Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 28.262 empleadores formales y se destruyeron 341.396 puestos registrados, un promedio de 385 empleos por día. El deterioro ya no afecta solamente a la industria, la construcción y el comercio: también alcanza a sectores en expansión como petróleo, minería y finanzas, donde la producción aumenta mientras las plantillas se achican.
La recuperación que el Gobierno exhibe en algunos indicadores económicos no encuentra un correlato en el mercado laboral. La producción crece en determinadas ramas, las exportaciones energéticas avanzan y las actividades financieras mejoran sus resultados, pero el empleo formal continúa cayendo. Los puestos destruidos no son reemplazados por nuevos trabajos registrados, sino principalmente por ocupaciones informales, empleos por cuenta propia, plataformas digitales y changas con menores ingresos y sin protección social.
Los datos elaborados por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino, el Centro de Economía Política Argentina y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina describen un mismo fenómeno desde perspectivas diferentes: la economía argentina atraviesa un proceso de crecimiento concentrado en sectores con poca capacidad para contratar trabajadores.
El resultado es una estructura productiva que puede aumentar su nivel de actividad, sus exportaciones o su rentabilidad sin ampliar el empleo. En algunos casos, incluso produce más con menos personal.
La economía volvió a estancarse y el empleo formal no encuentra piso
El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en mayo de 2026 una caída desestacionalizada del 0,5% respecto de abril, según el análisis de IDESA. El dato muestra que, luego de la recuperación observada en algunas actividades, la economía volvió a perder impulso.
El promedio general, sin embargo, oculta profundas diferencias sectoriales. Mientras algunas ramas relacionadas con los recursos naturales o los servicios financieros presentan crecimiento, las actividades que concentran una mayor cantidad de trabajadores continúan debilitadas.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, la industria manufacturera, la construcción y el comercio acumularon caídas cercanas al 9% tanto en producción como en empleo formal. Se trata de sectores decisivos para el mercado laboral porque reúnen empresas pequeñas y medianas, establecimientos industriales, comercios y obras que demandan una gran cantidad de mano de obra.
El deterioro de estas actividades explica una parte importante de la destrucción de puestos registrados, pero no todo el problema. Los sectores que crecieron tampoco absorbieron a quienes quedaron desplazados.
IDESA señaló que durante los últimos dos años prácticamente todo el aumento de la ocupación estuvo explicado por el cuentapropismo no registrado. En otras palabras, creció la cantidad de personas que intentan generar ingresos por sus propios medios, pero no el número de trabajadores contratados formalmente por empresas.
Esto implica que una persona puede continuar apareciendo como ocupada en las estadísticas, aunque haya perdido un empleo con aportes jubilatorios, obra social, vacaciones pagas e indemnización y haya pasado a realizar trabajos ocasionales o independientes.
Petróleo, gas y minería crecieron 37%, pero redujeron 9% el empleo
Uno de los datos más contundentes corresponde a las actividades extractivas, presentadas por el Gobierno como el motor de la nueva economía argentina.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, la producción de petróleo, gas y minería aumentó en promedio un 37%. Sin embargo, durante el mismo período el empleo registrado del sector cayó un 9%.
La comparación muestra una fuerte desconexión entre crecimiento productivo y generación de trabajo. Por cada avance en la actividad no se incorporaron nuevos empleados, sino que se produjo una reducción de las plantillas.
La expansión de Vaca Muerta se apoya principalmente en explotaciones no convencionales, grandes inversiones de capital, infraestructura tecnológica y procesos de alta productividad. Estos desarrollos pueden generar grandes volúmenes de petróleo y gas con una cantidad de trabajadores relativamente menor que los yacimientos tradicionales.
Por eso, la posibilidad de que los despedidos de la industria, la construcción o el comercio sean absorbidos masivamente por el sector energético resulta limitada. Vaca Muerta puede aumentar las exportaciones y generar divisas, pero no necesariamente convertirse en una fuente de trabajo proporcional a su crecimiento económico.
La contradicción también alcanza las proyecciones oficiales. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aseguró que en las próximas tres décadas alrededor de 1,5 millones de personas se trasladarán a Neuquén impulsadas por las oportunidades energéticas. Los datos actuales, sin embargo, muestran una actividad hidrocarburífera en expansión que reduce empleo formal en lugar de aumentarlo.
Las finanzas producen 12% más y emplean 6% menos
Una dinámica similar se observa en el sector financiero. La actividad aumentó un 12% desde noviembre de 2023, pero la cantidad de trabajadores registrados disminuyó un 6%.
La digitalización bancaria, el cierre de sucursales, la automatización de operaciones y el uso creciente de plataformas redujeron la necesidad de personal administrativo y atención presencial.
Las entidades pueden procesar más operaciones, ampliar servicios y aumentar ingresos sin incrementar su nómina de empleados. Incluso pueden mejorar su productividad mientras eliminan puestos laborales.
El único sector dinámico que logró combinar crecimiento de la actividad y aumento del empleo fue el agropecuario, según IDESA. En el resto de las ramas que lideraron la recuperación, la innovación tecnológica y la reconversión productiva estuvieron acompañadas por una caída de trabajadores registrados.
Este fenómeno modifica una relación histórica. Durante décadas, el crecimiento económico solía generar una mejora gradual del empleo. En el escenario actual, el aumento del producto puede concentrarse en sectores intensivos en capital, tecnología o recursos naturales, pero poco intensivos en mano de obra.
En 29 meses desaparecieron 28.262 empleadores
El informe del CEPA permite observar la magnitud de la crisis desde el punto de vista de las empresas.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 dejaron de existir 28.262 empleadores registrados. El promedio equivale a la desaparición de aproximadamente 30 empresas por día durante 29 meses.
La pérdida no significa necesariamente que todas las compañías hayan cerrado definitivamente. Algunas pudieron pasar a la informalidad, fusionarse, dejar de declarar trabajadores o abandonar su condición de empleadoras. Sin embargo, en todos los casos se redujo la cantidad de unidades productivas que sostienen puestos laborales formales.
El comercio mayorista y minorista fue la actividad con mayor destrucción absoluta de empleadores: perdió 7.567 firmas. El sector fue golpeado por la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el aumento de tarifas y alquileres y la apertura de importaciones.
En términos porcentuales, la mayor contracción se registró en los servicios de organizaciones y organismos extraterritoriales, con una caída del 16,7%. Aunque se trata de una rama mucho más pequeña, el porcentaje muestra la intensidad del retroceso dentro de ese universo.
El dato global refleja una reducción sostenida de la base empresarial. Menos empresas registradas significan menos posibilidades de contratación formal, menor recaudación de aportes y contribuciones y una mayor concentración económica.
Se destruyeron 341.396 empleos registrados: 385 por día
La desaparición de empleadores estuvo acompañada por una pérdida todavía más profunda de puestos de trabajo.
Durante los 29 meses analizados por el CEPA se eliminaron 341.396 empleos registrados en unidades productivas. La cifra equivale a una destrucción promedio de 385 puestos laborales por día.
El número permite dimensionar la velocidad del deterioro. No se trata de una reducción puntual vinculada a una crisis específica, sino de una caída extendida durante más de dos años.
La industria manufacturera fue el sector que perdió la mayor cantidad absoluta de trabajadores, con 82.173 puestos menos. Esto significa que aproximadamente uno de cada cuatro empleos destruidos en las unidades productivas correspondió a fábricas.
La construcción sufrió la contracción proporcional más elevada entre las principales actividades económicas. Su plantilla registrada cayó un 15,8%, como consecuencia de la paralización de la obra pública, la reducción de proyectos privados y el encarecimiento del financiamiento.
También se perdieron 28.267 puestos registrados en casas particulares, un promedio cercano a 36 trabajadoras menos por día. Esta caída afecta mayoritariamente a mujeres y refleja tanto la pérdida de ingresos de los hogares empleadores como el crecimiento de la contratación informal.
Las empresas pequeñas desaparecen, pero las grandes concentran los despidos
Los datos muestran dos caras distintas del ajuste laboral.
El 99,77% de los empleadores que desaparecieron correspondió a empresas con hasta 500 trabajadores. Fueron 28.196 casos sobre un total de 28.262.
Esto indica que la crisis empresarial se concentró casi completamente en compañías pequeñas y medianas, que suelen tener menos acceso al crédito, menor capacidad para absorber aumentos de costos y una mayor dependencia del mercado interno.
Sin embargo, la mayoría de los empleos destruidos no se perdió en esas empresas, sino en los establecimientos de mayor tamaño.
Las compañías con más de 500 trabajadores explicaron el 68,65% de los puestos registrados eliminados. En total, redujeron sus plantillas en 234.354 personas.
La diferencia se explica por la escala. Las pequeñas firmas desaparecieron en grandes cantidades, pero cada una empleaba relativamente a pocas personas. Las grandes empresas fueron muchas menos, aunque sus planes de ajuste, retiros voluntarios, suspensiones o despidos alcanzaron a decenas de miles de trabajadores.
El proceso combina, por lo tanto, una fuerte mortalidad de pequeñas y medianas empresas con una reducción masiva de personal en grandes compañías.
La desocupación no muestra toda la crisis
El deterioro laboral no se expresa únicamente en la cantidad de personas que buscan empleo y no lo consiguen. La UCA advierte que una parte creciente del problema queda oculta dentro de las estadísticas de ocupación.
Cuando una persona pierde un empleo registrado y comienza a realizar repartos, vender productos, trabajar mediante una aplicación o aceptar changas, deja de aparecer como desocupada. Técnicamente continúa ocupada, aunque haya perdido estabilidad, ingresos y derechos laborales.
El Observatorio de la Deuda Social definió este proceso como una “absorción laboral regresiva”. El mercado incorpora trabajadores, pero lo hace mediante modalidades más precarias y con menor protección.
La mayoría de los nuevos ocupados se concentra en empleos informales o por cuenta propia. Esto permite contener la tasa abierta de desempleo, aunque empeora la calidad general del trabajo.
El fenómeno funciona como una estrategia de supervivencia. Ante la insuficiencia de empleos registrados, las personas crean su propia fuente de ingresos, aceptan tareas mal remuneradas o combinan varias ocupaciones para sostener el hogar.
Por esa razón, una tasa de desempleo relativamente estable no implica necesariamente que el mercado laboral esté mejorando. Puede significar que quienes perdieron sus puestos formales encontraron actividades precarias que les permiten evitar la desocupación absoluta.
Los salarios reales regresaron al nivel de fines de 2023
La precarización también impactó sobre los ingresos.
Según IDESA, los salarios reales se encuentran actualmente en un nivel similar al registrado a finales de 2023. Esto significa que, pese a la desaceleración de la inflación, los trabajadores no lograron recuperar de manera sostenida el poder adquisitivo perdido desde el inicio del gobierno de Javier Milei.
El dato es relevante porque una inflación más baja no garantiza por sí misma una mejora del salario real. Para recuperar capacidad de compra, los ingresos deben crecer por encima de los precios durante un período prolongado.
La pérdida de empleo formal debilita además la capacidad de negociación de los trabajadores. Cuando aumentan la informalidad, el cuentapropismo y el temor al desempleo, resulta más difícil reclamar aumentos salariales o mejores condiciones.
El deterioro se retroalimenta. Los salarios bajos reducen el consumo, la caída del consumo afecta al comercio y la industria, y la menor actividad lleva a nuevas suspensiones, cierres y despidos.
Un modelo que genera dólares, pero no trabajo suficiente
Los datos cuestionan la idea de que el crecimiento de Vaca Muerta, la minería, las finanzas y el agro pueda absorber automáticamente el empleo perdido en las ramas tradicionales.
Estas actividades pueden mejorar las exportaciones, generar divisas y elevar determinados indicadores macroeconómicos, pero demandan una cantidad limitada de trabajadores en relación con el volumen de riqueza que producen.
En cambio, la industria, la construcción y el comercio son sectores intensivos en empleo. Cuando se contraen, desaparecen puestos que no encuentran reemplazo equivalente en las actividades extractivas o financieras.
La economía puede entonces crecer mientras el empleo formal continúa cayendo. El producto aumenta, pero sus beneficios se concentran en ramas con poca capacidad de contratación y una elevada incorporación de tecnología.
El problema central no es solamente cuánto crece la economía, sino qué sectores lideran ese crecimiento, cuántos puestos generan, qué salarios pagan y qué nivel de protección ofrecen.
Desde noviembre de 2023, la Argentina perdió más de 341.000 empleos registrados, dejó de contar con 28.262 empleadores formales y vio crecer principalmente el trabajo informal y por cuenta propia. Al mismo tiempo, sectores que aumentaron su producción hasta un 37% redujeron sus plantillas.
Los números describen una recuperación sin empleo: una economía capaz de producir y exportar más en algunas ramas, pero cada vez menos preparada para ofrecer trabajo estable, protegido y con ingresos suficientes.


























