El país acumula 2.547 casos de chikungunya, 107 de hantavirus y circulación sostenida de hepatitis E en el AMBA. El NOA concentra el 96% de los contagios de chikungunya, mientras Buenos Aires lidera los casos de hantavirus.
Mientras el sistema sanitario argentino atraviesa tensiones presupuestarias, conflictos institucionales y debates sobre el rumbo de las políticas públicas de salud, los últimos datos epidemiológicos muestran un escenario que obliga a mantener la atención sobre varias enfermedades que avanzan simultáneamente en distintas regiones del país.
El más reciente Boletín Epidemiológico Nacional confirmó que la fiebre chikungunya continúa siendo una de las principales preocupaciones sanitarias de la temporada. Desde el inicio del período 2025-2026 ya se registraron 2.547 casos confirmados y probables, una cifra que consolida uno de los brotes más importantes de los últimos años y que vuelve a poner bajo la lupa la expansión del mosquito Aedes aegypti, responsable también de transmitir dengue y zika.
La distribución geográfica de los contagios revela una concentración extraordinaria. El 96% de los casos se localiza en el Noroeste Argentino, donde las condiciones climáticas favorecen la reproducción del vector. Salta encabeza ampliamente las estadísticas nacionales con 1.329 casos, seguida por Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy. Los datos muestran que la circulación del virus ya no responde solamente a episodios aislados o contagios importados, sino a cadenas sostenidas de transmisión local.
La provincia de Buenos Aires notificó 46 casos, Córdoba informó 36 y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires otros 13. Del total acumulado, 2.393 corresponden a transmisión autóctona, mientras que apenas 154 están vinculados a antecedentes de viaje. Esa relación confirma que el virus logró instalarse en varias regiones del país y que el desafío sanitario ya no pasa únicamente por controlar el ingreso de casos desde el exterior.
Aunque la situación del dengue se mantiene mucho más controlada que durante las epidemias recientes, los especialistas advierten que el riesgo sigue presente. Durante las últimas semanas no se notificaron nuevos contagios significativos y el acumulado nacional ronda apenas algunas decenas de casos, pero la persistencia del mosquito vector y la circulación viral en países vecinos mantienen activa la vigilancia epidemiológica.
Sin embargo, la preocupación de los epidemiólogos no se concentra exclusivamente en las enfermedades transmitidas por mosquitos.
Uno de los datos que más inquieta a los especialistas es el crecimiento sostenido del hantavirus. La enfermedad, asociada principalmente al contacto con excretas de roedores silvestres infectados, registró 107 casos durante la temporada 2025-2026. La cifra prácticamente duplica los registros del ciclo anterior, cuando se habían confirmado 57 contagios en todo el país.
Buenos Aires aparece como la provincia más afectada con 44 casos confirmados, seguida por Salta con 31. También se detectaron contagios en Santa Fe, Jujuy, Río Negro, Neuquén y otras jurisdicciones donde históricamente se mantiene circulación viral.
La gravedad del hantavirus radica en su elevada letalidad. Los primeros síntomas suelen confundirse con cuadros gripales comunes: fiebre, dolores musculares, cefalea, cansancio y malestar general. Sin embargo, en cuestión de días puede evolucionar hacia un síndrome pulmonar severo con insuficiencia respiratoria aguda y riesgo elevado de muerte.
La preocupación aumentó todavía más durante las últimas semanas luego de que investigaciones internacionales analizaran un brote detectado en pasajeros del crucero científico Hondius, vinculado a la variante Andes del hantavirus. Esta cepa tiene una particularidad que la diferencia de la mayoría de los hantavirus conocidos: puede transmitirse entre personas en determinadas circunstancias. Expertos internacionales investigan actualmente el origen de esos contagios y su eventual relación con circulación viral registrada en la Patagonia argentina.
Diversos estudios publicados por organismos científicos internacionales también comenzaron a vincular el crecimiento de los casos con factores ambientales y climáticos. Las modificaciones en los patrones de lluvias, el aumento de temperaturas medias y los cambios en ecosistemas rurales favorecen la expansión de poblaciones de roedores, aumentando el riesgo de contacto con seres humanos.
A la vez, el país enfrenta el avance de las enfermedades respiratorias típicas de la temporada invernal.
Los sistemas de vigilancia detectaron un incremento sostenido de casos de influenza A(H3N2), especialmente en el centro y norte argentino. Durante las últimas semanas se notificaron decenas de nuevos casos confirmados y aumentó el número de internaciones por infecciones respiratorias agudas graves. La positividad de las muestras analizadas alcanzó niveles superiores al 30%, un indicador que confirma circulación viral intensa en varias jurisdicciones.
La vigilancia genómica permitió identificar que el subclado J.2.4.1 (K) continúa siendo la variante predominante en el país. Aunque por ahora los indicadores se mantienen dentro de los parámetros esperados para esta época del año, el Ministerio de Salud insiste en reforzar la vacunación antigripal entre adultos mayores, embarazadas, personas inmunosuprimidas y pacientes con enfermedades crónicas.
Otro fenómeno que comienza a captar atención sanitaria aparece en los monitoreos ambientales realizados sobre aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Los análisis detectaron circulación sostenida de hepatitis E en todas las plantas de tratamiento estudiadas, con porcentajes de positividad que oscilaron entre el 49% y el 76%. Los resultados sugieren una presencia mucho más extendida de la enfermedad de la que reflejan los registros clínicos convencionales.
La hepatitis E suele transmitirse principalmente por vía fecal-oral, asociada a problemas de saneamiento o contaminación de agua y alimentos. En la mayoría de los casos provoca cuadros leves, pero puede generar complicaciones severas en embarazadas, personas inmunocomprometidas y pacientes con enfermedades hepáticas previas.
En contraste, la hepatitis A mantiene niveles relativamente bajos gracias al impacto sostenido de las campañas de vacunación implementadas durante las últimas décadas. Aun así, las autoridades continúan monitoreando su comportamiento debido a algunos brotes focalizados detectados durante los últimos meses.
La fotografía epidemiológica actual muestra un escenario complejo y multifactorial.
Por un lado, el norte argentino continúa enfrentando la expansión de la chikungunya. Por otro, el hantavirus registra uno de los mayores aumentos de los últimos años. Al mismo tiempo, el invierno impulsa el crecimiento de los virus respiratorios y los monitoreos ambientales revelan circulación sostenida de hepatitis E en la región más poblada del país.
Los especialistas coinciden en que la clave no pasa solamente por responder a cada brote individual. El verdadero desafío es sostener sistemas de vigilancia epidemiológica robustos, capacidad diagnóstica suficiente y programas preventivos permanentes que permitan detectar tempranamente amenazas sanitarias emergentes.
Porque detrás de cada estadística hay una realidad difícil de ignorar: los virus no esperan discusiones políticas, crisis económicas ni ajustes presupuestarios. Cuando encuentran condiciones favorables, avanzan. Y cuando los sistemas de control se debilitan, el costo suele medirse en enfermedades, hospitalizaciones y vidas humanas.

























