El 7 de marzo de 2016, el activista senegalés Massar Ba fue encontrado gravemente herido en una calle del barrio porteño de San Cristóbal. Murió horas después en el Hospital Ramos Mejía. Diez años más tarde, su muerte continúa rodeada de dudas y denuncias de racismo e impunidad. Organizaciones migrantes y afrodescendientes siguen reclamando verdad y justicia.
El asesinato de Massar Ba se convirtió en uno de los casos más emblemáticos de violencia contra migrantes en la Argentina reciente. A diez años de su muerte, ocurrida en marzo de 2016, la causa judicial continúa marcada por interrogantes y reclamos de organizaciones sociales que denuncian que el crimen nunca fue investigado de manera exhaustiva.
Massar Ba era un migrante senegalés que vivía en Argentina desde mediados de los años noventa y se había convertido en un referente de la comunidad africana en Buenos Aires. Militaba activamente contra el racismo, la violencia institucional y la persecución a vendedores ambulantes migrantes, especialmente dentro de la comunidad senegalesa.

La madrugada del ataque
Durante la madrugada del 7 de marzo de 2016, Massar Ba fue hallado en la vía pública en la calle México al 1400, en el barrio de San Cristóbal, con graves lesiones en la cabeza y en otras partes del cuerpo. Testigos alertaron a los servicios de emergencia y una ambulancia lo trasladó al Hospital Ramos Mejía.
Las heridas que presentaba eran severas: traumatismos múltiples y signos de una brutal golpiza. Después de varias intervenciones médicas, el activista falleció en el hospital pocas horas más tarde.
Desde el primer momento, integrantes de la comunidad senegalesa y organizaciones antirracistas denunciaron que el ataque podía estar vinculado con su militancia y con el contexto de hostigamiento que sufrían los vendedores ambulantes africanos en la ciudad.

Una investigación cuestionada
La investigación judicial estuvo rodeada de controversias desde el inicio. El caso fue inicialmente caratulado como “muerte dudosa”, una figura que organizaciones sociales consideraron insuficiente para abordar la gravedad del hecho.
Diversos colectivos denunciaron además demoras en la actuación policial y falencias en la preservación de la escena donde apareció el activista. Según testimonios recogidos por organizaciones afrodescendientes, la policía tardó en iniciar las actuaciones formales mientras Ba agonizaba en el hospital.
A lo largo del proceso judicial surgieron hipótesis diversas sobre las circunstancias de su muerte. En un momento se investigó la posibilidad de que Ba hubiera caído desde un balcón en un edificio cercano a un prostíbulo, lo que generó nuevas líneas de investigación y llevó a revisar decisiones judiciales iniciales, incluyendo el sobreseimiento de una sospechosa.
Sin embargo, para organizaciones de derechos humanos y referentes de la comunidad africana, las investigaciones nunca lograron esclarecer plenamente qué ocurrió aquella madrugada.

Racismo estructural y visibilidad afro
La muerte de Massar Ba tuvo un fuerte impacto político y social porque puso en evidencia la situación de vulnerabilidad que enfrentan los migrantes africanos en Argentina. Investigaciones académicas posteriores señalaron que el caso se convirtió en un símbolo dentro de las luchas por el reconocimiento de la población afrodescendiente y africana en el país.
En Buenos Aires, muchos migrantes senegaleses trabajan como vendedores ambulantes, una actividad frecuentemente objeto de persecución policial y decomisos de mercadería. En ese contexto, Ba había participado activamente en organizaciones que denunciaban discriminación racial y abusos institucionales.
Tras su muerte, colectivos como la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina y organizaciones afrodescendientes realizaron marchas y actos para exigir justicia. Las movilizaciones también buscaron visibilizar el racismo estructural que enfrentan las comunidades africanas en el país.

Diez años después
Una década después del crimen, la figura de Massar Ba sigue siendo recordada en movilizaciones y actos conmemorativos organizados por colectivos afro y migrantes. Para muchas organizaciones, el caso representa no sólo un asesinato sin resolver, sino también un símbolo de la invisibilidad histórica de las comunidades africanas en Argentina.
El reclamo que se repite cada año en esas marchas es el mismo: que el crimen no quede impune.
En un país donde los debates sobre racismo y discriminación racial recién comienzan a ganar espacio público, la historia de Massar Ba sigue funcionando como recordatorio de una pregunta incómoda: qué lugar ocupan las vidas migrantes y afrodescendientes dentro del sistema de justicia y de la memoria colectiva argentina.

Jorge y Melina Schweizer miembros del equipo fundador de Infonegro en una de las marchas donde se exigía justicia por el asesinato de Ba
Para Infonegro, recordar a Massar Ba no es un gesto simbólico ni un ritual anual. Es parte de una convicción editorial profunda: el racismo no es un problema marginal ni un fenómeno aislado, sino una estructura histórica que sigue produciendo violencia, exclusión e impunidad.
Nuestro medio nació precisamente para disputar esas narrativas.
Para contar las historias que muchas veces quedan fuera del centro del debate público.
Para amplificar las voces de las comunidades afrodescendientes y migrantes que durante décadas fueron invisibilizadas.
Y también para señalar cuando la justicia falla.
A diez años del asesinato de Massar Ba, la pregunta sigue abierta. ¿Cómo es posible que un crimen ocurrido en plena ciudad de Buenos Aires, con un activista reconocido como víctima, continúe sin respuestas claras?.
La impunidad no es sólo un problema judicial.
También es un problema político y social.
Por eso, desde Infonegro reafirmamos nuestro compromiso con la memoria, con la denuncia del racismo estructural y con la búsqueda de justicia.
Porque recordar a Massar Ba es también defender la dignidad de quienes siguen enfrentando discriminación y violencia en la Argentina de hoy.
Y porque hay algo que debe quedar claro, diez años después de aquel crimen:
Massar Ba no puede ser olvidado.
Y su asesinato no puede quedar impune.



























