declaró durante más de trece horas ante el Tribunal Oral Federal N°7 y respondió preguntas de fiscales, defensas y querellas. Su exposición volvió a abrir fuertes cuestionamientos sobre la cadena de custodia del material utilizado como prueba y sobre el recorrido exacto de los cuadernos originales.
Las defensas insisten desde hace años en que existieron irregularidades graves alrededor del manejo de la evidencia, especialmente porque durante gran parte de la investigación circularon solamente fotocopias y no los manuscritos originales atribuidos a Centeno.
Además, distintos peritajes incorporados posteriormente al expediente señalaron inconsistencias vinculadas a fechas, trazos, tinta y cronología de algunos apuntes utilizados durante la instrucción judicial.
El juicio oral, que durante años parecía encaminado como una validación automática del expediente construido por Bonadio y Stornelli, empezó así a mostrar fisuras cada vez más visibles.
Y el testimonio de Silva impacta particularmente porque toca una de las imágenes más instaladas durante la etapa de mayor exposición mediática de la causa: los supuestos ingresos permanentes de bolsos con dinero al edificio donde residía Cristina Fernández de Kirchner.
La escena fue repetida durante años en programas televisivos, coberturas judiciales y discursos políticos.
Ahora, uno de los propios testigos utilizados para sostener esa narrativa acaba de decir ante un tribunal que jamás declaró lo que figura escrito en el expediente y que firmó bajo presión psicológica mientras le recordaban que tenía “dos hijas”.
El juicio recién empieza.
Pero las dudas sobre cómo se construyó una de las causas judiciales más explosivas de la historia política argentina vuelven a instalarse en el centro de Comodoro Py.



























