El tipo se nos fue a los 86, después de una vida entera diciendo lo que pensaba. Actorazo, dirigente sindical, diputado radical y un porteño de Dock Sud que nunca se achicó.
Hay muertes que duelen y muertes que duelen más porque te hacen sentir que se terminó una época. Esto es las dos cosas.
Luis Brandoni, «Beto» para los amigos, se nos fue esta madrugada después de pegarse una caída en su casa que derivó en un hematoma subdural. Una semana internado en el Sanatorio Güemes y el cuerpo, a los 86, dijo «basta».
El actor
Nacido en Dock Sud un 18 de abril de 1940, arrancó en el teatro en 1962 y nunca paró. Sesenta años arriba de un escenario, en una pantalla o detrás de un micrófono. ¿Que si lo conocés? Claro que lo conocés.
Esperando la carroza. Ahí está, con esa cara de «yo no fui» mientras se morfa una empanada que no le corresponde. La Patagonia rebelde, La tregua (primera película argentina nominada al Oscar), Made in Argentina, Un lugar en el mundo.
En tele, Mi cuñado, El hombre de tu vida, Un gallo para Esculapio. Y hace nada, Nada en Disney+, con Robert De Niro. Sí, leyó bien: De Niro. Brandoni compartió escena con De Niro. El de Taxi Driver y El Padrino II se ponía a la par de este argentino de Dock Sud.
En teatro, su verdadero amor, hizo casi 70 obras. La última, ¿Quién es quién? junto a Soledad Silveyra, que lo despidió con un «sos el último de los grandes en irse».
El político
Brandoni fue diputado nacional por la UCR entre 1997 y 2001. Después candidato a senador, a vicegobernador con Ricardo Alfonsín, y en 2023 parlamentario del Mercosur por Juntos por el Cambio.
Era de los suyos. Y los suyos eran los actores, los trabajadores de la cultura, los que la sufrieron en la dictadura.
Porque acá hay un dato que no puede faltar: en 1976, Brandoni y su entonces esposa Marta Bianchi fueron secuestrados a la salida de un teatro, llevados a un centro clandestino, torturados durante horas y liberados. Eso no se olvida. Eso te marca para siempre. Y él nunca se calló.
Entre 1974 y 1983 fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores. En plena dictadura. Y el sindicato no fue intervenido. Brandoni negoció con los milicos, se plantó, y bancó a sus compañeros.
Después, ya en democracia, siguió. Diputado, candidato, polemista. Nunca fue tibio. Por eso algunos lo querían y otros no. Pero nadie puede decir que Brandoni fue un cagón.
El legado
La Secretaría de Cultura lo despidió como «Personalidad Emérita de la Cultura». La Asociación Argentina de Actores le agradeció su «sólida labor interpretativa y su rol como dirigente sindical». Axel Kuschevatzky, productor, lo definió mejor que muchos: «Luis Brandoni fue único, y es imposible imaginar el cine argentino sin él. Fue una de las personas más consecuentes que conocí en mi vida».
Y eso es lo que duele. Que se vaya un tipo que tenía oficio, carácter y convicciones. Que podía hacer reír en Esperando la carroza y al rato estar discutiendo una ley en el Congreso.
El adiós
Lo velan hoy en la Legislatura Porteña. Mañana al Panteón de Actores en Chacarita.
Si pueden, pasen. No por él, que ya no está. Por ustedes, para despedir a un tipo que, como pocos, supo estar a la altura de su tiempo.
Y si no pueden, alquilen Esperando la carroza, tomen mate y ríanse con esa escena de las empanadas. Porque Brandoni se fue, pero sus personajes se quedan.
Descansá en paz, Beto. El pueblo no te olvida.


























