Al menos 15 ciudadanos de Perú, Ecuador y Colombia fueron trasladados a la República Democrática del Congo como parte de un acuerdo migratorio de Trump, en medio de cuestionamientos de organismos de derechos humanos.
Uno está en Perú. Otro en Ecuador. Un tercero en Colombia. Todos huyendo de la violencia, la pobreza o la persecución. Cruzaron selvas, ríos y fronteras para pedir asilo en Estados Unidos. Y la respuesta de la administración Trump fue mandarlos al Congo.
Sí, al Congo. A África. A un país sumido en un conflicto armado desde 1998, con milicias rebeldes, desplazados internos y una misión de paz de la ONU que no alcanza.
Al menos 15 migrantes latinoamericanos —siete peruanos, tres ecuatorianos y el resto colombianos— llegaron el fin de semana pasado a Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo, en un vuelo operado por Omni Air International que partió desde Luisiana.
El mecanismo: «transitorio, temporal y limitado»
El gobierno congoleño, liderado por Félix Tshisekedi, confirmó la llegada de los latinoamericanos y aclaró que forma parte de un «mecanismo de acogida temporal de nacionales de terceros países» acordado con Washington. En criollo: Estados Unidos les pagó o les negoció algo al Congo para que reciba a los migrantes que ellos no quieren ni pueden mandar a sus países de origen.
Pero el propio gobierno africano se apuró a poner paños fríos: el mecanismo es «estrictamente transitorio, temporal y limitado en el tiempo». Nada de reasentamiento permanente. Son de paso. Como en un hotel.
Hablando de hoteles: los migrantes fueron trasladados a un complejo hotelero cerca del aeropuerto de N’djili, donde permanecen bajo vigilancia de la Policía Nacional Congoleña. O sea, encerrados.
La versión oficial de cada país
Las cancillerías de Perú y Ecuador confirmaron la llegada de sus ciudadanos. Perú dijo que el traslado se hizo «en el marco de un acuerdo que permite su recepción y albergue mientras se tramitan sus solicitudes de asilo en Estados Unidos». Agregó que los peruanos cuentan con «protección legal otorgada por jueces de migración».
Ecuador, por su parte, informó inicialmente de un caso, luego amplió a tres. Aseguró que los ecuatorianos están en «situación migratoria regular» en el Congo, alojados en un hotel y «en buenas condiciones». Y que se les harán entrevistas para saber si quieren volver a Ecuador. Si piden retorno, se activará un mecanismo de «retorno voluntario asistido».
Colombia, en tanto, todavía «verifica la información».
El caso del primer ecuatoriano es paradigmático: le negaron el asilo en EE.UU., le pidió a un juez de inmigración no ser devuelto a Ecuador porque su vida corría peligro, el juez le dio la razón y ordenó restricciones a su devolución. El resultado: lo mandaron al Congo.
La política de «terceros países» de Trump
Esto no es una excepción. Es una política sistemática. La administración Trump ha firmado acuerdos con varios países —principalmente en África y América Latina— para que reciban migrantes deportados que no pueden ser enviados a sus países de origen. Eswatini, Guinea Ecuatorial y ahora el Congo son algunos de los destinos.
El Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. defiende la medida: «La administración utiliza todas las opciones legales para llevar a cabo la mayor operación de deportación en la historia».
Pero el Instituto de Investigación en Derechos Humanos (IRDH), con sede en el Congo, advirtió que esto es una «externalización de las obligaciones de protección» hacia países «cuya capacidad de protección está debilitada por conflictos armados».
Dicho de otro modo: Estados Unidos lava sus manos y manda a la gente a un país en guerra. Porque, total, el problema es de otro.
Uno es peruano, Escapó de la violencia en su país, llegó a EE.UU., pidió asilo, y ahora está cumpliendo el sueño americano en un hotel vigilado en Kinshasa, a miles de kilómetros de su casa, sin hablar la lengua, sin conocer a nadie, esperando que un juez decida si puede volver a Perú o si lo dejan entrar a EE.UU. desde África.
Mientras tanto, Trump sigue firmando acuerdos. Y el Congo, que tiene sus propias guerras y sus propios muertos, se convierte en el basurero migratorio del imperio.
Los que siempre pagan el pato, son los mismos.


























