A principios de los 60, mientras frecuentaba los clubes del Greenwich Village en Nueva York, Nina Simone se rodeó de intelectuales como James Baldwin y Langston Hughes. Sin embargo, fue su amistad con la dramaturga Lorraine Hansberry la que agudizó su mirada crítica. Hansberry era una intelectual que consideraba los Derechos Civiles como solo uno de los aspectos de la lucha racial y de clases. Según su parecer, estabas involucrado en esa lucha por el simple hecho de ser una persona negra, daba lo mismo si lo admitías o no.

Para 1969, Nina Simone ya no concebía una música ajena a su realidad; una existencia atravesada por el Movimiento por los Derechos Civiles y la resistencia contra el racismo. “To Be Young, Gifted, and Black” (1969), ser joven, dotada y negra, hablaba del orgullo por la herencia africana y estaba a basada en un libro de su amiga Lorraine, fallecida en 1965. El texto tocaba también temas como el anticolonialismo, el panafricanismo, el feminismo y las diversidades sexuales. En tándem con Weldon Irvine, Nina escribió la canción en memoria de su amiga, que años después sería declarada “Himno nacional de la América negra”. La canción pone el ojo en el potencial político de la juventud en la lucha y refleja una fuerte conciencia y solidaridad con las prácticas culturales de su comunidad. “To Be Young, Gifted, and Black” era una de las primeras manifestaciones de aquello de black is beautiful, lo negro es hermoso.

Solo un año después, el dúo jamaiquino de Bob Andy y Marcia Grigffiths llevó el himno de Nina al corazón de Trojan Records. Su versión fue un puente que unió la lucha por los Derechos Civiles en los Estados Unidos con la demanda de justicia social del Caribe. Y como si fuera poco, la canción se convirtió un hit en el Reino Unido.
Grabada originalmente en los Dynamic Studios de Kingston, para su lanzamiento en Inglaterra, se agregaron arreglos de cuerdas y vientos buscando un sonido más comercial, algo que era usual en muchas canciones de reggae cuando querían ser comercializadas en territorio británico. Aunque el arreglo orquestal le dio un toque pop que atrajo incluso a la juventud skinhead británica, la esencia de la lucha permaneció intacta. Como dijo alguna vez Bob Andy, “la música de Jamaica pedía a gritos libertad económica y social”.

En 1972, Aretha Franklin tomó la posta y bautizó su nuevo álbum de estudio como “Young, Gifted and Black”. Fiel a su capacidad para reinventar clásicos, la Reina del Soul redefinió la canción que daba nombre al disco, dotándola de una sofisticación y profundidad inéditas hasta ese momento en su carrera. Acompañada por el gran talento de Donny Hathaway, el resultado fue una obra absolutamente espiritual. En su voz, el himno de Nina Simone se transformó en una plegaria de empoderamiento femenino y racial, consolidando la vigencia de la lucha en la nueva década.
Como afirma Meshell Ndegeocello, “no se sabe cuántas vidas ha tocado con la simple afirmación de la belleza de ser ‘Joven, Dotada y Negra’. Sé que tocó la mía”.




























