El aniversario de la muerte de Eva Perón encontró al peronismo bonaerense repartido entre dos homenajes, una silla reservada para Axel Kicillof que quedó vacía y una ausencia inesperada de Máximo Kirchner. Mientras el gobernador encabezó una actividad reducida con Julio Alak en La Plata, La Cámpora y los intendentes se reunieron en Moreno para demostrar que la unidad sigue firme, siempre que nadie pretenda compartir el mismo escenario.
El peronismo bonaerense recordó a Evita con una demostración práctica de su principal enseñanza política: organizarse, pero cada uno en su propio acto. Axel Kicillof encabezó una ceremonia sencilla en La Plata junto a Julio Alak, mientras La Cámpora, intendentes y dirigentes se reunían en Moreno. La unidad estuvo presente en ambas actividades, aunque por razones de agenda no consiguió trasladarse de una plaza a la otra.
En Moreno habían preparado una silla con el nombre de Kicillof. La silla cumplió impecablemente su función institucional: permaneció vacía durante todos los discursos y evitó hacer declaraciones que pudieran profundizar la interna. En tiempos de hiperactividad política, el mueble fue el dirigente más prudente de la jornada.
Desde la gobernación ya habían aclarado que Kicillof solo participaría del homenaje en La Plata, de modo que su ausencia no constituyó una sorpresa. Sin embargo, conservaron la silla rotulada porque en el peronismo una ausencia con cartel siempre resulta más significativa que una presencia sin candidatura. El asiento vacío no aplaudió, pero midió mejor que varios aspirantes.
La verdadera sorpresa fue Máximo Kirchner. Algunos medios aseguraban que asistiría al encuentro de Moreno, donde se reunieron sectores de La Cámpora y jefes comunales del conurbano, pero finalmente no apareció. El líder partidario logró así conducir el acto mediante una técnica de liderazgo avanzada: hacer que todos hablaran de él sin tener que pronunciar una sola palabra.

La ausencia de Máximo produjo un curioso equilibrio interno. Kicillof no estaba porque había decidido realizar otro acto; Máximo no estaba pese a que muchos esperaban encontrarlo; Evita tampoco estaba por razones históricas suficientemente conocidas. Moreno consiguió reunir a tres grandes ausencias, una capacidad de convocatoria que ningún dirigente debería subestimar.
Sí asistieron los intendentes Federico Otermín y Gastón Granados, identificados con el denominado Grupo AFA, además de Eva Mieri, Florencia Saintout, Lucía Cámpora, Cristina Álvarez Rodríguez, Guillermo Moreno y Felipe Solá. La foto reunió camporistas, axelistas, antiguos funcionarios y dirigentes de distintas generaciones. Faltó únicamente aquello que todos habían ido a celebrar: un acuerdo sobre quién manda.
Mientras tanto, Kicillof y Alak encabezaron el homenaje en Plaza Moreno, en la capital bonaerense. “El mejor homenaje que le podemos hacer a Evita es organizarnos”, expresó el gobernador. La frase fue pronunciada durante una actividad distinta de la que celebraban sus compañeros en Moreno, lo que permitió comprobar que la organización peronista atraviesa una etapa federal: cada fracción administra su propio homenaje.
El acto platense también fue interpretado como un respaldo a la eventual candidatura de Alak para suceder a Kicillof en la gobernación. En política, una ofrenda floral nunca es únicamente una ofrenda floral. Puede ser también una presentación de fórmula, un mensaje para Cristina, una señal a los intendentes y, con algo de suerte, un homenaje a la persona cuyo nombre figura en la convocatoria.
Alak busca mantener una relación cercana con Kicillof sin romper el vínculo con Cristina Kirchner, pese a las diferencias existentes entre ambos espacios. La estrategia consiste en obtener la aprobación simultánea del gobernador y de la expresidenta para competir por la provincia. Es una tarea sencilla, parecida a pedirles a dos personas divorciadas que elijan juntas al próximo administrador del edificio.
El intendente platense incluso analiza cuestionar con mayor fuerza la condena contra Cristina como gesto de acercamiento. La política bonaerense tiene su propio lenguaje amoroso: otros envían flores, Alak evalúa impugnar fallos judiciales. Cupido trabaja en tribunales porque en La Plata tampoco consigue estacionamiento.
Detrás de la posible candidatura provincial aparece otra disputa: quién heredará la intendencia de La Plata. En el kirchnerismo, Florencia Saintout figura entre las dirigentes mejor posicionadas, aunque algunos sectores dudan de que pueda preservar la unidad construida por Alak después de recuperar la ciudad en 2023. La sucesión todavía no comenzó formalmente, pero ya amenaza con terminar varias amistades.
Desde el peronismo local advierten que, si Alak abandona la intendencia para competir por la gobernación, podría quebrarse el acuerdo que mantiene alineados a los distintos sectores. La unidad platense, al parecer, depende de que nadie se mueva demasiado. Es una estructura política de gran solidez, siempre que no se intente utilizar.
La ciudad de La Plata aparece, además, como una posible moneda de negociación entre Cristina, Kicillof y Alak. El intendente necesita apoyos para avanzar hacia la provincia; el kirchnerismo pretende conservar influencia en la capital; el gobernador busca ordenar su sucesión sin entregar todo el tablero. Evita hablaba de entregar la vida por el pueblo; sus herederos discuten quién se queda con la municipalidad.
La conmemoración terminó exhibiendo el problema que atraviesa al peronismo bonaerense: todos reclaman unidad, pero cada sector entiende que esa unidad debe organizarse detrás de su propio candidato. Kicillof quiere construir autonomía, Máximo conserva el control partidario, Cristina mantiene capacidad de veto, Alak procura recibir bendiciones múltiples y los intendentes observan quién queda mejor ubicado. La doctrina está clara; lo que falta es decidir quién cobra los derechos de autor.
Evita fue recordada en La Plata y en Moreno, con discursos sobre organización, soberanía y lealtad. No hubo una ruptura formal, tampoco una foto conjunta ni una conducción reconocida por todos. Pero el peronismo logró convertir dos ceremonias separadas y varias ausencias en una demostración de fortaleza colectiva. Al fin y al cabo, cuando la unidad no puede llenar una plaza, siempre puede reservar una silla.


























