Diputados aprobó el recorte del régimen de Zona Fría y 3,2 millones de hogares perderán subsidios automáticos en las boletas de gas. La Libertad Avanza, el PRO, radicales aliados y bloques provinciales acompañaron el ajuste en nombre del “equilibrio fiscal”. Mientras hablan de eficiencia económica, millones de familias del interior deberán elegir entre calefacción, deuda o hambre.
Hay algo profundamente miserable en votar aumentos de gas para provincias frías mientras sesionás envuelto en alfombra, café caliente y calefacción paga por el Estado.
Porque eso pasó. 132 diputados levantaron la mano para recortar subsidios en regiones donde el invierno no es un concepto estético de Palermo sino una realidad que entra por las ventanas, se mete en los huesos y te obliga a decidir cuánto prender la estufa para no destruir el presupuesto familiar.
Y ahí apareció el ejército libertario completo, disciplinado como secta financiera con mandato divino del Excel. Lilia Lemoine, Bertie Benegas Lynch, Juliana Santillán, Santiago Santurio, Gabriel Bornoroni, Luis Petri, Sebastián Pareja, Manuel Quintar, Nicolás Mayoraz, Patricia Vásquez, Romina Diez, José Peluc, Álvaro Martínez, Lorena Villaverde y toda la comparsa de predicadores del ajuste permanente votaron para que el gas deje de ser un derecho accesible y vuelva a convertirse en privilegio estacional.
La lógica oficial es brutal en su sinceridad: si no podés pagar calefacción, el problema aparentemente sos vos y no el modelo económico que pulverizó salarios, jubilaciones y consumo mientras dolariza servicios esenciales.
Después llegó el PRO, siempre dispuesto a transformarse en escribanía premium de cualquier recorte social que venga envuelto en lenguaje gerencial. Cristian Ritondo, Fernando De Andreis, Alejandro Finocchiaro, Martín Yeza, María Florencia De Sensi, Daiana Fernández Molero y Álvaro González acompañaron felices la motosierra térmica mientras seguramente preparan discursos sobre “modernización” y “responsabilidad fiscal”.

Porque el macrismo podrá cambiar logos, alianzas o peinados… pero jamás abandona su verdadera pasión histórica: hacer pagar el ajuste a quienes viven lejos de Puerto Madero.
Y después aparece el radicalismo colaboracionista, esa criatura política fascinante que siempre encuentra una manera elegante de votar daño social mientras explica que lo hace “por institucionalidad”.
Guillermo Aguero, Gerardo Cipolini, Lisandro Nieri, Darío Schneider y Diógenes González acompañaron el recorte como quien firma una autorización bancaria y no una medida que impactará directamente sobre hogares donde el invierno dura medio año.
Pero quizá la escena más obscena vino de los bloques provinciales.
Porque mientras en campaña hablan de federalismo, producción regional y defensa del interior profundo, cuando llega la hora de votar terminan alineados con Buenos Aires para recortar subsidios precisamente en las provincias que dicen representar.
Innovación Federal puso a Alberto Arrúa, Oscar Herrera Ahuad, Pablo Outes, Yamila Ruiz, Daniel Vancsik y Yolanda Vega al servicio del ajuste energético libertario. Provincias Unidas hizo lo suyo con Lourdes Arrieta, Jorge Ávila y Sergio Capozzi.
Todo muy federal.
Muy patriótico.
Muy “defendemos nuestras provincias” hasta que aparece una orden fiscal del Ministerio de Economía.
Y como siempre, también aparecieron los satélites profesionales del poder: Oscar Zago, Nicolás Massot, Karina Maureira y otros diputados de bloques pequeños que sobreviven políticamente orbitando cualquier esquema de gobernabilidad que garantice cercanía con la caja, el despacho o la próxima negociación parlamentaria.
La escena general ya ni siquiera intenta esconder la lógica de clase detrás del ajuste.
Los tipos que jamás pasarán frío deciden quién puede calefaccionarse.
Los funcionarios que viven con sueldos blindados hablan de “focalización”.
Los diputados que jamás elegirán entre comida o factura de gas votan “racionalización de subsidios”.
Y después llaman populista a cualquiera que señale la obscenidad.
Mientras tanto, afuera del Congreso, la Argentina real sigue funcionando con frazadas extra, estufas apagadas y familias enteras encerradas en un solo ambiente para ahorrar consumo.
Porque esa es la verdadera traducción del “equilibrio fiscal” libertario:
que el frío lo paguen abajo.
Y lo más impresionante es que muchos de los que votaron esto después recorrerán sus provincias sacándose fotos con vecinos, productores y jubilados como si no hubieran firmado exactamente el mecanismo que les encarecerá la vida en pleno invierno.
La política argentina tiene larga tradición de cinismo.
Pero el mileísmo logró algo distinto.
Convirtió la crueldad social en doctrina económica orgullosa.
Y encima la aplauden.
Viste que la casta siempre fuimos nosotros, debes de darte cuenta.



























