Argentina exportó más de 1.000 millones de dólares en oro en lo que va de 2026, pero las mineras apenas pagan entre 3% y 4% en regalías, mientras el precio internacional del metal supera los 3.300 dólares por onza. Con beneficios fiscales por tres décadas, controles débiles y autodeclaraciones que casi nadie audita, Eduardo Elsztain y las grandes corporaciones mineras consolidan un negocio extraordinario. El país nada en oro, pero se hunde en pobreza estructural. ¿Hasta cuándo seguirá este modelo extractivo que deja riqueza afuera y costos adentro?.
Argentina vuelve a repetir una escena conocida en su historia económica: un país rico en recursos naturales que exporta riqueza mientras acumula pobreza. Bajo la cordillera de San Juan se esconde una de las mayores reservas auríferas de América del Sur, pero el negocio que gira alrededor de ese metal precioso se ha convertido en un circuito económico donde las ganancias se concentran en pocas manos y los beneficios públicos resultan mínimos. En ese escenario emerge una figura central del nuevo mapa extractivo: Eduardo Elsztain, el empresario conocido por su imperio inmobiliario y agroindustrial que ahora avanza con fuerza sobre el negocio del oro.
Elsztain, dueño del holding IRSA, expandió su presencia en el sector minero a través de Austral Gold y de su participación estratégica en proyectos auríferos en la provincia de San Juan. En los últimos años consolidó posiciones en activos clave como la mina Casposo y el proyecto Hualilán, considerado uno de los yacimientos de oro de mayor potencial del país. El proyecto Hualilán, ubicado en el departamento de Ullum, cuenta con recursos estimados que superan 2,9 millones de onzas de oro equivalente, con sectores de alta ley que lo convierten en un objetivo particularmente atractivo para el capital minero internacional.

La expansión del magnate argentino hacia el sector aurífero no es casual. El precio del oro atraviesa uno de los ciclos alcistas más fuertes de las últimas décadas impulsado por la inestabilidad financiera global, las tensiones geopolíticas y el aumento de la demanda de activos de refugio. En 2025 el metal superó los 3.000 dólares por onza y en 2026 ya cotiza por encima de los 3.300 dólares, un valor histórico que multiplicó la rentabilidad de los proyectos auríferos en todo el mundo. Para los inversores del sector, Argentina representa un territorio particularmente atractivo: abundancia de recursos, regulaciones permisivas y una estructura impositiva que figura entre las más bajas de la región.
El crecimiento del negocio se refleja en las cifras de exportación. Según datos oficiales de la Secretaría de Minería y estimaciones del sector, las exportaciones argentinas de oro superaron los 4.520 millones de dólares en 2025, consolidando al metal precioso como el principal producto del complejo minero nacional. En lo que va de 2026 —hasta el 16 de marzo— las exportaciones ya superan los 1.000 millones de dólares, impulsadas por la suba del precio internacional y la expansión de la producción en yacimientos existentes como Veladero, Cerro Moro y Lindero.
Sin embargo, el impacto fiscal de esa actividad resulta sorprendentemente bajo. En la mayor parte de las provincias mineras argentinas, las regalías no pueden superar el 3% del valor del mineral en boca de mina, un esquema establecido por la Ley de Inversiones Mineras de los años noventa que continúa vigente. Este límite implica que el Estado captura apenas una fracción del valor generado por la extracción de recursos no renovables. En la práctica, la mayor parte de las ganancias queda en manos de las empresas operadoras y de los accionistas que controlan los proyectos.

La situación se vuelve aún más favorable para las compañías si se consideran los beneficios fiscales acumulados por el sector. Los proyectos mineros cuentan con estabilidad fiscal por 30 años, lo que significa que el Estado no puede modificar la carga tributaria durante ese período. Además, las empresas pueden deducir inversiones, amortizar maquinaria de forma acelerada y acceder a reintegros impositivos que reducen todavía más el aporte efectivo al fisco.
En los últimos años, el debate sobre el modelo minero se intensificó a partir de la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que amplió los beneficios fiscales y cambiarios para proyectos extractivos de gran escala. Bajo ese marco, las empresas pueden acceder a ventajas adicionales en materia de retenciones, acceso a divisas y estabilidad normativa, lo que fortalece todavía más el atractivo del negocio para grandes inversores.
La consecuencia directa de ese esquema es una paradoja económica evidente: mientras la producción aurífera crece y los precios internacionales alcanzan niveles récord, la captación de recursos públicos permanece prácticamente congelada. El resultado es un modelo extractivo en el que el país exporta minerales de alto valor pero obtiene ingresos fiscales relativamente bajos en comparación con otros productores de la región.
Evolución reciente del negocio del oro en Argentina
| Indicador clave | 2023 | 2024 | 2025 | 2026* |
|---|---|---|---|---|
| Precio promedio del oro (USD/onza) | 1.940 | 2.350 | 3.050 | 3.300 |
| Exportaciones argentinas de oro | USD 3.960 millones | USD 4.210 millones | USD 4.520 millones | USD 1.020 millones |
| Regalías mineras promedio | 3% | 3% | 3–3,5% | 3–4% |
| Producción estimada de oro | 36 toneladas | 38 toneladas | 39 toneladas | 9 toneladas |
| Participación de la minería en el PBI | 0,8% | 0,9% | 1% | ~1% |
2026: datos parciales hasta el 16 de marzo, estimaciones basadas en tendencias de exportación minera y cotización internacional del oro.
Lectura de la tabla
A pesar del boom de precios, la contribución de la minería al PBI argentino sigue siendo marginal, lo que refuerza el debate sobre la captura de renta minera.
El precio internacional del oro aumentó cerca de 70% entre 2023 y 2026, impulsado por la crisis financiera global y tensiones geopolíticas.
Las exportaciones argentinas de oro crecieron, pero la participación fiscal del Estado se mantiene prácticamente congelada por el tope histórico de regalías del 3%.

Comparación internacional del modelo minero (2026)
| Indicador clave (2026) | Argentina | Chile | Perú | Australia |
|---|---|---|---|---|
| Regalías mineras | 3% sobre valor boca de mina | 5% a 14% progresivo según rentabilidad | 5% a 12% + impuesto especial | 7% a 30% según ganancias |
| Participación de la minería en el PBI | ~1% | ~12% | ~10% | ~13% |
| Exportaciones mineras anuales | ~USD 4.500 millones | ~USD 60.000 millones | ~USD 40.000 millones | ~USD 310.000 millones |
| Producción anual de oro | 35–40 toneladas | 38 toneladas | 120 toneladas | 320 toneladas |
| Participación estatal en renta minera | Baja | Media-Alta | Media | Alta |
| Sistema de control de exportaciones | Autodeclaración empresarial | Auditoría estatal y fiscalización | Auditoría estatal | Sistema de control federal riguroso |
| Estabilidad fiscal para empresas | Hasta 30 años | No existe estabilidad tan extensa | Limitada | Regulación flexible pero revisable |
| Ingresos fiscales por minería | Bajos | Muy altos | Altos | Muy altos |
Lectura de la tabla
- Argentina es el país que menos renta captura pese a tener recursos comparables.
- Las regalías del 3% son las más bajas del mundo minero relevante.
- Chile y Perú combinan regalías con impuestos sobre ganancias, aumentando la recaudación cuando suben los precios internacionales.
- Australia, uno de los mayores productores del planeta, aplica esquemas tributarios mucho más agresivos que incluyen regalías, impuestos a utilidades extraordinarias y controles estrictos.
La diferencia no está en la riqueza mineral sino en el diseño institucional del modelo minero. Mientras otros países utilizan los recursos naturales para fortalecer las cuentas públicas y financiar desarrollo, Argentina continúa operando con un esquema fiscal extremadamente favorable para las empresas extractivas, lo que limita la capacidad del Estado para capturar parte del valor generado por sus propios recursos.

El contraste con países vecinos resulta revelador. Chile y Perú aplican sistemas de regalías progresivas vinculadas a la rentabilidad de las empresas, lo que permite aumentar la participación del Estado cuando los precios internacionales suben. En Argentina, en cambio, el esquema impositivo permanece prácticamente congelado incluso en contextos de boom de precios.
Otro de los puntos más cuestionados del modelo minero argentino es la debilidad de los mecanismos de control sobre la producción y las exportaciones. Las empresas suelen declarar sus propios volúmenes de extracción y de exportación, mientras el Estado cuenta con una capacidad limitada para auditar de manera independiente esas cifras. Este sistema abre la puerta a prácticas como la subfacturación de exportaciones o la manipulación de costos, mecanismos que pueden reducir todavía más la recaudación fiscal.
En ese contexto, la expansión de empresarios locales como Elsztain dentro del sector minero genera un nuevo capítulo en la historia del extractivismo argentino. A diferencia de décadas anteriores, cuando la minería estaba dominada casi exclusivamente por corporaciones extranjeras, ahora aparecen actores nacionales que se integran al negocio global de los metales preciosos.
Pero el interrogante central permanece intacto: ¿qué parte de esa riqueza queda realmente en el país?.
¿Cuánto oro se llevan y cuánto queda en Argentina? (estimación 2025-2026)
| Concepto | Monto estimado anual | Participación sobre el total |
|---|---|---|
| Valor total del oro exportado | USD 4.500 millones | 100% |
| Costos operativos de las mineras | USD 2.100 millones | 47% |
| Ganancia empresarial estimada | USD 2.200 millones | 49% |
| Regalías provinciales | USD 135 millones | 3% |
| Otros impuestos y tasas | USD 65 millones | 1% |
| Ingresos totales que quedan en el país | USD 200 millones | 4% |
Qué muestra este cuadro
- El Estado argentino captura apenas entre 3% y 4% del valor total del oro extraído.
- Las empresas concentran cerca de la mitad del valor total del negocio.
- Incluso considerando salarios, servicios y proveedores locales, la mayor parte de la renta minera sale del país.
Para dimensionarlo aún más
Con USD 4.500 millones anuales en exportaciones de oro, Argentina recauda menos por regalías que lo que varios países obtienen solo por un impuesto extraordinario a la minería. En Chile, por ejemplo, el nuevo royalty minero puede capturar hasta el 14% de las utilidades, mientras que en Australia algunos proyectos superan el 20% de participación estatal efectiva.
La conclusión económica es difícil de esquivar: Argentina no tiene un problema de recursos minerales, sino de captura de renta minera. Mientras el precio del oro alcanza máximos históricos y la producción continúa creciendo, el país sigue obteniendo una porción mínima del valor que sale de su propio subsuelo.
San Juan, principal polo aurífero argentino, ofrece una respuesta ambigua. A pesar de concentrar algunos de los proyectos mineros más importantes del país, la provincia continúa enfrentando niveles significativos de pobreza y desigualdad social. La minería genera empleo directo e indirecto, pero su capacidad para transformar la estructura económica regional sigue siendo limitada.
Mientras tanto, el país produce entre 35 y 40 toneladas de oro por año, una cifra considerable para una economía que atraviesa recurrentes crisis fiscales y financieras. Sin embargo, gran parte de ese valor abandona el territorio en forma de exportaciones de mineral sin procesar o con escaso agregado de valor.
El resultado es un patrón económico que se repite a lo largo de la historia argentina: recursos naturales abundantes, inversiones concentradas en pocos actores y una captura limitada de renta por parte del Estado. El oro, uno de los metales más valiosos del planeta, se convierte así en símbolo de una paradoja nacional.
Eduardo Elsztain representa hoy la cara visible de ese nuevo ciclo extractivo. Su entrada al negocio aurífero confirma que el oro argentino se ha transformado en uno de los activos más codiciados del momento. Pero también deja al descubierto las debilidades estructurales de un modelo económico que sigue sin resolver una pregunta fundamental: cómo transformar la riqueza del subsuelo en desarrollo real para la sociedad que vive sobre él.


























