La 4ª Asamblea Federal MLBTTNBI+ Afrodescendientes reunió en Rosario a activistas, referentas y organizaciones de distintas provincias. La apertura combinó una ceremonia ancestral, la potencia de la escena ballroom local y debates sobre reparación, violencias, trabajo, migraciones y representación. El encuentro, desarrollado durante el fin de semana del 25 y 26 de julio, buscó transformar experiencias dispersas de racismo y exclusión en una agenda política federal.
La apertura de la 4ª Asamblea Federal de Mujeres, Lesbianas, Bisexuales, Travestis, Trans, No Binaries, Intersex y otras identidades y expresiones de género afrodescendientes de y en Argentina no fue concebida como un trámite protocolar. En Rosario, el comienzo del encuentro se convirtió en un ritual colectivo: una invocación a las ancestras, una celebración de los cuerpos que históricamente fueron perseguidos o invisibilizados y, al mismo tiempo, una afirmación política sobre el derecho de las comunidades afrodescendientes a intervenir en el presente y organizar su futuro.
Realizada en el marco del Día Internacional de las Mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, la Asamblea reunió durante el sábado 25 y el domingo 26 de julio a activistas, organizaciones y referentas llegadas desde diferentes puntos del país. Rosario fue elegida como sede de una cuarta edición que buscó fortalecer una construcción política nacida de experiencias atravesadas simultáneamente por el racismo, el sexismo, la transfobia, la lesbofobia, la xenofobia, la precarización económica y la exclusión institucional.
La apertura pública tuvo lugar en el Espacio Cultural Universitario, ubicado en San Martín 750. El programa también distribuyó actividades entre la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario y el Centro Cultural Atlas, mientras que el cierre contempló una marcha hacia el Monumento Nacional a la Bandera con un reclamo central: justicia por la muerte de Giovani Mvogo, el adolescente afrodescendiente de 17 años hallado sin vida en inmediaciones del Parque España en noviembre de 2024.

Una ceremonia para recordar que ninguna lucha comienza de cero
La ceremonia ancestral que abrió la jornada colocó en el centro una dimensión que muchas veces queda excluida de los espacios políticos tradicionales. La memoria afrodescendiente no se transmite únicamente mediante documentos, discursos académicos o resoluciones estatales. También se conserva en los cuerpos, los ritmos, los cantos, las espiritualidades, los alimentos, las formas de cuidado y los modos comunitarios de relacionarse con quienes estuvieron antes.
Invocar a las ancestras no significó mirar nostálgicamente hacia un pasado idealizado. Supuso reconocer que las luchas contemporáneas tienen una genealogía. Antes de que existieran las actuales organizaciones antirracistas, innumerables mujeres negras sostuvieron familias, preservaron conocimientos, construyeron redes de supervivencia y enfrentaron sistemas que intentaron reducirlas al silencio. Muchas de esas historias nunca ingresaron en los archivos oficiales, pero sobrevivieron en la memoria oral y en las prácticas comunitarias.
El carácter ritual de la apertura también cuestionó la separación occidental entre política, espiritualidad y vida cotidiana. Para numerosas experiencias afrodiaspóricas, esas dimensiones no funcionan como compartimentos independientes. La lucha por los derechos no puede desligarse de la reparación de los vínculos, de la relación con el territorio ni de la recuperación de una memoria que el colonialismo intentó destruir.
Por eso el encuentro con las ancestras fue también una forma de disputar el sentido del presente. No se trató de pedir autorización para entrar en una historia nacional construida desde parámetros blancos y europeos, sino de afirmar que las personas afrodescendientes siempre formaron parte de la Argentina, incluso cuando el relato oficial decidió no mirarlas.

El ballroom rosarino como refugio, expresión y resistencia
La apertura contó además con la participación de la escena ballroom rosarina, cuya intervención aportó movimiento, celebración y potencia corporal. Su presencia no fue un agregado ornamental. La cultura ballroom nació en Estados Unidos dentro de comunidades negras y latinas LGBT, especialmente entre personas expulsadas de sus hogares, discriminadas por su identidad de género o marginadas incluso dentro de espacios que proclamaban representar la diversidad.
Las casas ballroom funcionaron históricamente como familias elegidas. Crearon redes de protección, afecto y reconocimiento para quienes habían sido rechazados por sus familias biológicas, por la sociedad y por las propias instituciones. Sus competencias, desfiles y performances transformaron la pasarela en un escenario donde cuerpos perseguidos podían producir belleza, orgullo y pertenencia.
En Rosario, esa herencia fue reinterpretada desde una experiencia local. La escena ballroom expresó que la identidad afrodescendiente no pertenece exclusivamente al pasado ni puede quedar encerrada en representaciones folklóricas. También habita las culturas urbanas, las disidencias sexuales, las juventudes y las nuevas formas de comunidad.
La articulación entre ceremonia ancestral y ballroom mostró que tradición y contemporaneidad no constituyen fuerzas opuestas. La diáspora africana se caracteriza precisamente por su capacidad de conservar, mezclar y reinventar. Las memorias ancestrales conviven con expresiones nacidas en las ciudades modernas; los lenguajes heredados dialogan con nuevos modos de ocupar el espacio público; los cuerpos recuperan aquello que les fue negado y producen otras maneras de narrarse.

Una Asamblea para construir poder político
La cuarta edición fue definida por sus organizadores como un espacio político federal de fortalecimiento organizacional y construcción colectiva. Su propósito no se limitó a compartir testimonios, sino que buscó elaborar diagnósticos y propuestas capaces de incidir sobre las políticas públicas, el funcionamiento de las instituciones y la garantía efectiva de derechos.
Ese objetivo resulta particularmente relevante en un país donde las experiencias afrodescendientes continúan apareciendo de manera fragmentaria en la agenda estatal. La incorporación de la pregunta sobre afrodescendencia en los censos significó un avance, pero los datos estadísticos no resuelven por sí solos las desigualdades. Continúan pendientes políticas que aborden la discriminación en el empleo, la violencia institucional, las barreras migratorias, la representación en los medios, el acceso a la salud y la situación específica de las personas trans, no binarias y de otras identidades racializadas.
La Asamblea creó un espacio propio porque esas experiencias suelen quedar relegadas incluso dentro de movimientos que combaten alguna de esas desigualdades. Las personas afrodescendientes pueden enfrentar racismo dentro de organizaciones de diversidad sexual y discriminación por orientación sexual o identidad de género dentro de espacios antirracistas. La existencia de una organización autónoma permite nombrar esa intersección sin reducirla a una suma de problemas separados.
La construcción federal también buscó cuestionar la centralización de las discusiones en la Ciudad de Buenos Aires. Las condiciones de vida, las formas del racismo y las posibilidades de organización no son iguales en Rosario, Córdoba, la Patagonia, el norte argentino o el Área Metropolitana. Reunir voces provenientes de distintos territorios permite evitar que una experiencia particular sea presentada como representación de todo el país.
La Asamblea había sido presentada meses antes ante la Comisión de Igualdad, Género y Derechos Humanos del Concejo Municipal de Rosario. En aquella instancia, sus organizadoras señalaron que las jornadas estaban destinadas a visibilizar y movilizar a la sociedad sobre las realidades de mujeres y disidencias afrodescendientes. También solicitaron el acompañamiento institucional y la declaración de interés municipal del encuentro.

Cinco ejes para una agenda que no admite fragmentaciones
Las mesas de trabajo fueron organizadas alrededor de cinco ejes. El primero abordó la geopolítica de la reparación, el buen vivir desde el Sur Global y las alianzas transnacionales. La reparación apareció allí como una discusión que excede la compensación económica: involucra reconocimiento histórico, redistribución de recursos, acceso a derechos y transformación de las estructuras heredadas de la esclavización y el colonialismo.
El segundo eje se concentró en los cuerpos, los territorios y las espiritualidades frente a las violencias políticas, raciales y de género. Su formulación reconoció que el racismo no opera solamente a través de insultos explícitos. También se manifiesta en controles policiales selectivos, representaciones degradantes, discriminación sanitaria, sospechas sobre las personas migrantes y exclusiones que se intensifican cuando se cruzan con la identidad de género o la orientación sexual.
La tercera mesa discutió economía, trabajo, tecnología y empoderamiento, colocando sobre la mesa las dificultades para acceder al empleo formal, el escaso reconocimiento de los emprendimientos comunitarios y las nuevas desigualdades producidas por las tecnologías. El cuarto eje abordó arte, cultura y comunicación, espacios decisivos en la producción de imaginarios raciales. El quinto se centró en las migraciones, una cuestión fundamental para comprender la diversidad interna de la población afrodescendiente de y en Argentina.
El uso de la expresión “de y en Argentina” no es casual. Permite reconocer tanto a las comunidades afroargentinas con presencia histórica en el territorio como a quienes llegaron desde países africanos, caribeños y latinoamericanos. Una realidad no anula a la otra: ambas forman parte de una diáspora plural atravesada por historias, lenguas, nacionalidades y experiencias distintas.

La cultura como forma de producción política
Las actividades abiertas incluyeron una feria de emprendimientos afrodescendientes, talleres culturales y una programación nocturna en el Centro Cultural Atlas. Allí estaba prevista la proyección del cortometraje El remanso de las pieles y la presentación teatral de Afroargentinas, la obra.
Estas propuestas mostraron una concepción de la cultura que no la reduce al entretenimiento. El cine, el teatro, la danza y los emprendimientos forman parte de una disputa por la representación y la autonomía económica. Permiten que las comunidades produzcan sus propias imágenes en lugar de continuar siendo narradas exclusivamente desde miradas externas.
La feria, además, incorporó una dimensión material. La organización colectiva también necesita circuitos económicos, redes de consumo y estrategias de sostenimiento. Hablar de empoderamiento sin discutir quién accede al trabajo, al crédito, a la tecnología y a los espacios de comercialización convertiría la representación en una promesa vacía.

Giovani Mvogo y una herida todavía abierta
El reclamo por Giovani Mvogo atravesó la Asamblea como una herida territorial imposible de ignorar. Su muerte continúa generando interrogantes y cuestionamientos de su familia sobre la investigación. La madre del adolescente, Vanesa Palavecino, sostuvo públicamente que no acepta la hipótesis inicial del suicidio y denunció negligencias que interpreta como una expresión de racismo institucional. Hasta el momento, no existe una determinación judicial firme que permita afirmar que Giovani fue asesinado; precisamente por eso la demanda central continúa siendo el esclarecimiento del caso.
La incorporación del reclamo al cierre del encuentro vinculó la construcción identitaria con una demanda concreta de justicia. Recordó que el racismo no es únicamente un debate sobre palabras o representaciones. También puede expresarse en la manera en que las instituciones investigan una muerte, escuchan a una familia o valoran la vida de un joven afrodescendiente.
La marcha hacia el Monumento Nacional a la Bandera buscó llevar esa pregunta al corazón simbólico de Rosario. En una ciudad que celebra su vínculo con uno de los principales emblemas nacionales, la movilización interpeló qué lugar ocupan las vidas negras dentro de la comunidad imaginada por esa bandera.
La 4ª Asamblea Federal dejó así una imagen política poderosa: cuerpos diversos reunidos alrededor de una memoria común, pero no uniforme; personas llegadas desde distintos territorios para reconocerse, debatir y construir herramientas compartidas. La ceremonia ancestral recordó que ninguna lucha empieza desde cero. El ballroom afirmó que el cuerpo también puede ser territorio de libertad. Las mesas transformaron experiencias de exclusión en propuestas políticas. Y el reclamo por Giovani recordó que ninguna celebración puede completarse mientras continúe pendiente la justicia.
Cuando las historias se encuentran, no desaparecen sus diferencias. Se reconocen, se abrazan y comienzan a construir una fuerza colectiva. Esa fue la apuesta de la Asamblea en Rosario: convertir el encuentro en organización y la memoria en futuro.



























