El historiador Diego Gastón Douer: “Los afroporteños no desaparecieron: fueron borrados”

Durante más de un siglo la Argentina repitió una ficción cómoda: que la población negra había desaparecido. El historiador Diego Gastón Douer desmonta ese mito y expone un proceso deliberado de invisibilización racial en la construcción de la identidad nacional. En entrevista exclusiva para infonegro.com, el autor analiza cómo la historia oficial ayudó a fabricar la Argentina blanca.

¿De dónde venimos los argentinos?. La pregunta parece sencilla, casi doméstica —una de esas que aparecen en conversaciones familiares, en aulas escolares o en discusiones improvisadas sobre identidad nacional— y, sin embargo, encierra una de las ficciones históricas más persistentes del país.

Durante décadas, la respuesta se repitió con la seguridad de una verdad indiscutida: “los argentinos descendemos de los barcos”. Una frase instalada en el sentido común que reapareció con fuerza en junio de 2021, cuando el entonces presidente argentino Alberto Fernández —doctor en Derecho y profesor de la Universidad de Buenos Aires— la citó durante una conferencia de prensa junto al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.

La declaración textual fue la siguiente:

“Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos. Y eran barcos que venían de Europa”.

La frase generó una fuerte polémica internacional. No sólo por su contenido —percibido por amplios sectores como racista o despectivo hacia otros pueblos latinoamericanos— sino porque condensaba, casi sin matices, uno de los núcleos más persistentes del imaginario nacional argentino: la idea de que el país es, esencialmente, una nación blanca y europea.

Pero ¿qué sucede cuando ese relato se examina con herramientas históricas?. Esa es la pregunta que atraviesa Los afroporteños: la invisibilización de lo imaginario (1880-1910), el libro del historiador argentino Diego Gastón Douer, publicado por Editorial UNICEN. La investigación propone una tesis que incomoda al relato tradicional de la historia argentina: la población afrodescendiente no desapareció. Fue invisibilizada.

El trabajo analiza cómo, entre finales del siglo XIX y principios del XX, distintos dispositivos culturales y políticos —los censos, la escuela, la literatura, la prensa y el discurso estatal— contribuyeron a consolidar una narrativa nacional que circunscribía la identidad argentina al componente blanco y europeo, desplazando del relato oficial la presencia afrodescendiente que durante siglos formó parte central de la vida social, cultural y demográfica de Buenos Aires.

Historiador y docente, Douer viene investigando desde hace años los procesos de construcción del imaginario racial argentino y los mecanismos mediante los cuales la historiografía tradicional reprodujo una visión eurocéntrica de los orígenes nacionales. Su trabajo se inscribe en una línea crítica que busca desmontar el mito de la Argentina homogénea y recuperar las memorias históricas invisibilizadas de los pueblos originarios y de las comunidades afrodescendientes.

En esta entrevista exclusiva con infonegro.com, el autor reflexiona sobre el origen del mito de la Argentina blanca, el papel del Estado en su consolidación y las disputas actuales en torno a la memoria histórica. Porque, como deja claro su investigación, la pregunta por los orígenes argentinos no es sólo una curiosidad académica. Es una disputa política sobre quiénes son reconocidos como parte de la nación y quiénes fueron borrados de su historia.

MS: ¿Qué experiencias personales o académicas lo llevaron a interesarse por la historia de los afroargentinos y por el fenómeno de la invisibilización en la identidad nacional?

Mi interés inicial llegó de la mano de la historia. Haciendo memoria retrospectiva, puedo afirmar que desde chico tuve la inquietud de intentar comprender lo que había sucedido y qué influencia tenía eso en el presente. Recuerdo que siendo adolescente, o incluso un poco antes, me habían regalado unos libros de la editorial Grijalbo: los libros del «Cómo», «Cuándo», «Dónde» y «Por qué». Ahí empecé a apasionarme con el descubrimiento, con ese juego que implica sumergirse en el campo de la historia, básicamente para intentar comprender el presente.

Específicamente en relación con los afroargentinos y afroargentinas, recuerdo que en la secundaria ya tenía cierta curiosidad por el tema, aunque de manera muy leve. Seguramente, quienes lean esta nota y tengan más de 35 años recordarán —y lamentablemente esto no ha cambiado mucho— que en los libros de historia la población negra, principalmente la porteña, era visible hasta la época de Rosas. Pero una vez caído el gobierno de Rosas en 1852, la población negra desaparece de la historia. Cuando mi interés por la historia creció y comencé el profesorado en el Instituto Joaquín V. González, en Capital Federal, adquirí más herramientas y tuve contacto con textos que analizaban la cuestión de los afroargentinos y afroargentinas.

Sin embargo, la premisa seguía siendo la misma: con un enfoque más técnico y mayor investigación, se afirmaba que habían existido y se intentaba explicar las supuestas causas de su desaparición. Los pretendidos argumentos que se esgrimían eran, básicamente, el fin de la trata de esclavos a principios del siglo XIX —situación que fue utilizada para afirmar que al no ingresar más esclavos por el Río de la Plata la población negra fue desapareciendo gradualmente—; las guerras del proceso de independencia —donde es cierto que hubo escuadrones conformados específicamente por negros, morenos, pardos y mulatos, según la denominación de la época, que participaron en los combates porque se les prometía la libertad si sobrevivían, aunque muchos murieron en el proceso— y las epidemias de fiebre amarilla, especialmente la de 1871 en Buenos Aires, que provocó una gran mortandad en la comunidad afroporteña.

Respecto al fenómeno de la invisibilización mi interés se despertó recién en la etapa de estudiante universitario de la Licenciatura en historia cuando tuve la posibilidad de profundizar sobre el tema en bibliografía específica y decidí orientar la tesis hacia dicha temática.

MS: ¿En qué momento de su investigación entendió que la pregunta clave no era “qué pasó con los afroporteños”, sino “por qué se dijo que desaparecieron”?

—El momento clave fue cuando durante la elaboración del marco teórico de la investigación tuve la posibilidad de leer el libro Los afroargentinos de Buenos Aires de George Reid Andrews, autor pionero respecto al cambio de paradigma historiográfico que planteó y fundamentó la existencia de un proceso de invisibilización cultural de la población afrodescendiente.

MS: ¿Cuál es la idea central que busca demostrar en Los afroporteños: la invisibilización de lo imaginario?

—El objetivo central del trabajo es desandar el imaginario, todavía dominante, que respecto a nuestros orígenes afirma que los argentinos y las argentinas “descendemos de los barcos” de la inmigración europea.

Como tesis principal se plantea que la población negra de Buenos Aires no desapareció, sino que existió un proceso de invisibilización cultural liderado por la élite blanca dominante que intentó borrar de la historia argentina nuestra herencia afro.

MS: ¿Cómo influyeron el Estado, los censos y la educación en la construcción de una identidad argentina asociada principalmente a lo europeo?

—Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX (1880-1910 es el período temporal específico que analicé en el libro) la influencia del Estado fue decisiva en la construcción del imaginario dominante que declama la pretendida “desaparición” o “extinción” de la población afrodescendiente de la Argentina.

Otro de los mitos sobre nuestros orígenes tiene que ver con la idea del «crisol de razas», una expresión que seguramente muchos han escuchado y que supuestamente es progresista. La metáfora del crisol, tomada de la metalurgia, implica que distintos elementos se mezclan para formar una nueva aleación. Aplicado a las ciencias sociales, significaría reconocer que hubo población indígena y negra, que se mezcló con la gran cantidad de población blanca que llegó en el proceso inmigratorio.

Sin embargo, los censos lo dicen literalmente: «surgió una hermosa y nueva raza blanca argentina europea». Ahí se evidencia que la idea del crisol no es progresista, sino profundamente racista, ya que lo que plantea es que, aunque hubo una mezcla, lo que prevaleció fue lo blanco. Lo negro y lo indígena desaparecieron; no existen más.

Respecto al rol de la educación escolar en el proceso de invisibilización planteó directamente algunos datos estructurales del análisis que realicé en manuales escolares de Buenos Aires. De aproximadamente 1.600 imágenes de manuales escolares del período 1880-1910, en sólo un 1,5% de ellas aparece un personaje negro, ya sea hombre o mujer. Esto evidencia una invisibilización total de la comunidad afrodescendiente.

Entre las imágenes más emblemáticas, hay una en la que se ven dos escenas contrastantes: en la parte superior, un niño blanco estudiando con libros; en la inferior, un grupo de niños blancos acompañados por un niño negro que juega a los naipes. El epígrafe de la ilustración dice «En el buen camino» (refiriéndose a la escena de arriba) y «En el mal camino» (al grupo de abajo). Este tipo de representaciones reforzaron estereotipos negativos sobre la población negra, describiéndola como sucia, vaga y destinada a la desaparición.

MS: La frase “los argentinos descendemos de los barcos” sigue siendo muy común. ¿Qué revela esa idea sobre el imaginario colectivo argentino?

Indudablemente, una parte signifi­cativa de la actual población de Argentina es producto del aluvión inmigratorio europeo. Sin embargo, aunque la hipótesis de que “descendemos de los barcos de la inmigración europea” tiene un fi­rme sustento histórico, la frase en sí es falsa, ya que excluye de nuestra identidad los valiosísimos aportes étnicos y culturales de los pueblos originarios de nuestro continente y la población negra africana que llegó a nuestra tierra como consecuencia de la esclavitud, dos de los grandes colectivos que la afi­rmación en cuestión ha invisibilizado. Esencialmente, el objetivo de mi libro radica en visibilizar a uno de esos grupos, cuyos integrantes también llegaron a nuestras tierras en barcos, mas de orígenes funestos e inhumanos. Una población que forma parte de los relatos históricos de Argentina cuando se analiza el período colonial y gran parte del siglo XIX, especialmente en Buenos Aires, pero que a partir de dicha centuria sencillamente “desaparece” de la historia.

Desde un punto de vista historiográfi­co la investigación se inscribe en un nuevo paradigma interpretativo que centra el eje analítico de la problemática de los afroporteños en la noción de “invisibilización”. El objetivo general radica, entonces, en indagar respecto al rol histórico que ejerció la marginación cultural en relación a la construcción de un imaginario colectivo predominante que dio por sentada la extinción de los afroporteños. El análisis de los mecanismos utilizados por las élites dominantes en el proceso de invisibilización cultural de las comunidades afrodescendientes, llevado a cabo entre fi­nales del siglo XIX y principios del XX, constituye el sustento primordial de la investigación, ya que a partir de dicho proceso se circunscribió la noción de nacionalidad argentina solamente al componente étnico blanco y europeo, invisibilizando del imaginario colectivo nuestra herencia Negra.

El podcast se llama «Historia invisibilizada», conducido por Diego Gastón Douer. En él se cuestiona la objetividad del relato oficial para rescatar aquellas perspectivas del pasado que han sido omitidas.

MS: Si los aportes afro están presentes en la cultura —como en la música, el lenguaje o ciertas tradiciones— ¿por qué cree que sus protagonistas fueron borrados del relato histórico?

—En una Argentina que hacia principios del siglo XX había consolidado sus fronteras políticas a partir de la apropiación de los territorios de los pueblos indígenas (como por ejemplo en la llamada “conquista del desierto” liderada por Julio Argentino Roca en 1879) faltaba consolidar la idea de Nación, la cuál tomó como base ideológica la perspectiva racista europea plasmada en el darwinismo social que postulaba que los pueblos más “civilizados” (esencialmente las élites blancas de las potencias imperialistas europeas) tenían el “deber” de dominar política, económica y culturalmente a los pretendidos pueblos “salvajes” no europeos.

En el caso específico de Argentina dicho imaginario excluyente se plasmó cabalmente en la premisa “civilización o barbarie” desarrollada en estas tierras por Domingo Faustino Sarmiento. En un país naciente cuyo espejo era la Europa pretendidamente civilizada no había lugar en el imaginario colectivo sobre nuestros orígenes para las poblaciones originarias, las comunidades afrodescendientes y la población mestiza. Civilización fue sinónimo de blanquitud y europeización.

MS: En la Argentina actual, ¿cree que la sociedad está empezando a revisar críticamente su propia historia e identidad?

—Hoy, lamentablemente, estamos viendo un recrudecimiento de nociones fascistas que creíamos desterradas y que se manifiestan en distintos ámbitos, particularmente en la discriminación y en la idea de una supuesta superioridad de la Argentina blanca y de ascendencia europea. Sin embargo, gracias al cambio de paradigma respecto a nuestros orígenes que se manifiesta en algunos trabajos históricos de hace algunas décadas se puede apreciar en algunos sectores de la población una incipiente reflexión respecto a nuestra herencia invisibilizada y una perspectiva crítica sobre el, todavía dominante, imaginario colectivo que afirma la existencia de una pretendida Argentina excluyentemente blanca y europea.

En síntesis, puede afirmarse que respecto a la concientización sobre nuestros orígenes diversos y al indiscutible carácter mestizo de la sociedad argentina estamos mejor que hace 30 años. En contraposición, el auge de manifestaciones fascistas, de odio y de discriminación incentivados por gobiernos de extrema derecha, como el liderado por el presidente Javier Milei, han envalentonado a quienes reflotan discursos reaccionarios, xenófobos y supremacistas que intentan reinstalar, como relato único, la noción de una Argentina exclusivamente blanca y descendiente de europeos.

También colabora en el canal de YOUTUBE del Historiador Pablo Coronel que se llama «HUELLAS DE LA HISTORIA», conducido por Pablo Coronel y Diego Gastón Douer, un espacio de divulgación y reflexión histórica sustentado en un análisis crítico del pasado que pone el acento en los grupos invisibilizados por la historia oficial a un dominante, una herramienta esencial para intentar reconstruir el pasado más allá de las perspectivas de los poderosos que sistemáticamente han hegemonizado los relatos.

MS: ¿Qué cambios culturales o educativos cree que todavía son necesarios para reconocer plenamente la herencia afro en la identidad argentina?

—Sin duda nos falta una política educativa federal profunda que visibilice y ponga en valor nuestra herencia relacionada con los Pueblos Originarios y las Comunidades Afrodescendientes. A partir de dicha política pública seguramente una porción significativa de la población argentina tendrá la posibilidad de tomar conciencia de nuestra diversidad originaria y de cuestionar fuertemente el mito de la Argentina blanca plasmado en la idea de que “descendemos de los barcos de la inmigración europea” y en la noción de que la población del país, previa al aluvión inmigratorio europeo (1870-1930), se fundió pacíficamente en el “crisol de razas” surgiendo, como lo manifiestan explícitamente los informes censales de finales del siglo XIX, “una hermosa y nueva raza blanca argentina europea».

MS: Comparado con otros países de América Latina donde la herencia africana es más visible, ¿qué factores históricos explican la particular invisibilización en Argentina?

Es clave para comprender el particular proceso de invisibilización de las comunidades Negras en la Argentina tener en cuenta el proceso inmigratorio, predominantemente de orígen europeo, que tuvo lugar en el país en el período temporal 1870-1930. Con la intención de aportar un dato significativo al respecto cabe destacar que el censo nacional de 1895 marca que en la ciudad de Buenos Aires había más porcentaje de población extranjera que nativa.

El aluvión inmigratorio europeo, que no tuvo lugar en ningún otro país del continente salvo Estados Unidos, generó el contexto ideal para que las élites dominantes construyeran el mito de la blanquitud argentina. Un punto interesante para seguir investigando es si el proceso inmigratorio europeo, alentado y parcialmente financiado desde el Estado, constituye realmente el contexto que posibilitó la invisibilización de la población afrodescendiente o si fue pensado y ejecutado como una estrategía previa a la elaboración del mito. 

MS: En un mundo marcado por guerras como Rusia-Ucrania y la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos, además de crisis de hambre y desplazamientos masivos, ¿qué papel cree que puede tener la historia para comprender los conflictos actuales?

El conocimiento histórico resulta vital para contar con más herramientas para interpelar al presente. Por ejemplo, para comprender que el conflicto entre Rusia y Ucrania se origina mucho antes de la invasión decidida por Vladimir Putin, ya que el acuerdo previo de su país con EEUU respecto a que la OTAN no iba a aceptar nuevos miembros que tuvieran fronteras con Rusia fue desconocido por los estadounidenses, siendo uno de los detonantes clave de la guerra.

En cuanto al conflicto EEUU-Israel-Irán la historia reciente nos clarifica el panorama aportándonos lo que permanece invisibilizado por los medios de comunicación hegémonicos: en 1953 EEUU apoyó y financió el derrocamiento del primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mosaddegh, en favor del futuro monarca Reza Pahlavi, ya que el líder democrático había nacionalizado el petróleo iraní.

En este último caso el análisis histórico aplicado a la comprensión del presente nos posibilita poner en duda los supuestos intereses de “llevar la libertad y la democracia a los pueblos oprimidos”, máxima básica de un imperio que bombardea, protege, apoya o invade teniendo en cuenta sus intereses imperiales y no a partir de la pretendida cruzada de la libertad que utiliza el poder estadounidense como intento de justificación de sus sistemáticas agresiones a otros países.

A modo de ejemplo significativo planteo uno de los supuestos argumentos que plantearon los líderes de EEUU e Israel para atacar a Irán: “el país está a punto de desarrollar una bomba atómica, convirtiéndose en un peligro para la región y el mundo entero”. La estadística histórica demuestra cabalmente que el país con poderío nuclear realmente peligroso es el único en la historia que ha utilizado bombas nucleares, y en un ataque directo a población civil: Sí, Estados unidos, en los bombardeos atómicos a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

MS: En la Argentina actual, ¿cree que los debates políticos y sociales reflejan una disputa más profunda sobre qué significa realmente ser argentino?

Estoy convencido que la esencia de muchos debates políticos, sociales y económicos están fuertemente relacionados con la disputa histórica respecto a los orígenes de los argentinos y las argentinas. Detrás de muchas posturas de los grupos de derecha, plagadas de conservadurismo, xenofobía y discriminación, se refugia el mito de la Argentina supremacista que al imaginarse como un apéndice de la Europa blanca detesta y niega el mestizaje que representa cabalmente a la argentinidad.

Para quienes tenemos la certeza de ser mestizos, tanto étnica como culturalmente, el ser argentino debe reflejar la diversidad que nos caracteriza desde nuestros orígenes; por ende percibimos a la Argentina como un Estado plurinacional que debe recuperar su historia y su cultura invisibilizada.

MS: Si tuviera que resumir en una frase la lección principal de su libro para las nuevas generaciones, ¿Cuál sería?.

La Argentina es un país mestizo integrado por múltiples naciones. Sin embargo parte de nuestros orígenes han sido invisibilizados, por lo tanto debemos recuperar nuestras identidades negadas. Si no logramos apropiarnos de nuestra herencia Indígena y de nuestra herencia Negra no comprenderemos cabalmente el significado de ser argentinos.

Las naciones también se construyen con silencios.

No todos los olvidos son casuales. Algunos se planifican con paciencia burocrática: se escriben en censos, se dibujan en manuales escolares, se repiten en discursos oficiales, se deslizan en frases aparentemente inocentes que terminan convertidas en sentido común. Así, lentamente, una presencia real se vuelve invisible.

Durante más de un siglo la Argentina aprendió a imaginarse blanca.
Aprendió a contarse a sí misma como una historia llegada de Europa, como si los barcos hubieran traído no sólo inmigrantes sino también el origen completo de una nación.

Pero la historia —la verdadera historia— siempre deja rastros.

En los archivos, en las fotografías, en las músicas populares, en los gestos del lenguaje cotidiano, en las genealogías familiares que sobreviven incluso cuando el relato oficial intenta borrarlas. Allí, en esos fragmentos dispersos, persiste la memoria de quienes también construyeron el país y, sin embargo, fueron empujados fuera de la escena.

La investigación de Diego Gastón Douer no intenta escribir una historia alternativa. Hace algo más inquietante: muestra que la historia que aprendimos estaba incompleta.

Y cuando una historia está incompleta, lo que falta no es solamente información sino justicia narrativa.

Tal vez por eso la pregunta inicial —esa que parece tan simple— sigue resonando después de cerrar el libro:

¿De dónde venimos los argentinos?

Durante mucho tiempo la respuesta fue breve, cómoda y repetida hasta el cansancio.
Hoy sabemos que la realidad es más compleja.

Más mestiza.
Más incómoda.
Más verdadera.

Porque las naciones, como las memorias, no se construyen sólo con lo que se recuerda.

También —y sobre todo— con lo que se decide olvidar.

Ficha técnica

Título: Los afroporteños. La invisibilización de lo imaginario (1880-1910)
Autor: Diego Gastón Douer
Colección: Sociedad
Editorial: Editorial UNICEN
Año: 2024
ISBN: 978-987-4901-57-6
Páginas: 138
Precio: $20.000

Compra del libro:
https://www.editorial.unicen.edu.ar/node/249

Sinopsis

El libro cuestiona el mito de que la población afroargentina “desapareció” de la historia. A través del análisis de censos, educación y discursos culturales entre 1880 y 1910, el historiador Diego Gastón Douer demuestra cómo se construyó un imaginario nacional que invisibilizó la herencia afro en Argentina. La investigación propone revisar críticamente la idea de una identidad argentina exclusivamente blanca y europea.

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    Melina Schweizer

    Melina Schweizer es periodista, escritora, compositora y poeta dominicana naturalizada argentina, fundadora y editora de infonegro.com. Coeditó y coordinó la antología Aquelarre de Negras (2021), actualmente en su primera edición impresa, y en 2022 recibió una mención especial en los Premios Lola Mora por su trabajo periodístico en defensa de los derechos de las mujeres. Es autora de la novela El mundo de Laurita: el secreto del museo antártico (2026).

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